sábado, 5 de enero de 2008

Me gusta la vida (no obstante)


Remover los cajones. Registrar viejos objetos: abandonos, silencios, desusos, pérdidas. Apenas coger con los dedos cualquier cosa, por ejemplo un reloj. Venir a la memoria una larga cadenilla vinculada al ojal de un chaleco. Su depósito en un bolsillo y la consulta a tientas. El abuelo tenía que cumplir a rajatabla con los tiempos, y adaptarse. Que la ciudad, por muy antigua que fuera, ya no era el erial dejado atrás. Y cómo desde la esfera vidriosa enseña al niño el lenguaje sagrado de las horas. La aguja larga marca...la aguja corta indica...Y la manecilla que da cuerda, para que no se pare el ritmo, para que no se pare. Y el misterioso tictac que pone sobre los oídos del nieto un hálito de vida.
Releer de vez en cuando los Poemas humanos, de César Vallejo. Dedicarse uno a sí mismo, en una noche como la de hoy, el regalo de su vértigo expresivo, como aquel poema que canta...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, y siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.
Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!

4 comentarios:

  1. En el hueco de su mano izquierda anida un pájaro. Su vuelo nunca caerá en desuso.

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  2. Emulando a Vallejo

    Hoy también me gusta la vida menos
    ¿Menos que cuando?
    menos que cuando creí que me gustaba
    menos que cuando en la infancia
    menos que cuando soñé era más
    Ahora que espero menos
    también me gusta la vida
    Ahora que mi cuerpo me avisa más
    amo la vida menos
    Mentira
    ahora es cuando amo la vida
    antes no sé si la amaba
    la vivía.

    Un abrazo

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  3. ¿Cómo llegó vd. a verlo, si es tan diminuto y tan discreto, Par49?

    Olvido. Vallejo amaba extraordinariamente la vida, a pesar de su enfermedad, por eso la reñía tanto (a la vida) La vida tiene una parte metafísica (que está en ésta) y ésa es la que me sigue gustando, y de la que espero aún algo. No me gustan muchas cosas del entorno,de la especie, de lo acontecido... pero las posibilidades existen todavía (¿será eso la metafísica?)

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  4. Aviso a los navegantes en César Vallejo. En el Babelia de hoy sábado viene un artículo de Laura Restrepo curioso y anecdótico sobre César Vallejo y su tumba en París. "Hay madre en el mundo un sitio que se llama París..." escribió una vez a su madre. Etc.

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