viernes, 18 de mayo de 2007

Propuestas



(Variaciones XIV)

...Parar. Sentir otro aire sobre la piel. Ignorar el ruido. Soñar que las agujas del reloj giran en sentido inverso. O que no se mueven. Dejarse llevar por el tono cambiante del cielo. Sopesar las temperaturas que oscilan entre las horas tempranas y las agónicas. Imaginar a la muchedumbre que una vez existió. Advertir su inutilidad. Gozar de su ausencia. Proteger la propia sombra. Dejarse conducir por ella. Buscar un arroyo a cuya orilla escuchar la única composición posible. Sentarse un rato en el banco de un templo, fuera del horario turístico. Amanecer en un tren hacia un destino desconocido. Contemplar las escamas de plata y purpurina de la superficie del mar. Pasar una noche acogido por el oleaje que devora voluptuoso los acantilados. Sentirse arrasado por el viento en lo alto de un cerro, recorriendo las ruinas de un olvido. Contar las piedras sillares de un acueducto bajo la nieve. Acurrucarse bajo una higuera extensa. Perder el tiempo por los ribazos cogiendo endrinas y zarzamoras. Empaparse con el vacío. Detenerse en estaciones de paso y perder un día o dos en la población apetecida e imprevista. Embriagarse con el olor a tierra de una tormenta de verano. Caminar serenamente por sendas de sirga. Leer un cuento de Cortázar a una mujer en la cama. Una taza de café de par de mañana sobre una mesa de mármol. Escribir su propio periódico. Leer las propias noticias, justo las que no lo son. Apartarse de la necedad. Echar un pulso al pulso del cuerpo. Liberarse de la afectación. Independizarse del sometimiento a la rabia interior. Regatear la melancolía. Despeñar la ira desde la enorme montaña de propuestas que se hace...


La mujer lee la agenda que el hombre se sugiere a sí mismo. La lee en alta voz, mientras él ha bajado a por el periódico, siguiendo el ritual compulsivo. Le parece una cadencia de ensoñaciones que desde un hilo antiguo tejen todavía los deseos insatisfechos del presente. No va a tener calendario suficiente para cubrir sus expectativas, piensa para sí. ¿Será que el hombre lleva dentro un Narciso exigente y turbulento cuya identidad le hace sentirse desgraciado? Sabe que sólo se trata de una ocurrencia. Pero que podría no serlo. Que es un borrador, una lista de apuntes, unos fragmentos de literaturas que el hombre fantasea. Este personaje necesita otra vida, reflexiona. Este autor necesita conocer más en profundidad sus personajes íntimos, se dice. Tiene un problema de insolvencia con el tiempo, sospecha.


(Fotografía del estadounidense O. Winston Link)

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