jueves, 23 de abril de 2020

Cuentos indómitos. El agrimensor asilvestrado



"Nunca se sabrá si la vida es lo que se vive o lo que se muere. Lo único cierto es que no vivimos otra vida que la que nos mata".

Un personaje a otro en el film paraguayo Miramenometokéi, de Enrique Collar.



Mi trabajo de agrimensor es peculiar. Mido y delimito espacios del campo,  lo cual me permite conocer de cerca las propiedades públicas y privadas sobre las que actúo. No siempre soy bien visto. Mi aparición suele provocar suspicacias, no solo entre los propietarios pudientes que temen que haya una intervención no deseada sobre sus superficies, sino entre los arrendatarios modestos a los que cualquier acción sobre las tierras del amo les inquieta, pues ellos mismos también se la juegan. No soy más que un técnico y prefiero no entrar en disputas. Por supuesto, de sobra sé que he ofrecido mis servicios no solamente a reestructuraciones agrarias sino también a intereses urbanísticos que han modificado de abajo a arriba los tradicionales usos campesinos. Pero insisto, soy un profesional que disfruta de su trabajo. Para mí la triangulación de los espacios es pan comido, y se ha desarrollado en mi interior una aptitud, acaso ya era innata, en que el ojo suele coincidir con los datos que me proporcionan los aparatos. Cuando el hombre se identifica hasta tal extremo con el trabajo y forma parte de las herramientas puede que pierda algo de humanización. O que se humanice de otro modo. Me lo quiero tomar como parte de algo evolutivo en lo que uno no puede dar marcha atrás, ni falta que hace.

La otra mañana tenía colocados los aparejos en distintos puntos de aquella zona yerma, aunque yo diría que más bien abandonada a propósito, cuando apareció la muchacha asilvestrada. Esta vez iba cubierta con un vestido de algodón muy desahogado que la hacía aparentar más alta. ¿Qué se ve por esa cosa?, dijo, señalando el trípode que sostenía el instrumento de nivelación. Se ve lo que no se ve a simple vista, y jugué con las palabras. ¿Como los rayos x de los hospitales?, dijo ella. No, no, y reí, se ve de otro modo, pero previamente hay que saber mirar. ¿Quieres que te eche una mano?, se ofreció. Mira que yo recorro estos solares y otros hasta por la noche y a ojo de buen cubero nunca me pierdo. Es como si mis pies tuvieran un cálculo de las distancias tan instintivo que no necesitan siquiera la luz. Te creo, la dije aparentando no sorprenderme. Debe ser porque eres de aquí, bueno y de todas partes, como me dijiste el otro día. Ella se pegó como mi sombra. Me gustaría ser tu ayudante, y trató de mirar por el visor. Bah, no entiendo nada, prefiero mi ojo vivo, pero podría llevarte el trípode o ese maletín. Suspiré con suave desdén. ¿No tienes nada que hacer? Mira que te aburrirías conmigo, que esta tarea lleva mucho tiempo, y traté de quitármela de encima. Si tú me dejas hacer como que te ayudo yo te puedo enseñar lugares en los que nadie penetra habitualmente, sugirió con un aire extorsionista poco disimulado. Entonces pensé que puesto que era tan vehemente mejor sería tenerla de aliada que no de moscón.

Mientras yo tomaba medidas desde distintos ángulos, y quitaba y ponía el trípode en la distancia entre la carretera y el río, ella se dedicó a danzar de aquí para allá. El sol caía con agobiante densidad. ¿Te seco el sudor?, y venía de vez en cuando y con los bajos del vestido secaba mi frente, frotaba mi cuello, restregaba mi espalda. Estás más calado que el Piri Poty, y echó una carcajada. Cuando acabes nos damos un chapuzón. De pronto se quedó seria. Dime, todo esto que estás haciendo, ¿va a ser para que cambie el paisaje de este lugar? Me pensé la respuesta. No sé lo que tendrán previsto hacer las autoridades y la Cámara Agraria, así como otras instituciones que deben estar por medio. Pero seguro que el paisaje será otro. No te puedo decir si mejor o peor, pero vete haciéndote a la idea, mujer, que ya no será tu paisaje. Piri Poty frunció el ceño y no dijo nada. Se alejó. No la volví a ver hasta que acababa la labor y recogía los trastos.

