Al pasar por delante de la taberna de Chiang allí estaba como todas las tardes tu anciano pariente, Xiao. El hombre alzó su vaso de espeso huangju en ofrecimiento. Le agradecí el gesto pero lo rechacé. Luego bebió de un trago todo el vaso, carraspeó y se frotó los labios con la manga de su remendada camisa. Transmite mis deseos de lo que quiera a mi pariente Xiao, dijo. Me limito a trasladártelos. Xiao ha sonreído afirmando con la cabeza. Mi pariente está de vuelta de todo, dice, y su escepticismo le ha llevado a cambiar incluso el lenguaje convencional. Otro hubiera dicho: da recuerdos o un saludo o la paz para Xiao. Él ha preferido que el destinatario de su deseo elija. No es nada tonto y sabe que al dejar la puerta abierta a la bondad natural no solo desprecia los lugares comunes de las palabras y las expresiones al uso sino que concede al sujeto al que dirige su recuerdo la posibilidad también de romper con el tópico y la trivialidad. El mundo está necesitado de retomar las palabras con sentido que han sido desplazadas. Necesitado de que se rescate la sensatez que los viejos términos sabios sabían interpretar y sobre todo comunicar. O bien de reiventar voces nuevas pero recuperando el valor de los conceptos que antes fueron válidos y ahora parece estar siendo ignorados. Yo pensé, Xiao, que tu pariente estaba un tanto ¿cómo decirlo? despistado por el alcohol y que hablaba por hablar. No, Cao, no es ningún beodo. Él siempre controló lo que decía, cómo lo decía y a quién se dirigía con su mensaje. Nunca ha abusado de la conversación. Lo suyo es lo escueto y preciso. Párate un día, acepta un trago de huangju si puedes con ello, y escucha al anciano.
*Obra de Maximino Peña Muñoz
Bueno, bien sabido es que el vino (y sus primos) suelta la lengua. A veces, demasiado y otras, lo suficiente. Otra cosa diferente es, cuando la lengua no suelta el vino.
ResponderEliminarLa lengua suelta tiene sus pros y sus contras. Allgunos la tienen alocada incluso sin beber. Algunos además la tienen venenosa.
EliminarPor cierto; para leer El País, (foto) no va nada mal acompañarse de un porrón.
ResponderEliminarSe ve que ya en el XIX había un periódico con esa cabecera. Entre 1887 y 1921 fue un periódico republicano de Madrid, fundado por un matemático. Las tabernas fueron lugares propicios para echar un porrón y una lectura, esta bien en solitario o bien leída a los que no sabían leer entre los parroquianos.
EliminarEn la foto parece que el hombre sostiene una especie de porrón.
ResponderEliminarEscueto, parco, pragmático, en una época de eufemismos grandilocuentes es de agradecer. Como decía Víctor Canicio: Lo bue si bre, cuatro veces bue.
Saludos.
El hombre del cuadro tenía su presbicia correspondiente a la edad. El porrón era algo muy placentero. De niño veía cómo se echaban al coleto los habituales de la taberna un porrón de tinto que les debía saber a teta.
EliminarAhora me doy cuenta de que hay que hacer más caso y escuchar sin despreciar, los hablares de los mayores. ;)
ResponderEliminar¿Se lleva hoy esta escucha atenta al hombre mayor? Tengo mis dudas. ¿O solo se escucha al más influyente de las redes sociales?
EliminarCreo que no, ahora en mi mayoría de edad, me percato que para la gente joven, empezamos a ser fósiles caminantes. Solo los que se interesan por su entorno, son capaces de percatarse, el resto centra toda su atención en su pantallita.
EliminarNo tengo una idea clara al respecto. Puede que nos escuchen y luego hagan lo que les plazca, pero esto ya lo hacíamos nosotros. Eso sí, las redes son las redes. ¿Y si nos disfrazamos de redes?
