domingo, 2 de octubre de 2011

lo que fue



revolviendo cajones ha dado con una foto rancia; tiene setenta y cinco años de existencia justamente; no reconoce a nadie porque este tipo de fotos, si no hay quien señale y diga éste es mengano y aquél es zutano, parecen fotos de cartón piedra; fotos de ficción, como si los personajes no hubieran existido; y tal es la sensación que tiene cuando recorre con su mirada a cada uno de los personajes de ese tablado de la muerte, que no está seguro si es parte de una obra de teatro o fue una situación real; que se exhiben, no cabe duda; pero el fotógrafo no logra arrancar a ninguno de los presentes ni la más leve sonrisa; teatro no debe ser, puesto que tampoco se trasluce ese gesto relajado que los actores saben poner para que siempre quede claro que la obra es una cosa y los individuos que la escenifican es otra; y esa gravedad de cada jeta, esa severidad conspicua que delata que algo criminal deben estar tramando, esas mandíbulas prietas con las que sujetan sus temores y también sus odios, esas miradas inciertas y escasamente felices predispone a la peor de las interpretaciones; la aparición de armas, de cascos y de uniformes siniestros dan fe de la aventura despiadada y cruel en la que se hallaban embarcados contra otros españoles; ¿qué organizaban? ¿la batida nocturna? ¿una saca y su consiguiente paseo? ¿un ajusticiamiento sumario? ¿el reparto de bienes de los asesinados?; se queda estupefacto; nunca había visto tanta expresividad inexpresiva en una imagen de seres afeados por su opción abyecta; no quiere ni pensar en las aberrantes invocaciones que salieran de sus gargantas para justificar la barbarie; y aún hay gente hoy día a la que no le gusta que se abran las fosas de quienes perdieron la vida por la actitud visceral e inclemente de personajes como los que posan; decide no seguir registrando cajones; ya no hay nada que hacer

2 comentarios:

  1. Tiemblo,por experiencia familiar percibida en carne ajena, la mía. Beso.

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  2. No sabes cuánto lo siento, pero no sabes cuánto respeto esa memoria de quienes sufrieron la barbarie. Salvan la ceguera de la mayoría.

    Buena noche, Emejota.

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