Te prometí un chapuzón, me recordó. Nos acercamos al arroyo. Dejé el equipo a la orilla. Se quitó el vestido de un tirón, deslizando acto seguido su generosa naturaleza por el ribazo. Qué gusto, dijo desde la corriente. Nos hacía falta. Ahora tú; ven, no temas, apenas cubre. La vi alzarse y sumergirse como una ave acuática. Sin saber si saltaba sobre el lecho del río o si era la misma corriente la que le impulsaba. En cada salto me parecía más mujer.  Más cálida, más oferente. No sabía yo qué hacer. Temí haber rozado la insolación. El calor me pedía el baño. Su actitud me hacía dudar. Insistió: vamos, ¿a qué esperas para quitarte la ropa? Busqué una excusa. Que si no sabía nadar en caso de que me llevara a zonas más hondas. O que no había traído traje de baño. O simplemente que temía un corte de digestión. Piri Poty comenzó a bracear. Se deslizaba como una culebra, permanecía de repente quieta como un caimán, salía a la superficie como una gansa juguetona agitando la cabeza. Yo veía desde la orilla que en cada movimiento de la chica se revelaba un ser de otra especie. Ha sido el sol, me dije, sintiendo que me recorría una incandescencia turbadora. Mira que no me fío mucho de los ríos, dije para justificarme. Yo lo conozco bien, es mi guarida, replicó a carcajada abierta. Verás cómo medimos este territorio que no nos lo va a quitar nadie. Me inquietó que me hiciera tan suyo, pero lo interpreté como parte de su desparpajo. Una alegría sin normas ni freno y que me atraía más y más a cada instante. ¿Acaso temes a tu propia desnudez?, me gritó desde el medio del arroyo.

El sol me había obnubilado. Me quité el pantalón y entré en el agua como si fuese a recorrer si no el camino más seguro del mundo al menos el más deseado. Piri Poty se puso muy contenta, vino hacia mí, me tomó de la mano. Vamos hacia una parte donde podremos nadar mejor. En aquel meandro la vegetación proyectaba una sombra agradable y, sin embargo, me pareció temerosa. El agua estaba más fría. La transparencia de otros tramos del río desaparecía allí. Piri Poty se sujetó a mi cuerpo. Ardes aún, susurró. Yo no tenía en ese instante una clara noción del calor ni de la corriente ni del paisaje ni de la medida del tiempo y del espacio. Sumérgete conmigo, dijo la chica. Clavado a su cuerpo sentí que la corriente me arrastraba a la profundidad. En ese momento solo pensé en el equipo de instrumentos que había dejado a la orilla. Luego me pareció que mi respiración era anaeróbica. Mi cuerpo, el de otra especie reproductora. Mis movimientos los de un aprendiz conducido por una maestra que oficiaba conmigo un rescate a otra vida.





(Fotografía de Leonard Nimoy)

38 comentarios:

  1. Con esa muchacha, con la tentación de los sentidos, el frescor del agua y la complicidad del clima, el agrimensor sucumbe al delirio de ser feliz. Me parece bonita manera de morir, fíjate.

    Un abrazo y feliz tarde, de libros y rosas, de amor y lectura, tan complementarias.

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    1. Sucumbe al delirio de la pasión, que no solo es la erótica, sino la del misterio. ¿Cuántas veces no sucumbimos en la vida a la pasión de los misterios y de los enigmas?

      Cada vez que asoma el sol en esta tarde de guiños yo también me asomo a la ventana. Sin rosas, pero me alegro de tu brindis.

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  2. Para mí que te secuestró una sirena.
    Un saludo, Fackel.

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    1. Una sirena de río. Es que a los agrimensores les ocurre cada cosa...Saludos.

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  3. Esa frase que citas de esa película me ha hecho recordar otra de Eurípides que dice: "¿Y si los muertos fueran los vivos y los vivos los muertos?"

    El relato parte de una exposición de la experiencia profesional y laboral de uno de los personajes repleta de confianza en sus facultades, resaltando de su vista una precisión próxima a la de los utensilios de precisión propios de esa actividad.

    Después se da ese reencuentro con la realidad y el misterio que representa esa muchacha... ella se interesa por su actividad y los aparatos que porta y haciendo de la curiosidad una sucesión de preguntas se percata del impacto que pueden tener las conclusiones del estudio del agrimensor en el paisaje y entorno que siente como propios y que quiere que perdure tal cual... Es curioso el contraste entre ambos pensamientos, para el agrimensor es normal la transformación del terreno y del entorno sin ir más allá de hacer bien su trabajo, para la mujer es terrible, incluso se disgusta...

