jueves, 30 de abril de 2026

La mirona (o el mirón)

 


No dejaba de mirarme. O era yo quien no dejaba de mirarla. El debate era largo. El aula se iba llenando de humo. Cada cual de cuantos nos reuníamos allí interveníamos o bien por turno o bien espontáneos. Estas intervenciones improvisadas causaban siempre expectación, aunque no gustaban a todo el mundo. Había quien exhibía su liderazgo y quien aspiraba a ser reconocido. Yo era de los híbridos. Ni sentaba precedente sobre otros ni me veía con madera de héroe. Además distaba de ser alguien analítico, que trae los deberes hechos y propone con cálculo. Mucho menos se me hubiera ocurrido pretender ser seguido en mis propuestas. Recuerdo que en una ocasión en que estuve a punto de ser secundado no solo en las palabras sino en los hechos fui atajado contundentemente por quienes detentaban poder sobre la grey. Claro que si no llegan a reducir mi planteamiento radical el lío habría podido ser fenomenal y, de paso me hubiera quedado yo sin trabajo o pasar al tribunal pertinente; o ambas situaciones. Riesgos de juventud que aún no conocían el precio de lo que se vendía por ahí. 

En esta reducida asamblea apenas me quedaban ínfulas de otro tiempo, pero sí el estilo y cierto empuje, no sé si ingenuo o utópico, que acaso es lo mismo, por pensar que hay verdad allá donde los individuos se agrupan y buscan soluciones. Otro asunto es que ello conlleve acierto y avance. Pero así era el empeño colectivo entonces. Yo mismo me sorprendía de mis sugerencias. Lo que exponía se me acababa de ocurrir en aquel mismo instante y allí había dado rienda suelta a la inspiración. Si tenía ideas más digeridas que, digamos, traía de casa, yo aumentaba su relato con aplomo, a veces con osada virulencia. Afortunadamente pocas veces cuajaron mis ocurrencias que solían acabar diluyéndose en planteamientos más realistas de quienes tenían más que yo sus pies en el suelo. 

No tardé en darme cuenta de que aquella mujer estaba pendiente de mis intervenciones. ¿Sería por lo que yo planteaba o por mi manera de expresarme? ¿Aceptaba el torrente de mis anhelantes ideas o la forma apasionada con que volaban? Ella no mostraba una expresión especial, sino más bien anodina. Cara de póker, que dicen algunos. A mí no me parecía ni neutral ni ignorante. Cuando yo había terminado de hablar se quedaba unos instantes mirándome. Y aunque ninguno de los dos interviniéramos había una convergencia de miradas cada vez más frecuente. Por momentos incisiva y duradera. Solo quien  ha pasado por espacios de coloquio donde participa cierto número de personas sabe que el poder de las miradas va acompasado con el de las palabras. Que a veces los ojos rubrican las bocas. O bien las desdeñan, expresándose ellos solos con más claridad. 

Los líderes conocen muy bien el paño. Por las caras que pone el auditorio saben si están respaldados o no. Hay una especie de comunión entre los oradores y el resto que habla menos o permanece mudo pero aquiescente. Una propuesta bien acogida suscita movimientos verticales de cabeza, sonrisas y un gran destello colectivo, como si el resto de participantes fuera un solo ojo. No recuerdo si lo que se hablaba en aquella reunión tenía entidad, ni mucho menos si cuanto se iba aceptando podría llegar a buen puerto. No recuerdo porque yo iba perdiendo interés en los temas tratados, aunque fingía aceptablemente. Ella intervino poco y cuando lo hizo me pareció de una sensatez radiante. Sus palabras eran precisas. Sus ideas, constructivas y moderadas. Su actitud se mostraba humilde. Sus aportaciones buscaban el cauce templado de otros asistentes, sin renunciar por ello a sus propias limitaciones. Su juventud me parecía menos lejana. Sus puntos de vista contrastaban con los míos,  aunque fueran en análoga dirección, pero ello me llevaba a ceder y comprender más abiertamente nuevas ideas.

No sé si fue en aquellos instantes en que la mujer había tomado la palabra, ya a punto de terminar el encuentro, cuando desconecté de la reunión, y ya digo que con mucho disimulo, para estar pendiente de observarla atentamente. ¿Le sucedía a ella lo mismo? ¿O me borraba de aquel marco colectivo para hacer valer sus tesis? Cuando hubo que votar las proposiciones dejé de tener personalidad autónoma. Me negué a mí mismo e ignoré mi anterior discurso. Esperé a ver hacia dónde se inclinaba ella para a continuación optar yo por idéntica resolución. Creo que se dio cuenta de la provocativa renuncia a mi personalidad. Porque estaba cediendo mis puntos de vista a los suyos. Incluso me pareció percibir una sonrisa críptica no exenta de retintín. Las sonrisas hablan con una precisión sincera que no suelen conseguir las palabras. Las sonrisas delatan atracciones o antipatías, según el sesgo que tomen. Las sonrisas juzgan sin el compromiso de dar explicaciones razonadas. ¿Me echaría en cara las contradicciones en que yo había incurrido? 

Dime que lo que has votado ha sido por convicción personal, me dijo cuando todos nos levantamos. Fingí sorpresa. Sonreí con gesto enmascarado. Naturalmente, respondí crecido. Ella atacó. Pero has votado propuestas que no habías aceptado cuando interviniste. Eras tan convincente, solté para su perplejidad. ¿Yo, que he hablado lo justo?, se defendió con tono de reproche encubierto mientras íbamos camino de tomar un café que iba a ser el primero de cuantos vinieron después.



* Jesús Molina García de Arias. La bella. 1943. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.


