martes, 9 de octubre de 2018

Naxos. Dicen las sirenas




"Desde la alta popa
se arrojaban al mar".

Hiponacte


¿Que nosotras nos los llevamos? Y qué. Bien saben los dioses que gobiernan oscuramente el mundo de los hombres que nuestro destino es festejar la ruta de los navegantes. ¿Qué otra celebración puede aligerar el esfuerzo de los esclavos de la mar sino la música y el canto que compiten con el fiero rugido del océano? Pero ellos, tripulantes exhaustos y descarnados por las inclemencias, ¿cómo podrían resistirse a la esperanza que brinda la poesía? La leyenda nos acusa de haberlos raptado, mas ¿no lo quisieron ellos mismos? Aquellos hombres rudos y marginados ¿no esperaban acaso alguna clase de salvación que hiciera del día a día una costa si no feliz al menos llevadera? Fue el ansia de lírica que soterraba en lo más hondo de sus corazones lo que les llevó a desprenderse de los remos. Hasta el siervo más dócil o el mortal más curtido y depravado guarda en algún lugar de su voluntad el anhelo de una vida rescatada. ¿Para qué remar movimiento tras movimiento sino para caer muerto en cualquier instante sobre la misma bancada donde los cuerpos se van deshaciendo poco a poco? Ellos mismos nos lo contaron. Preferimos el riesgo de los dulces cantos que nos atrapan que el monótono y desolador ritmo del oleaje sin fin, decían. Y decían también: otros hombres nos marcaron con el hierro de una condición cruel, a imagen y semejanza del sol desollador y de las olas bravías. Padecíamos infinitas calamidades y penurias, y para una oportunidad que nos brindaron las criaturas de las profundidades, ¿cómo íbamos a dar la espalda a la fortuna? Las hijas del Océano no somos monstruos ni empujamos a los hombres hastiados hacia los abismos. Ninguno de cuantos huyeron de la nave se arrepintió, mas que nadie nos pregunte ahora qué fue de ellos, dónde habitan y qué clase de existencia llevan. Pues el placer y la felicidad no es un mundo a  revelar, y su descripción nos está prohibida.




(Fotografía de Ata Kandó)

2 comentarios:

  1. Prohibida y secretamente envidiada. El silencio su mejor alianza.
    Me pregunto si será el morbo de diverso orden lo que moverá a nuestra especie a repetir patrones igualmente diversos.

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    1. La especie a la que pertenecemos repite cada día los patrones que la caracterizan, y a este paso van a pintar más bastos todavía. Así tenemos las élites que tenemos.

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