    Cuando la mujer regresa es y decide bañarse y pedirle a él que haga lo mismo, se alterna la confianza, la seguridad, es la mujer la que conoce el terreno y la que hace los cálculos de riesgo, él se hace inseguridad viviente, su ojo no es tan preciso... es la diferencia que hay entre el ver y el conocer, entre el pasar por un lugar y entre el vivir un lugar...

    Es la vida Fackel, el continuo contraste entre lo artificial y lo natural... es la medida y el parecer que cada cual tenemos de la realidad según, sin, sobre, tras, durante, mediante...

    No obstante, hay atracción en esa relación de "desconocido"... ¿Quién cambiará la visión de quién?

    Perdona mis peroratas de atrevida ignorancia.

    Abrazo en este día de libros, rosas y, en mi comunidad, de fiesta.

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    1. Qué interesante la frase de Eurípides. ¿Sabes si es de Ifigenia en Áulide? Me gustaría saberlo.

      Describes y racionalizas bien el argumento del cuento. Tal vez este se resume en la seducción. Precisamente la seducción es lo que turba lo real y lo altera al menos temporalmente. Pero también la seducción pasional puede acabar con los individuos. Creo que, desgraciadamente, el sentido o la percepción de lo natural se ha perdido en gran medida en estos tiempos. Hasta hay toda una línea productiva que se reclama de lo natural y es artificial. Las mismas urbes lo son. Los caminos no son caminos, sino autopistas. Muchas zonas rurales y montañosas han acabado como prolongaciones urbanas. Así que ¿cómo no vamos a tener una representación alterada y desvirtuada de la otrora naturaleza de las cosas que incluye al amor? Tal vez el amor no salva, sino que condena.

      En el relato la mujer, que no se sabe si es tal o es una fuerza natural, se encarna en Némesis y decide tomarse la justicia por su mano.

      Me agradan tus peroratas. Este año todas las festividades han quedado desvalorizadas por la incidencia, digamos. En mi comunidad también fue festivo el 23. UN abrazo.

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    2. Pues no lo sé Fackel, porque salvo algún fragmento de sus obras, cuando he andado hurgando en su biografía y otras curiosidades, no he leído nada de él. Ni siquiera sé dónde vi esa frase, ni si estaba bien citada en donde la encontré, tengo que pensar que sí. La frase me gustó porque coincide, casi plenamente, con lo que yo me he preguntado muchas veces a mí, al viento y a los dioses cuando he meditado sobre cosas transcendentales y sobre el aparente sin sentido de la vida... amén de por lo que habrá a la vuelta de la esquina de la muerte... la apunté y me acuerdo con relativa frecuencia de ella, al leer la que tú ponías me la recordaste... Mis conocimientos sobre los autores clásicos es muy muy muy limitado...

      Por otra parte, he leído alguna frase más de Eurípides al hilo de esta, y, algunas, me han dado la impresión de que era un misógino de tres pares de ...

      ¡Lo siento! No puedo responderte a tu pregunta, porque no sé la respuesta.

      Curioso, no me había percatado de esa parte del relato, me refiero a lo de la seducción... No es una cosa de despiste ocasional al leerlo, es que, en mi rutinar por la vida, nunca he percibido ese matiz de la seducción... seguramente que porque nunca he sido objeto directo de ella, jejejeje...

      Abrazo

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    3. Extráñome por esto último que me dices, Sancho amigo, pues no hay ser vivo que no se vea sometido al aguijón de alguna de cuantas tentaciones pululan por este mundo y por la ostentación que muchas dellas hacen bajo el epígrafe seductor...(no me tomes en serio el aire cervantino)

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    5. En gran medida ratifico y me identifico con lo que expones, aunque su desarrollo nos llevaría largas charlas. Hay una frase clave:

      "...en el momento espacio-tiempo cultural que nace le inyectan unas pócimas en forma de ideas contradictorias y muy confusas".

      Nace y crece y se ve sometido a la aceptación de una manera de ver el mundo y las cosas, es decir, una ideología, una moral, una reproducción ordenada para que la sociedad "ordenada" le admita y a la vez espere del individuo el favor consecuente. Pero el individuo crece y va descubriendo poco a poco y de manera desigual las pócimas y los brebajes que le dieron y las va poniendo en cuestión, en parte por instinto, después con racionalidad y capacidad analítica, y acaba ya de mayor sorprendiéndose no sin alegría y sensación de libertad que todo aquello era una historia de cuentos y más cuentos para beneficio de un ámbito y escasamente del individuo. Eso sí, hay que salvar los aprendizajes técnicos que desde la infancia nos han servido: aprender a leer (a interpretar es otra historia que solemos aprender por nosotros mismos, aunque haya gente que ayude a lo largo de la vida), a escribir, a tener ciertas conductas higiénicas...A quien le hayan enseñado el respeto y la tolerancia lo puede considerar de lujo, y el que lo haya aprendido sin que se lo hayan enseñado se puede sentir dichoso. En fin, que la vida es un aprendizaje dispar, contradictorio y complejo. Que aprendemos a la contra. Que mucho de lo que originalmente nos metieron en el coco ha sido inútil, aunque las circunstancias y concatenciones de la vida nos hayan llevado debido a ello a fases de comprensión -muy a la contra en ocasiones- que nos han enriquecido. Poder llegar a mayor y ver ciertas cuestiones con cierta y relativa claridad ya es un tesoro.