EliminarMuy cierto que el mundo necesita de retomar las palabras con sentido que han sido desplazadas. Los mayores si les prestamos atención, saben emplearlas. Buen miércoles
ResponderEliminarUn abrazo.
Un término usado adecuadamente revela claridad de conceptos. Debe ser que estos escasean y de ahí que se relegue un vocabulario expresivo, conciso y rico.
EliminarSabe más el diablo por viejo que por diablo.
ResponderEliminarEso se dijo siempre, pero qué quieres que te diga, hoy no estoy ya tan seguro, porque escucho cada simpleza de personas mayores que da miedo.
EliminarFáckel:
ResponderEliminarayer mismo, martes 12/08, estuve viendo en la 2 una versión de El conde de Montecristo y después me enganché a un programa sobre Jesús Quintero (el loco de la colina) en el que ponían retazos de entrevistas. Qué buen periodista, y no como los de ahora, que sólo gritan, gesticulan y se les ve el plumero en cuanto dicen la primera palabra o hacen el primer gesto con manos y ojos.
Lo digo por la sobriedad y las palabras sobredimensionadas.
Salu2.
Llegué a conocer en persona a Quintero y estoy contigo, siempre me pareció que lo hacía bien, que atrapaba casi más él que la persona entrevistada. Tengo mis vivencias en torno a aquel programa nocturno del Loco de la colina en la SER. Hoy hay de todo en el periodismo, porque hay muchos que van de periodistas y solo son voceros de sus amos, de sus negocios y de las redes que se creen que inventan el periodismo de raza. Los periodistas de raza hoy son minoría, aunque los hay, te lo aseguro.
EliminarNo me suelo fiar mucho de los periodistas, Fáckel porque, en sabiendo en qué periódico/radio/televisión trabajan sé lo que van a opinar.
EliminarA la hora de preparar la comida pongo un rato la tele y en la 1 sale un tipo que, estoy seguro, se tiene que lavar los dientes tres o cuatro veces y beber colutorio a raudales después del programa para quitarse el regusto que le debe de quedar en la boca de tanto lamer salva sea la parte del gobernador actual...
Supongo que los habrá, quizás...
Salu2.
Todo se trata de saber quién es quién, qué hace, a qué intereses sirve y cómo narran los hechos. A mi edad creo que ya distingo, fray Domingo, que decía un profe mío. Te diré que hace tiempo que no sigo noticiario alguno televisivo, es que ni estéticamente me gustan sus formatos y manera de vendedores de feria que tienen las caras que salen.
EliminarAunque puede sonar a "titulitis", yo creo que periodista es el que ha estudiado para ello, lo mismo que médico es el que se ha tirado 6 años en una Facultad de Medicina. En una Facultad o Escuela de Periodismo les inculcan ciertos principios esenciales de esa profesión, cosa que no tiene el que se lanza a escribir o hablar por libre, sin tener ni idea de lo que está haciendo y creyéndose en posesión de todos los conocimientos habidos y por haber.
ResponderEliminarPor supuesto que el hábito no hace al monje. No por tener un título es un conocedor fiable del todo, y sin embargo tenemos que ponernos en manos de periodistas como de médicos. Por supuesto en lo primero es más fácil no admitir sus informaciones a poco criterio que tengamos. En el caso los médicos estamos vendidos. Lo que no aguanto es el descaro del posicionamiento político que tienen muchos periodistas o pseudoperiodistas o editores mediáticos sin más que reciben prebendas y pelas de las administraciones que están en su ideología. No hace falta que los nombre. Son legión.
Eliminar¿Somos nosotros periodistas? No. Somos simplemente personas que escriben su opinión y esa es solamente la credibilidad que tenemos. No podemos pedir más.
ResponderEliminarPor supuesto, creo que por nuestros blogs solo pretendemos opinar, intercambiar y a ser posible rebajar los visceralismos que en otras partes se cultiva. Yo estoy muy cómodo y agradecido por cuantos pasáis por aquí.
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