miércoles, 25 de febrero de 2026

Se acabó el kikirikí

 



Me gustaba correr tras las gallinas. Picotearlas, cuando no tomarlas, sobre todo a las más rebeldes, y que luego dieran rienda suelta a sus crías. No es que así lograra placer. Al fin y al cabo siempre era una tarea tan monótona. Mi disfrute más conseguido, tras los amaneceres en que parecía indiscutiblemente el descubridor de la luz y de los quehaceres de los hombres, era pavonearme. Habría que decir gallonearme. Todo el gallinero para mí. Y el corral entero, y el patio, y la calle. Discurrir por cualquier rincón, todo el mundo apartándose a mi paso. Los niños huyendo ante mis provocaciones, aunque nunca se me habría ocurrido picar a nadie. 

Un día fui a por una criatura nada inocente. De ordinario me tiraba piedras y luego echaba a correr. Nunca me arredré ante la bestezuela humana. Le pillé por sorpresa, quise asustarle solamente, pero fallé en el amago. Mi pico en su pierna le espantó, salió pitando, pidiendo auxilio. Fue un error de cálculo por mi parte. No volvió ni para vengarse. Tampoco debió dar parte a sus progenitores, si los tenía.

Me gustaba sentirme contemplado. Eso es gallardía, escuché decir un día a un vecino. Un animal poderoso, ratificó otro. Su cresta carmesí es un pabellón de nobleza, comentó un enteradillo, sin que yo entendiera lo de nobleza. ¿Has visto qué espolones?, advirtió quien parecía conocer mejor mi fisionomía que yo mismo. Yo me aproximaba a todos ellos para oír sus comentarios, sin ninguna intención agresiva. Solo para exhibirme. Luego me daba media vuelta, orgulloso y vibrante, aparentando ignorarlos. 

Mis dueños no me ponían otro coto a mis correrías que su vivienda. Aunque también fuera accesible no se me ocurriría entrar en ella. Un día, no sé si por despiste o por curiosidad, entré a través de un pasillo y tuve que salir por pies, vamos por plumas, a saltos, a vuelo raso. Pillé al señor de la casa haciendo cariños a la doncella más bella. Afanándose en tocamientos y dulces palabras con aquella muchacha, la que más me quería, la que tenía siempre más cuidado hacia mi persona. ¿Sería el señor el verdadero gallo de la casa? ¿Había tomado ejemplo de mi? La joven no parecía rechazarle, más bien se sentía poseída por el buen hacer amatorio del macho. Me quedé observando las artes de ambos, uno entregado con empeño, la otra dejándose llevar arrobada. Yo traté de no hacer ruido, pero acaso el movimiento inquieto de mi cresta o un giro de los amantes que cedían entre sí sus desnudeces reaccionaron sintiéndose sorprendidos por un ajeno. Ella tiró sobre mí el corpiño. Él me dio un manotazo, sin soltar a su presa. 

¿Fue esta la razón por la que me veo ahora colgado y sin que me salga un gorgorito? ¿Me consideraban viejo cuando me atraparon unos días después y el mozo más rudo apretó sus gruesos dedos sobre mi gaznate? Lo último que escuché: ya ve, señor, un gallo viejo y además un gallo verde. El señor rio a cuenta de la ocurrencia cómplice del otro.




Gabriel Metsu, Gallo muerto. 1659-1660. Museo del Prado, Madrid.


18 comentarios:

  1. Pobre gallo, tan altanero y ya ves, le ha sucedido algo parecido al Gallo de Morón, que no el de Platón

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando las plumas de tu vecino veamos pelar pongamos las nuestras a remojar.

      Eliminar
  2. Hay muchos gallos verdes, algunos con uniforme y todo.

    ResponderEliminar
  3. Me preguntaba de la postura tan poco varonil, de gallito, luego me he dado cuenta que estaba preparado para ser desplumado.
    No hay un ser más chulo y altanero, que el amo único del corral. Para ver en lo que queda. Nada
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues hay algunos -no voy a cuantificar ahora- en los corrales de toda clase que pululan por el mondo lirondo terráqueo. Y especialmente uno muy desahgradable en pinta, en dicción y en gesticulación. Desde aquel gallito ex cabo de las cervecerías de München que la preparó gorda no había visto hasta ahora uno tan desagradable como malapersona.

      Eliminar
  4. Meterse en la piel de un gallo. Toda una proeza. Al principio pensé Que te habías vuelto un therian de esos que ahora están de moda. Luego ya vi que no. Pobre gallo, con lo que fue, acabar así.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca me simpatizaron los gallos en los gallineros, eran muy cabrones en mi infancia. Pero lo de esa majadería de moda penúltima que nombras y que la están potenciando mediáticamente me repugna. La gente, cierta gente que no tendrá que madrugar supongo, se aburre y se adhiere a la última, penúltima, estupidez que dará negocio a alguien. Y la manipulación que hay detrás. Y la carga ideológica que se quiere dotar.

      Eliminar
  5. La metáfora del gallo aplicada a humanos es muy ilustrativa. Seguramente el rol del gallo en el gallinero no tenga que ver con nosotros pero hay que ver lo que ha trascendido. Recuerda aquello de no te me pongas gallito.

    Un abrazo. Ander

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una metáfora lograda para representar a tanto presuntuoso, machito y con cierto poder (alguno con mucho poder) que pululan por todos los gallineros humanos (más metáfora)

      Eliminar
  6. Los hay muy gallos, sí...
    Del edadismo no escapan ni los gallos...
    {En la primera frase del tercer párrafo entiendo que quieres decir "contemplado" y no "contemplando".}

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay que resistirse al edadismo. Es una de las mayores incongruencias que puede haber: que se cometa falta de respeto o avasallamiento sobre personas de edad avanzada por parte de otras más jóvenes. Como si los agresores no fueran a hacerse viejos. Bueno, puede que algunos nunca lleguen, pues al pendenciero le espera mala vida y peor muerte.

      Ciertamente, hay un fallo, y es que a veces Gerundio se enfrenta con Participio y se confunden y llegan a las manos. Voy a corregir el leve entuerto y a separar a los contendientes. Gracias, Milena.

      Eliminar
  7. Y ahora que? Ya no habrán huevos fecundados. Ni paz en el gallinero. Y a buscar otro gallo , que más vale malo conocido.
    Cuantos problemas por un ataque de... no sé de qué. Pero un ataque
    Abrazooo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A lo mejor el gallo de la casa cumple el rol del gallo gallo.

      Eliminar
  8. me temo que los gallos no quieren competencia....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sobre todo los gallos humanoides, y en muchos más sentidos que los puramente carnales. Por ejemplo, en los negocios (OPAS y otras batallas) o en las contiendas geopolíticas, que mira cómo está el patio, digo el corral, digo el gallinero universal.

      Eliminar
  9. La expresión "hacerse el gallito" me traslada al pasado infantil....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero aunque empezamos a escucharla entonces -de padres, de maestros, etc.- nos ha acompañado toda la vida.

      Eliminar