sábado, 16 de enero de 2016

Desnudeces. Microplanta






















Mi plantita callejera seguía hoy ahí. Me acerqué y le pregunté: ¿eres una especie salvaje? Ella me miró extrañada. Simplemente vivo. Más allá no sé qué soy, me respondió. Yo insistí: ¿No te importa no saber nada más, por qué estás aquí, por qué eres tan menuda, si vas a crecer, cuánto vas a durar...? La plantita: No. Pero en cualquier momento puede venir alguien de mi especie y arrancarte de cuajo o ser ahogada por los gases de los coches, traté de hacerla razonar. Pero ella me dijo con calma y dulzura: No me preocupa nada de lo que parece preocuparte a ti. Y yo: ¿Por qué te muestras tan insensible? Me dio la impresión de que la planta se erguía levemente: Precisamente porque no soy insensible, porque resisto en mi insignificancia y porque conozco mis limitaciones puedo afirmar que ni soy ingenua ni perversa. Eso me aporta felicidad, algo que difícilmente debéis conocer los de vuestra especie, me contestó con humilde altivez. No supe qué más decir a la plantita  y continué mi camino.



(Sugiero leer este artículo de Jordi Soler aparecido hoy en El País:



 

6 comentarios:

  1. Lo mejor de todo es que cuando faltamos, ellas vuelven: la naturaleza es terca. Más que nosotros. Y tiene más tiempo que nosotros.

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    1. La terquedad de las múltiples vidas que apoyándose unas en otras o incluso sobreponiéndose sobre otras insisten en perdurar, aunque lo efímero también se ceba en ellas.

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  2. Me gustaría alcanzar ese grado de sabiduría...
    =)

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    1. Inténtalo, Neo, debemos intentar conocer nuestros límites y superar la alienación, todo aquello que nos hace creer que somos pero que no.

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  3. Las hojas de esa plantita tan psrlanchina me recuerdan algún tipo de cardo. Bravo por la clorofila. Y usted ándese con cuidado que algunas producen urticaria cuanto menos!!!

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    1. Hablo con ellas pero no interfiero sus vidas, solo escucho.

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