      El confinamiento, y más si no hay objeto tribal de disputas y malos entendimientos, puede ser muy útil. ¿Hasta acaso estamos leyendo! Jaj.

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    1. Así que no te gusta el personaje. Pobrecica, pero si ella solo quería defender sus pagos, y eso que no era propietaria.

      Pues moscardones hay muchos y mira por dónde la incidencia del virus puede desviar el atosigamiento de los mismos. Claro que siempre quedará el acoso virtual.

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  5. entregado acabaste empapado de experiencia

    saludos

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    1. Más bien por efecto del sol y de la atracción de la naturaleza, Saludos, Noel.

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  6. Con la espada de la ciencia
    y la fuerza de sus brazos
    derrotaremos el dragón maligno
    que no ha prohibido los abrazos.
    Feliz Sant Jordi !!

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    1. Anda, toma tú. Buen cuatripareado.

      Feliz Don Miguel, Nox, que de sobra sabía más de dragones y doncellas por lo vivido y lo imaginado que un ordinario lancero, jaj.

      Max en su Fuga nos lo trae a colación con mucha oportunidad.

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  7. Me fijo ahora en la foto transgresora. Un tefilín en el brazo de una mujer, y además zurda. Enigma irresoluble el que me provoca aunque sospecho que tratándose de la Antorcha de Kraus, seguro debe esconder un misterioso mensaje.

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    1. No elegí la foto por la filacteria. A no ser que tenga un subconsciente judío, que no sionista, que ignoro. Por otra parte creo que solo se lo pueden poner los varones. No sé si porque la mujer judía tiene contacto más directo con Dios y no está previsto en el ritual que se lo ponga. Así que dejemos el oscuro mensaje del tefilín en el secreto impenetrable de la fotografía, que pienso que tiene algo más impenetrable todavía.

      Por cierto, lo que sí me pusieron en una ocasión fue la kipá, en el cementerio judío actual de Praga. La visita a la tumba de Kafka y familia era obligada. No te preguntan. El viejecito portero de entonces me la puso con bondad y sonrisa y yo por respeto me dejé. Se ve que es un ritual también ¡solo reservados a los hombres! A ellas las dejaron con el cabello al viento.

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    2. Ignoro como se sujeta la kipá, pero desde luego, si me la tuvieran que poner a mi y dadas las actuales circunstancias capilares, o le añaden una ventosa o se asisten de un poco de Loctite. Otro modo, no lo veo.
      Que cosas tienen los de las 12 tribus, oye.

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    3. Pues con delicadeza te la ponen. La tienen para todos los públicos y en las sinagogas de visita turística te la dan de papel montable y desmontable y te la llevas de recuerdo. Los de las 12 tribus han pensado en todo.

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  8. Obviamente hay que saber mirar. No podemos ver lo que no conocemos. El agrimensor debería haber recordado sus propias palabras antes de meterse al Piri Poty. Y coincido con Albada: tampoco me parece mala manera de morir.

    Lo único cierto es que no vivimos otra vida que la que nos mata. Me llevo esta frase y traigo un refrán: hasta la muerte, todo es vida.

    Besos

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    1. Acaso no murió, y solo pereció en las redes, no menos peligrosas, de alguna hada seductora. Así, díjole el Perogrullo, dense por satisfechos los que pueden contarse entre los vivos.

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  9. La mujer del agua ha dado lugar a muchos relatos míticos, leyenda y cuentos. Esta tuya provocó que el agrimensor dejara su oficio y ganara en libertad. ¿Se puede salir a medir el campo después de esta experiencia?

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    1. Cada vez que ganamos un cierto grado o tipo de libertad corremos el riesgo de vernos sometidos a alguna otra condena o encadenamiento, sospecho.

