jueves, 2 de enero de 2014

Diario del dos (atardecer)











En un pasaje de la novela el protagonista exclama: No me abandones, la noche es muy cerrada. No recibe contestación y otra persona se apresura y cierra de golpe la puerta, cuenta el narrador. Es lo que tiene que haya llovido tanto todo el día. Lees y te encuentras con portazos, noches oscuras y abandonos. El goteo en las cristaleras permite hacer paradas frecuentes. De la lectura, de la cocina, de las visitas inesperadas, de las llamadas inoportunas. Es absorbente su contemplación. Dibujos que no cesan. Poesía visual quizás. Tanta humedad fractal cala hasta en las páginas del libro. Pienso en el abandono. ¿Llega de fuera o emerge desde dentro de uno mismo? ¿Uno se da de bruces con él o lo que se produce es un reencuentro con la defección puesto que ya la llevaba implícita en el intento? Pero ese recurso de la noche cerrada, tan usado, tan gastado. La soledad es la boca del lobo. La soledad imprevista, impuesta, hace a los hombres temer la noche.



(Imagen de Javier López Rotella)


4 comentarios:

  1. Una prosa certera, que elocuentemente llega a la conclusión de que el temor más genuino está implícito en la soledad.
    un abrazo

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    1. Claro...y en el dolor sobre todo, en el dolor.

      Sigamos.

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  2. Tanta noche cerrada, en efecto, para una boca del lobo siempre tan abierta.
    Creo que en general solemos labrar ritual y laboriosamente las condiciones para lograr que se exterioriorice un derrumbamiento interno: el del abandono definitivo que traemos de partida con nosotros.
    Por lo demás, la soledad está abarrotada de gente: la condena consiste en que no logran avistarse entre ellos. A lo sumo podrían consolarse entre sí: "¡No estás solo: nosotros también lo estamos!", si acaso pudieran escucharse...

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    1. Labramos las condiciones, pero a veces las situaciones nos cogen por sorpresa. E incluso aunque no nos cojan nos cuesta hacernos a la idea. Esa tendencia con que vivimos de que vamos a ser poco menos que eternos, de que siempre avanzamos, de que siempre nos fortalecemos...¿Ilusiones? Que los derrumbes parciales no amenacen nunca el derrumbe total, aunque antes o después alguno hay definitivo...Consolarse en la soledad de los demás: una actitud al uso, que me recuerda aquello de "mal de muchos..." La vida.

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