jueves, 23 de mayo de 2019

Cagüen la muerte (por Mambrino)




Entre las expresiones rudas escuchadas durante mi infancia estival en la ciudad del Norte las había tales como: cagüen tu sombra o bien cagüen tu pena negra o la de cagüen tu alma mala o una que entendí menos todavía: cagüen la muerte. El cagüen no es entendible al pie de la letra si no se bucea en la intención del desahogo y el ajuste de cuentas con la suerte. No la suerte de jugar sino la suerte de la existencia. Aquellas palabrotas lo eran todo: una queja, una blasfemia, un puñetazo en el hígado de la vida. Expresiones arquetípicas entre personajes comunes del entorno, humildes y jodidos al cien por cien, que las repetían por sistema o con especial indignación, en medio de una rencilla entre vecinos o jugando la partida vespertina de mus o inmersos en su borrachera de desquite. Y que tenían su miga. El objeto de la maldición iba directo al mundo emocional del individuo. Nada menos que conceptos como la sombra, la pena, el alma o la muerte se invocaban sin remilgos ni contemplaciones -¿misterios del exorcismo de los hombres de a pie?- para dar un tono elevado al instante de enfado, de cabreo o de desamparo. Los chicos repetíamos a veces las expresiones a lo tonto, sin intención, sin el contenido visceral -justamente visceral- de los mayores. Pero yo siempre me preguntaba: ¿por qué tirar contra la sombra, la pena o el alma? ¿Y contra la muerte? ¿No era del género bobo maldecir contra lo inevitable? Empecé a entender el cagüen la muerte cuando un año mi prima perdió a su hijo de poca edad. O cuando al siguiente año un conductor del otro lado de la muga atropelló y mató a la lechera del barrio y a su hija adolescente. Cuando unos meses después se mató con la moto Serapio. Cuando al otro se ahogó su pelirrojo hermano Manolo, que además era de mi panda. Cuando en otra ocasión estuvo a punto de acabar con su familia el vecino de la venta de allá arriba, junto al Hospital. Cuando etcétera. Al cabo del tiempo entendí que si había una actitud expresiva más noble, justiciera y precisa, si bien inútil, era soltar un cagüen la muerte

Y hoy reivindico el exabrupto porque Mambrino, el de los crucigramas, nos ha dejado huérfano a sus seguidores fieles de cada día. ¿Y cree la muerte que por eso voy a dejar de hacer crucigramas? Ah, no, ahí le daré a la bicha. 





(Fotografía de José Luis Herencia Robles Mambrino tomada de El País)



20 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Parece mentira que uno sienta la muerte de una persona oculta, pero cuya obra seguimos algunos cada día, implicándonos en ella. Paradojas.

      Eliminar
  2. D.E.P.
    Cagüen tó, que diría Maki Navaja, el último choriso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces este tipo de personas hace más por cada uno de nosotros que todos los vociferantes de la política o de los negocios que creen que se comen el mundo. Largo reconocimiento al gran Mambrino.

      Eliminar
  3. A quienes gusta dormir profundamente consuela pensarla como un magnífico sueño. El problema se queda entre pensadores, evidentemente.
    Una idea: realizar los propios crucigramas en lugar de ajenos. Debe entretener tanto o más aunque el proceso resulte inverso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues yo lo de diseñar un crucigrama lo he intentado algunas veces, sobre todo pensando en un sobrino pequeño y adaptándolo a temas que él alcanzara a comprender, pero te juro que es agotador. Aunque reconozco que no tengo método, ni truco, ni ná. Así que me entregué al yelmo de Mambrino, aunque al hombre el yelmo protector no le ha servido, como nada nos hace invulnerables a nadie.

      Eliminar
    2. Vaya, desconocía la complejidad en la ejecución de crucigramas. Pero qué atrevida es mi ignorancia!
      Nunca fueron mi fuerte los crucigramas, ponían en evidencia mi nivel de incompetencia y esa odiosa falta de tiempo para perseverar entre letras retadoras , seguramente debido a un exceso de labores de “intendencia” y a mis excesos de stress. Premisas de mi actual y pausado modo de vida.

      Eliminar
    3. Es muy al gusto de cada cual, otros cubren sudokus y demás juegos, digamos. Siempre hay un hueco y además un crucigrama no tiene por qué resolverse de una vez, en fin, entretenimientos y puesta a prueba de memorias, asociaciones de ideas y otras fantasías místicas.

      Eliminar
    4. Esos huecos, si los hubiere, era mi gusto rellenarlos adelantando tareas para días subsiguientes y así hasta reventar. Leer e investigar cuestiones tabúes desde el pto. de vista psicológico era a lo que dedicaba mi tiempo oculto para intentar comprender un mundo que me exasperaba así como buenas razones y estrategias para huir de aquella injusta circunstancia familiar, habida cuenta que en algún momento de mi vida conocí la más intensa felicidad a la cualquier jovencita de mi generación y con mi personalidad podía aspirar, solita en el mundo pero sin “lastres”. No quedaba espacio para juegos ni entretenimientos.
      Debí materializar el refrán inglés de: “ all work and no play makes John a dull boy” ( todo trabajo y ningún juego convierten a Juan en un niño aburrido/petardo); y mira que ponía de mi parte para que no se cumpliera y menos mal que no era una niña sino que ocurrió de los 18 a los 45. Luego reventón, pero el maldito hábito ya me había impregnado. No descarto un posible complejo.”

      Eliminar
    5. Mientras se vive hay tiempo de resarcirse de lo privado.

      Eliminar
  4. Por aquí se dice me cagüen diez por evitar la blasfemia.
    DEP Mambrino y Eduard Punset.

    Adriana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre se ha dicho lo de diez, pero había quienes jugándosela -los curas y los fieles católicos reprendían enseguida- soltaban al dios, a la virgen y a todos los santos. Y debía ser útil, porque los bueyes tiraban más de la carreta, aunque también la vara hacía su parte.

      Eliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Huy, esa frialdad... No hay vivo que no esté provisto de calor y sus alternancias de temperatura. La muerte ni siquiera tiene frialdad, es un no estado.

      Eliminar
  6. Caramba, un no-estado. Aquí Heidegger se nos pondría las botas.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda llegaría a la misma conclusión. No hace falta ser don Martin ni haber ido a la Universidad de Friburgo, hasta un porquero lo ve con claridad, jej.

      Eliminar
  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  8. Cuando los crucigramas nos son conocidos por su estilo, es que quien los diseña ha calado en nosotros y entendemos sus significados a su manera. Te entiendo, y digo cagüen la muerte, concepto que sólo los años permiten sentir

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy sabio lo que dices, nada que objetar, más bien subrayar. Gracias, Albada.

      Eliminar