domingo, 9 de agosto de 2009

La acacia



Se abre el silencio.

Contemplo la acacia.
Se cimbrea.
Es tu imagen.

Soy el aire.

El ramaje no deja de agitarse
y mi mirada no se desvía
a parte alguna.

Soy el viento.

Embate que no derriba ni una hoja
de su fronda.
Tan sólo la mece.

Soy el rumor.

Su cadencia agrada a mis sentidos.
Danza fértil
recubierta de soledades.

Soy el ritmo.

La complaciente savia
donde nos nutrimos día a día
piel a piel.

Soy la voz.

Lo que queda al anochecer
cuando los cuerpos borran
sus perfiles.

Soy la caricia.

La última expresión.
La letra invisible y definitiva
que nos interpreta.

Sólo soy el eco incesante.

2 comentarios:

  1. El eco incesante que percute...

    ¿Cómo llevas el verano, amigo?

    abrazos

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  2. Stalker, qué alegría. Sí, el eco es lo que queda de los viejos o de los nuevos sonidos. Su percusión es más o menos posible en función de las paredes o cavidades que recorra en su ascensión o en su descenso. Como ves, soy posibilista.

    Y creo que el verano me lleva a mi, lost in summer...jaj.

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