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  10. Excelente narración -en primera persona se hace aún mas auténtica y creíble-.
    Presiento este Indómito, como una llave a otros con mas intriga aún y mas fantasía...

    Esperaré a decir mas, por si me equivoco. Feliztarde, Fackel

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    1. Somos todos un poco uno y trino. ¿Cuántos individuos viven en nosotros? En el amor, ¿somos dos o somos tres? ¿O es la persecución de uno solo con múltiples anhelos? Ah.

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  11. Solo en el agua habita la respuesta. La Unión de la muchacha (una fuerza de la naturaleza) y el agrimensor (el hombre que mide, que calcula) solo puede darse en el territorio del sueño. Un sueño que está por crear. Necesario. Un amor individual y colectivo que puede detener la destrucción de lo idílico, de lo bello, de lo que respira sin vigilancia.

    Bellísimo relato. Me ha encantado.

    Un abrazo

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    1. La corriente es el líquido -uno de los tradicionales elementos- pero también el movimiento mismo. Genera lo nutriente que proporciona la vida y, sin embargo, adjunta la muerte, también representa la renovación. Cuando Manrique decía lo de "nuestras vidas son los ríos..." sabía de qué hablaba. Tu interpretación sobre el territorio del sueño "que está por crear", dices, es fascinante. Me apunto la idea.

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  12. El agrimensor, oficio que requiere mucho aplomo y seriedad, es uno de los oficios que pertenecen a otros tiempo, muy novelesco. Fíjate que por controversias sobre lindes son inacabables, una fuente de litigios y crímenes. Al menos el agrimensor de tu historia tuvo su momento de gloria.

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    1. Pero existe todavía el oficio. Con instrumentación moderna y GPS punta incluso. Bueno, da igual. Me has hecho recordar las broncas que hubo en la España de los 60 cuando las concentraciones parcelarias de las tierras. Que esto las nuevas generaciones no tienen ni idea. Pero a mi casa -mis padres no tenían tierras sino solo oficio- iban a lo largo de la semana amigos de mi padre de pueblos y contaban muchas historias y rencillas. Yo apenas me enteraba. Fue una etapa de la historia con cambios en marcha pero donde el alma de enfrentamiento persistía, y la resistencia era notoria en plan reaccionario, claro.

      Cuando digo la España de los 60 pienso en que a este país se le puede nombrar de diversas maneras. Si unos la llaman la España de las Autonomías a otros nos gusta enfocarlo por los tiempos trascurridos: había una España de los 40, otra de los 50, otra de los 60 - A HARD DAYS NIGHT, volvería ahora a ese tiempo-, otra de los 70, etc.

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  13. ¿Otra mujer misteriosa en La antorcha de Kraus?
    Esta parece menos abstracta, más vital. Y es seductora. Pero tal vez tenga algo de peligrosa, algo de llevar a una trampa mortal. Como las sirenas de La Odisea.

    No sabía que Leonard Nimoy, el actor que interpretó a Spock, de Star Trek, también era fotógrafo.

    Saludos.

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    1. ¿Mujeres misteriosas? Y las que te rondaré, morena. Esp pone a prueba a los Ulises, o se salvan ellos por sí mismos o los hunden las seductoras.

      Nimoy (Spock) me gusta mucho como fotógrafo. Yo he utilizado en otra época muchas fotos suyas de la red. Tenía un físico él mismo singular. Salud, Demiurgo (escribo desde la tormenta primaveral que se está cerniendo en estos momentos)

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  14. Otro relato magistral. Hasta senti el alivio del agua sobre la piel caliente. Un abrazo

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    1. Es que el calor austral, y la humedad ambiente, piden aliviarlo, como bien sabes. Un abrazo.

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  15. Quizá la náyade presienta que las medidas del agrimensor vayan encaminadas a destrozar el curso del río y quiere evitarlo a toda costa seduciéndolo.
    Salu2.

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  16. Con tu permiso, Fackel, me tomo la libertad de rescatar la emotiva frase que preludia este texto para alguna próxima entrada.
    En contraprestación, te dejo aquella, algo menos romántica pero igualmente interesante, de Karl Kraus citada de memoria por Karlheinz Deschner (no recuerda fuente) utilizada para despedir su célebre "Opus Diaboli": "La deformación que la realidad padece en la noticia es la noticia que más fidedignamente nos habla de esta realidad".

    Afectuosos saludos

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    1. No tienes ni que decírmelo, Álex, usa lo que te plazca. Muy ingeniosa la frase que me pasas, la estoy dando vueltas, muy propia para estos tiempos con noticias sin noticia. Saludo.

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