jueves, 21 de septiembre de 2017

"Las democracias se hacen con ciudadanos. Las patrias viscerales necesitan extranjeros, enemigos, traidores, apóstatas. Renegados. Nada define mejor a una patria que la designación de un enemigo." Antonio Muñoz Molina en defensa de Juan Marsé






















Bendita ira la de Antonio Muñoz Molina en un artículo en defensa de Juan Marsé por las barbaridades que se emiten contra él con la mano alevosa y negra del anonimato. Aunque ya se sabe quién está detrás. Muñoz Molina reivindica a Marsé como muy útil y me impresiona cuando dice: "Las democracias se hacen con ciudadanos. Las patrias viscerales necesitan extranjeros, enemigos, traidores, apóstatas. Renegados. Nada define mejor a una patria que la designación de un enemigo."

Por su valor, reivindicando la personalidad y la labor de Marsé, y porque, por fin, se empiezan a escuchar voces contra la ignominia y la agresiva desfachatez política, reproduzco aquí el texto de Muñoz Molina:  

"No puedo contenerme ahora mismo. No quiero. Acabo de ver una foto de Juan Marsé cruzada por un letrero escalofriante en catalán: Renegado. Su cara noble como de boxeador viejo en primer plano, y esa palabra siniestra, esa acusación, ese estigma. Juan Marsé es un renegado por decir aquello que lleva diciendo desde hace más de medio siglo: lo que le da la gana. De muy joven Marsé empezó a escribir novelas que rompían con furia y belleza el sopor policial del franquismo. Fue el cronista de la Barcelona de las periferias emigrantes y de los barrios burgueses, con una ambición abarcadora de novelista francés del XIX. Su primera obra maestra Últimas tardes con Teresa , estaba llena de citas de Stendhal y de El rojo y el negro: Manolo el Pijoaparte era un trepador empujado por el instinto y el rencor de clase, como Julien Sorel, con un fondo suburbial y felino de rumba catalana. Marsé ha escrito y dicho lo que le da la gana hasta el punto de que su novela más grande, Si te dicen que caí, la publicó en México en 1973 para no someterse a las censuras y las autocensuras inevitables en España. Cuando se publicó aquí, en 1977, nos estallaba en las manos a quienes queríamos ser escritores, contar el mundo cercano y al mismo tiempo construir edificios luminosos de literatura. La libertad con la que había sido escrita esa novela era el anticipo de la que nosotros mismos queríamos ejercer en la literatura y en la vida. Marsé escribía un castellano tan libre porque era para él una lengua fronteriza, entrecruzada con el catalán, empapada de él. Marsé es un hombre íntegro, sentimental y huraño que puede enfadarse mucho, y lo ha hecho muchas veces, incluso con gran escándalo público. 

Ahora los patriotas del banderazo y la hoguera han decidido señalarlo con lo que para ellos es el peor de los insultos: renegado. Un renegado es peor que un extranjero, porque a su alevosía une la condición de traidor. Los héroes de la libertad de los pueblos no sienten el menor interés por la libertad de las personas. Los pueblos son abstracciones a las que se puede atribuir cualquier virtud y hasta cualquier impulso de ira justiciera. Para mantener siempre su pureza necesitan enemigos exteriores y chivos expiatorios. Cualquier sátrapa y cualquier aspirante a comisario político puede ejercer con éxito la ventriloquía patriótica o justiciera y presentarse como portavoz del pueblo. Las personas concretas tienen una cara, una voz, una voluntad soberana o caprichosa. También tienen domicilio, y número de teléfono. Si las señalan son muy vulnerables. Algunas tienen trabajos y corren el peligro de perderlos. Juan Marsé fue un resistente contra la dictadura y es uno de los grandes escritores de España y de Cataluña, pero ahora resulta, a los ochenta y tantos años, que es un renegado. La foto de un renegado se puede quemar. También puede servir para acosarlo. 

Se trata de una figura muy útil. Las democracias se hacen con ciudadanos. Las patrias viscerales necesitan extranjeros, enemigos, traidores, apóstatas. Renegados. Nada define mejor a una patria que la designación de un enemigo. Cuando era joven, Juan Marsé formó parte de lo que los franquistas llamaban la anti-España. Ahora lo han arrojado a la anti-Cataluña, en compañía , entre otros, de enemigos como Antonio Machado, Goya, Calderón, Negrín… 

Todo esto es de una inmensa tristeza, de un aburrimiento insufrible."

http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/2017/09/los-impuros/















6 comentarios:

  1. No deseo poner nada, porque todo lo que ponga será en vano.
    Hay que ser muy miserables.
    Lo pero no es quien lo haya escrito, porque de seguro es un analfabeto funcional, lo peor es quien lo ha incitado a escribir.

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    1. Su propio nivel mental y cultural hablan por él, me niego a eximirle de responsabilidad. A la gente le gusta adherirse a lo que otros ordenan y mandan. Así nos va.

      No creas, que a mí se me están quitando las ganas de expresarme sobre el temita de estos días. Por una parte me pide el cuerpo decir porque tengo derecho y una humilde opinión de las cosas. Por otra, me invade una sensación de que cuando hay una marea que ocupa visceralmente una dirección y de ahí no la apeas acaso lo sensato sea poner tiempo de por medio.

      Pero si callamos también se nos dirá por parte de otros que hemos callado. De hecho ya he leído y oído en varios lugares que los que no están por el independentismo no se expresan.

      En fin, no quisiera que Cataluña fuera Kosovo, de entrada hay años luz de desarrollo económico y hasta ahora creía que una cultura más sensata.

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  2. Me quedo enganchada en esa genial frase que pinta con cruel detalle lo que tan definidamente se advierte por allá como por aquí. En estas latitudes se ahonda cada vez más lo que se ha dado por llamar "la grieta", una división dentro de la sociedad basada en la antinomia "k o no k", siendo "k" todo lo que tenga que ver con el período de gobierno anterior(12 años) en el que gobernaron los Kirchner. Hoy por hoy todo -absolutamente todo- está atravesado por esa división y en la mayoría de la gente importa más esa etiqueta que la coherencia entre lo que se haga y se proclame. En nuestro caso, el enemigo es interior, pero bien vale la definición que citas.
    Un abrazo

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    1. Y aquí también el enemigo es interior, el que llevamos unos y otros que no hemos dialogado lo suficiente las últimas décadas, donde los partidos tradicionales, sobre todo el heredero del antiguo régimen, se han sentido emperadores de la Democracia, donde no se ha querido modificar nada en la Constitución, donde el ajuste de cuentas con el pasado ha sido mediano y mediocre, donde las minorías resentidas del nacionalismo han cundido en unos casos con una violencia inusitada y en otros, salvo que cambien, llevan camino de ella. La cultura política resulta ajena a gran parte de la población y la cultura en general también. Muchos solo entienden por cultura los elementos etnocéntricos y tradicionales de su pueblo o región, y así no se va a ninguna parte teniendo en cuenta el presente ya mundializado que vivimos y el futuro que no se sabe de qué pie cojeará en el esquema global.

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  3. Les define su odio al disidente. Arrogantes paletos.

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    1. La persecución, aún de baja intensidad pero de bastante presión, sobre el disidente parece que va a más. Llamar al otro fascista solo porque no apoya la ideología nacionalista me parece un mal camino. De entrada es falsedad decir eso. Si es un ejemplo del rostro nacionalista que los hados nos cojan preparados. ¿Dónde la culta y ejemplar Cataluña?

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