jueves, 10 de junio de 2010

Aforismo del ocurrente


No puede dejar pasar sus ocurrencias. Si un verbo y un sustantivo se cruzan cuando va andando por la calle se para y busca el lápiz. Si cuando está con un amigo en un bar un adjetivo se adhiere al sustantivo o le sustituye ligeramente, se aparta con la excusa de ir al lavabo. Si al dejar correr el agua de la ducha sobre su cuerpo cansado ve venir dos verbos tensos que dividen por la mitad una oración apenas pergeñada escribe sobre el vaho de la mampara. Si en medio de la velocidad del tren de cercanías siente agolparse una ilación de verbos y de pronombres que se contradicen abandona el asiento en dirección contraria al destino y garabatea en combate con el movimiento tractor. Si cuando está comiendo oye una cascada de preposiciones que tratan de deshacer los tiempos conjugados abandona precipitadamente la mesa y traza en una servilleta una retahíla de conjunciones que intenten frenar el desvarío. Es un maniático de las ocurrencias. No es un domador de conceptos, pero activa los recursos de la sintaxis sin saber nunca si lo suyo es recoger la cosecha o prender fuego al campo para devastarlo.



(Fotografía de Jorge Molder)

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