martes, 10 de junio de 2014

Imaginario, 85.




Bajo la bóveda del lugar soterrado un estuco representaba a un hombre y una mujer con ricos vestidos elevando una copa de vino moscatel. Ambos se sonreían con complicidad en la penumbra y giraban sus rostros hacia mí ofreciéndome el cáliz. Es la eternidad, me proponían en su lengua arcaica. Yo rehusaba. Prefiero lo inmediato, les respondía humilde.



No hay comentarios:

Publicar un comentario