No es necesario que me lo recuerdes. Estoy destinada también al olvido, no solo a la desaparición. ¿Por qué dices desaparición en lugar de muerte? Por miedo a pronunciar la palabra fatídica. Pero decir muerte no implica muerte, solo es un término muy vulgar, al que no hay que temer ni en la conjugación de su verbo ni en la aceptación de un hecho. Lo sé. En realidad lo que me aflige de verdad es saber que cuando tú no estés yo no podré ser tampoco de nadie más. ¿Tanto te has acostumbrado a mí? Tanto me he hecho a ti, sí. Quieres decir que me ves como un objeto tuyo, del mismo modo que yo tengo mis propios objetos, incluyendo a los sujetos que me rodean que uno los convierte a lo largo de la vida en cosa cuando no en propiedad. No suena bien lo de cosa, tú sabrás, pero reconozco que eres mi objeto favorito, es evidente. Y en ese sentido te tomo o te dejo a mi libre capricho, ya te habrás dado cuenta. Lo que quieres decir es que no me has sido fiel sino cuando te ha apetecido, pero no me siento afectado porque ¿qué es la fidelidad sino un pacto circunstancial, un acuerdo que funciona mientras uno se significa a otro, una aceptación que se convierte en hastío? Cada cual lo verá como le plazca, pero míralo desde otro ángulo: que siempre he retornado a ti. No lo niego, la vuelta a un yo que tampoco he sido el mismo siempre. ¿Ves? Todos nos movemos, dudamos, elegimos o acabamos cediendo a la torpe normalidad. Porque nos da seguridad, ¿no crees? En mi caso no percibo sensaciones ni me asaltan pensamientos que no tengas tú, porque ¿creías acaso que las sombras éramos algo diferente a los hombres? No he pensado nunca eso, y ahora entiendo mejor tus cuitas respecto a tu destino. Ya, pues te diré que hay sombras que me dicen que hay otro mundo de sombras, de la ultra vida, que nos permite no desaparecer del todo. Servirá de poco, y ser sombra de otras sombras, aparte de una fantasía, tiene que ser de difícil aprehensión; al fin y al cabo sin la materia llamada cuerpo humano, con todas sus facetas y despliegues, no sabríais vivir. No creo eso que otras me cuentan, y menos cuando me hablan de que se trata de un lugar donde contarnos nuestras vivencias y gozar de la narración como si hubiera sido lo salvable de la vida. Para mí la narración es lo salvable de la vida, mientras se da esta, naturalmente, pero no en un mundo inexistente. Pienso igual que tú y lo que me parece más absurdo es que digan que si no estamos a gusto entre nosotras siempre podremos recurrir al señor de las sombras para ser armonizadas. Vaya remate tan ridículo se traen tus conocidas, quieren parecerse a algunos humanos con sus supercherías. De todos modos, ¿por qué tanto temor a que todos seamos algún día pasto del olvido? Al fin y al cabo, ¿que hemos sido para que nos merezcamos ser recordados?
*Fotografía de René Groebli.

Texto, poema y fotografía tienen una unidad conmovedora, digo conmovedora porque en lo primero que reparo es en el encabezamiento. Esos versos del poemario Cartas de Andrea de Azcuénaga del poeta Juan E. González se refieren a los diálogos consigo misma de una prisionera en un campo de exterminio en la provincia de Tucumán, Argentina, el Arsenal Miguel de Azcuénaga.
ResponderEliminarLa fotografía en un poderoso b/n tan bien elegida para acompañar los versos nos encamina al enigmático texto, un texto que bien podría ser un monólogo como un diálogo de sombras sublevadas para vencer el olvido.
Monólogo, diálogo...¿qué es una conversación, sea exterior o interior?
EliminarEse poeta, que leo a saltos pero con frecuencia, me gusta cómo escribe y los significados ocultos que también practica. Debió ser un personaje digno de conocer.
Imagen y texto; conmovedores.
ResponderEliminarCada cual debe buscar sus espacios emotivos y conmovedores dentro de sí. Hay que compensar la falta de sinceridad, compasión y bondad que esgrimen unos hombres contra otros.
EliminarLa parte final, creo, es la piedra angular del texto y en la que giran muchos de mis desvelos. ¿qué hemos hecho para ser recordados?, ¿de verdad nos lo merecemos? En el fondo todos seremos olvido, el cuadro más sublime, la música más conmovedora, con el paso del tiempo, siglos y siglos, también serán olvido.. El olvido es nuestra condición natural.
ResponderEliminarDejemos pendientes las preguntas, que seguirán en pie incluso cuando no estemos. Sobre el olvido podría debatirse mucho. Porque a cambio se habla mucho también de rescate, pero ¿es lo mismo?
EliminarEstamos condenados al olvido, aunque hay algunos poetas y escritores que creen haber alcanzado la eternidad con sus textos. Pero se engañan, solo queda la memoria del olvido.
ResponderEliminarBueno, en el mundo del arte en general, hay una presuntuosidad extrema. Apenas conozco algún escritor, ya que citas en concreto esa parte expresiva, que sea humilde e incluso casi anónimo. Y en gente que he conocido de pintura o actora de escena hay un ego exagerado.
Eliminar¿Importa mucho si caemos en el olvido más penoso o en el recordatorio que nos lleve a la morada de los dioses?
ResponderEliminarAl muerto no le importa nada. A los próximos el recuerdo va apagándoseles y todavía algo más significativo que recordar u olvidar es esa sensación, que yo tengo, de no haber conocido lo suficiente ni a los inmediatos, por ejemplo, los propios padres. A ver, que diga alguien cuánto ha sabido de sus padres más allá del trato paternofilial, que implica un juego de roles, sin negar por ello entrega, emotividad y cariño, si lo ha habido.
EliminarLos dioses serán todo lo eternos que quiera la imaginación humana que sean.
Que mayor satisfacción, que me digan que mi nieto más pequeño,es igualito a mi,aunque es rubio y y de ojos azules, muy guapo.
ResponderEliminarSaludos
Que te lo digan ahora, mientras puedas oír, emocionarte y sentir orgullo intimo. Después...
EliminarEsta última parte: por qué tanto temor a que todos seamos algún día pasto del olvido? Es la que a mi parecer es la verdaderamente significativa.
ResponderEliminarPienso que en cuanto me vaya, muchas de las caras de las fotos que tengo guardadas se irán conmigo porque ni mis hijos, ni nadie allegado las reconocerán.
Somos verdadero polvo.
Un saludo y mil gracias por lo de Cirlot ¡
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