30 comentarios:

  1. Mira tranquila, con una pose majestuosa, con señorío de dama de la alta sociedad. Bien peinada para la ocasión. Es ella la que se lleva todas las miradas.
    Me encanta.
    Saludos

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  2. A todos nos gusta que nos miren, a nadie que se le observe.
    Saludos

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    1. Sí, pero también dependiendo de la intencionalidad de la observación.

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  3. O sea que te llevó al huerto (en el buen sentido de la palabra) El juego de la seducción comienza por las miradas. Nada más sugerente y expresivo. Todos hemos jugado a ello alguna vez. Luego estamos los pardillos como yo que creen que si una buena moza te mira es que le han hecho tilín. Y que hay insinuación. Y de ahí a meter la para hay un trecho muy corto. Me pasó alguna vez. Dos concretamente. Y en edad universitaria. Y no triunfé.
    Saludos.

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    1. Todo es aprendizaje, a cualquier edad, así que qué nos vamos a contar de edades tiernas. Ah, no olvides la importancia de la labia para procurar aproximaciones.

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  4. Parece abstraida, mirando sin mirar o viendo sin ver. Suerte tuviste barragan, que andamos en una edad en la que ya no nos mira nadie, no nos miran ni nos ven.

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    1. O nos miran y nos ven pero no nos prestan atención, tan cerca ya los cuidados paliativos pero no de aquella clase afectiva.

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  5. Su mano derecha parece cual garra presta para no tener que discutir en exceso. En cuanto a la serenidad de su rostro, ya indica que la argumentación ajena, solo era digna de ser escuchada, no tenida en cuenta, lo cual no impide lo del café, casi diría que lo facilita,una vez rendidos a su argumentación, con sonrisa incluída.

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    1. La serenidd de su rostro tanto en la imagen como en el relato escrito son fundamentales.

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  6. Fáckel:
    queda claro que a la señora le gusta el rojo, que quiere ser mirada y admirada, dominar el cotarro y ser el centro de atención. Me inquieta la postura de la mano izquierda. No sé qué es esa cosa negra que lleva en la cintura. Parece que la señora se lo ha puesto como amuleto para conjurar tanto rojo.
    Salu2.

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    1. Ignoro si es amuleto, pero no creo que con la personalidad que irradia necesite más amuleto que su propio porte y su relajada actitud.

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  7. El café y los que quedan en cola, son la mejor noticia.

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  8. Es un problema GRAVE en el mundo: como hablar bien en publico, hay gente que tiene buenas ideas y no sabe comunicarlas, y muy a nuestro pesar hay gente con pesimas ideas pero excelento don de persuacion.....

    por eso el mundo va como va, los que saben no pueden.

    y los que no saben pueden mucho

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    1. Como en mis tiempos de estudiante: había profesores que sabían (o eso se suponía) mucho pero no tenían arte de transmitir ni de tratar; y profesores que eran comunicadores pero tenían poco trasfondo de conocimientos.

      Pero el mundo, ay el mundo, eso es harina de otro costal que no se interpreta simplificadamente. Porque hay quienes pueden y saben y esos deciden las vidas.

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  9. Lejanos tiempos aquellos de reuniones, primero oscuras por no llamarlas clandestinas, depués abiertas y oxigentantes, humo de cigarrillos aparte, ¿recuerdas cuanto tuvimos que aprender en diálogo, en pulso de ideas?.

    Ander

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    1. Fue extraordinario aquello, pues pertenecemos a una generación, Ander, que no nos enseñaron a dialogar y tuvimos que aprenderlo de modo autodidacta y dio sus frutos. Eso sí, el diálogo iba acompañado de lecturas y de escuchar a personas que tenía cierta experiencia y nos hablaban de lo prohibido.

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  10. "Los líderes conocen muy bien el paño. Por las caras que pone el auditorio saben si están respaldados o no". A la carrera de filologia un professor parlava de com, per empatia, sabia si el que havia explicat era interessant o no per als alumnes.
    "Había quien exhibía su liderazgo y quien aspiraba a ser reconocido": no es tracta del mateix, el carisma?

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    1. No necesariamente. Evidentemente el líder gusta en extremo de que le reconozcan, su rol lo lleva implícito, lo del reconocimiento, y el aplauso, y el seguimiento, y etc. Pero hay gente sencilla que aporta y sin jugar papel dirigente necesita también se reconozca su aportación.

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    1. Esa es la clave, pero sus pensamientos pueden estar también en la observación del otro.

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  12. Son juegos... juegos de miradas, de sonrisas, de palabras...

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    1. Incluso el silencio puede ser juego. O la expectación.

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  13. Hay quienes tienen pésimas ideas, la expresan en forma lamentable, con gritos e insultos. A pesar de eso tienen éxito, llegando a altos puestos, promulgando leyes.
    No parece ser el caso. El personaje, de alguna manera, fue persuadido por esa mujer. Ya sea por sus argumentos o por ella misma, su mirada.
    ¿Se puede notar que alguien mira insistentemente sin mirar de esa misma forma?

    Me gusta el cuadro. Está bien titulado.
    Saludos.

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    1. Ya no solo pésimas ideas, sino de una provocación extrema. Y ahí está, están, unos dirigiendo (es un decir) el mundo, otros creyéndose los reyes del mambo desde su escaño de diputado menor o desde su alcaldía de dudoso consenso. En el relato el que habla en primera persona no participó de ningún día de gloria, pero sí de entretenimiento, buena voluntad y comunicación, obsequios suficientes de la vida que valen más que escalar para no llegar a ninguna parte.

      A tu pregunta última: sí.

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  14. Ni siquiera era necesaria la palabra: ese gesto de la mano, aparentemente descuidada, tan elegante...

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    1. ¿Verdad que sí? Una mano que transmite solamente por su pose.

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  15. merci bonsoir une bonne nuit a demain dimanche bisous de nous deux

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