domingo, 16 de julio de 2017

Un punto de inflexión da al hombre la ilusión




Los 60 fueron un punto de inflexión en la historia de la cultura europea. ¿O fue la minifalda como símbolo lo que supuso esa inflexión? Probablemente. Aunque acaso también de contrición. La fotografía de Cartier Bresson me parece de manual de historia, más que de fotografía, que también. Pero es que una buena fotografía es siempre una página poderosa de historia, de estética, de antropología, de etología, de análisis de conductas... De relato de los días y las noches de los humanos, vamos. Dos mujeres, tan próximas como distantes. Una observando con una mirada de censura, sospecho. ¿Tal vez de envidia? Otra, ensimismada en su prensa que, no sé por qué me parece que es otro periódico, menos conservador que el de la señora de edad. Sobre las formas de vestir de ambas, lo dejo al criterio libre. Casi resulta increíble cómo una manera de vestir pudiera estar ya marcando distancias, abriendo visiones -¿o era esa minifalda reflejo de la revuelta de las ideas y de los comportamientos?- y trazando ya una nueva época más vertiginosa en todos los órdenes.

Así que emulando al texto del Tenorio habrá que decir que un punto de inflexión da al alma la salvación. O simplemente la ilusión reforzante y soñadora. Me parece más acertado decir esto que aquello de la contrición, algo que parte de la admisión del pecado y de la culpa, viejas ideas de doctrinas caducas y negadoras del ser humano. Y es que la inflexión -geométrica o social- implica siempre una corrección de la línea a seguir. Desde entonces, en materia de costumbres, en nuestro ámbito occidental las cosas cambiaron lo suyo. En España, a paso lento pero irreversible también.



(Fotografía de Cartier Bresson)


8 comentarios:

  1. A muchas de las que entonces lucíamos minifaldas con cierta donosura el paso del tiempo nos ha convertido en unas petardas de pro y a "los bufanderos" de entonces idem eadem idem. Y si una vieja del presente se plantara la minifalda de antaño, suponiendo que cupiera en ella, resultaría una ofensa ante cualquier visión estética y si un viejales pretendiera marcar paquete resultaría verdosamente irrisorio. La ceguera, desafortunadamente prolifera con la edad entre los ....digamos que "peor avisados". Sin embargo parece que asumir el deterioro suele sumar una cierta dignidad, invisible por supuesto.....pero todos votamos, mire vd. qué bien!! Conviene comer para llegar a viejos y si encima listos o tontos, guapos o feos conseguimos reírnos a mandíbula batiente de nosotros mismos hasta puede que nos hallamos topado con "El Dorado".

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    1. Mire usted, que te quiten lo bailao. Recuerdo que en mi ciudad debía haber una chica ¡una! que rompía cánones hacia 1966 vistiendo, con falda mini y con pelo de colores. Era denostada por católicos y comunistas. Tuve la fortuna de tratarla de cerca porque era novieta de un amigo mío. Mi reconocimiento para su audacia. Por cierto, ignoro que fue de su vida y no puedo certificar en modo alguno si ahora va de petarda, igual ni la reconozco si me cruzo con ella.

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  2. Creo ver en la mirada de la señora más de envidia que de censura. No es raro sentirla cuando, como bien deja entrever emejota, el espejo nos remarca el paso del tiempo cruelmente, aunque el consuelo de sabernos con más experiencia intenta compensar la desazón que nos produce tener que reconocer semejante desgaste.
    Pero bueno, de eso se trata la vida: evolucionar y madurar.
    Un abrazo

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    1. Podría haber montado la frase: "Una observando con una mirada de envidia, sospecho. ¿Tal vez de censura?" Lo digo porque en esta vida ambos conceptos van unidos. Gran parte de las veces que se censura algo es sin motivos racionales y sí por envidia, sea en los entornos familiares o en la prensa o en las tertulias. No hay que temer al espejo del tiempo, por Zeus. Hoy somos como somos y a mucha honra. De la señora mayor uno no se pregunta nada porque cabe deducir que esté muerta. De la joven uno puede aún jugar a calcular su imagen presente, pues por edad aún puede vivir. Pero ese palmito a lo Cartier Bresson, ¡nada menos que Cartier Bresson! es todo un pasaporte sin fecha.

      Nada de lamentar, que dones aún hay muchos al alcance, ea.
      Un abrazo, Neo.

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  3. Sin duda que es una mirada de envidia.
    La foto es muy buena, si la minifalda la vistiera la señora del sombrero, probablemente nos gustaría más, la audacia sería mayor y ya sabemos que el atrevimiento y la audacia son valores estéticos.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. La historia es la historia, y no me imagino a la señora con la minifalda de la joven, salvo que la señora fuera la joven por cuanto ya no sería la señora. El asunto es doble: Si la señora llevara la mini ¿tendríamos la misma o análoga percepción estética? O más bien ¿no resultaría algo patético? Y segundo: ¿es la audacia suficiente patente de corso para garantizar la estética, sea cual sea la edad?

      Ah, chi lo sá.

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    2. Amigo Fackel, nada es patente de corso y menos aún en lo que a estética se refiere. Me imagino la señora del sombrero en minifalda: cierta pérdida de tersura, alguna desproporción flácida, una coloración apergaminada, un contraste con el ornamento más o menos victoriano; siempre una perplejidad formal.
      Si la señora llevara minifalda, probablemente sentiríamos un rechazo, más o menos contenido, quizás la percepción estética sería algo parecido a lo que sentimos ante lo kitch, ¿es feísmo?, en todo caso es un aspecto de la estética.
      Ah, chi lo sá.
      Abrazos
      Francesc Cornadó

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    3. Se me ocurre...oye, con la realidad virtual esta de los ordenadores, el photoshop, etc., igual se podría hacer una prueba de trucaje...

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