domingo, 10 de septiembre de 2006

El espíritu en el armario

Leer a Thomas Bernhard siempre es un ejercicio esforzado, donde densidad y genialidad se combinan para sorpresa del lector. Su estilo, o te gusta o no te gusta. Pero como te haya cautivado una vez te arrastra para siempre. De paso por su obra El malogrado me topo con este párrafo apasionante:

"Hemos encerrado a los grandes pensadores en nuestros armarios de libros, desde los que, condenados para siempre a la ridiculez, nos miran fijamente, decía, pensé. Día y noche oigo los lamentos de los grandes pensadores, que hemos encerrado en nuestros armarios de libros, a esos ridículos grandes del espíritu, como cabezas reducidas tras el cristal, decía, pensé. Todas esas gentes han atentado contra la Naturaleza, decía, han cometido el crimen capital contra el espíritu, y por eso son castigadas y encerradas por nosotros para siempre en nuestros armarios de libros. Porque en nuestros armarios de libros se ahogan, ésa es la verdad. Nuestras bibliotecas son, por decirlo así, establecimientos penitenciarios, en los que hemos encerrado a nuestros grandes del espíritu, a Kant, como es natural, en una celda individual, como a Nietzsche, como a Schopenhauer, como a Pascal, como a Voltaire, como a Montaigne, a todos los muy grandes en celdas individuales, a todos los demás en celdas colectivas, pero a todos para siempre jamás, mi querido amigo, hasta el fin de los tiempos y para la eternidad, ésa es la verdad. Y ay de él si uno de esos criminales capitales se da a la fuga, se escapa, inmediatamente se le liquida y se le deja en ridículo, por decirlo así, ésa es la verdad. La Humanidad sabe protegerse contra todos esos, así llamados grandes del espíritu, decía, pensé. Al espíritu, donde quiera que aparece, se le liquida y se le encierra y, como es natural, siempre se le tacha enseguida de falta de espíritu..."

3 comentarios:

  1. ¡Rompamos las vitrinas!

    Gracias Fackel

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  2. Yo entiendo que en términos individuales el que quiere mantener uno de estos pensadores en el armario es porque le da la gana. ¿Que las sociedades que han devenido hasta ahora se han ido olvidando de ellos? Discutible, pero ciertamente las sociedades son muy pero que muy pragmáticas. Escogen cada vez aquel maestro o técnico del pensamiento que les sugiere o les sirve para su respaldo. Y hoy tal vez, no toquen. Por tocar no toca ya ni Marx, que es más reciente; bueno, a éste le momificaron incluso en sociedades que le habían colocado en los altares durante el siglo XX. Paradojas. Una duda, el pensamiento, ¿sirve para antes o para después?

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  3. Daniela: ¡Crash! ¿Será todo tan fácil?
    Pardo: Tu pregunta me llena de inquietud. Siempre quise pensar que el pensamiento tenía que servir para lo apriorístico. Seguir un camino, dejarnos llevar por una orientación, comprender para no errar. A veces pienso que el pragmatismo exacerbado que mencionas ignora el pensamiento. Se limita a establecer conductas también pragmáticas (seguridad, logros, beneficios, consecución de fines, etc... es una hidra de tantos nombres...) ¿No hay propósitos en el pensamiento de hoy día? ¿Ni siquiera habrá pensamientos? Como ves, sólo sé preguntar (me)

    Gracias por vuestro aporte, a ambos.

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