viernes, 16 de octubre de 2026

El poema sobre un muerto entre tantos otros que escribió Edgar Lee Masters en su obra Antología de Spoon River

 


El escritor Edgar Lee Masters (1868-1950) es muy conocido en los Estados Unidos pero escasamente en nuestro país. Sin embargo Bartleby Editores nos proporcionó hace varios años una edición de su obra más célebre, Antología de Spoon River. Es un poemario que adquiere la forma de epitafios escritos en primera persona acerca de supuestos muertos. Cada poema lleva un nombre ficticio. A Lee Masters se le ocurrió leyendo las lápidas de las tumbas de diversos cementerios. Él mezclaba los nombres y a veces se inventaba un nombre o apellido junto a uno real. No son epitafios de una sola frase más o menos categórica. Son breves y sustanciosas descripciones de vidas. No vidas ejemplares, precisamente, ni de próceres, ni de personajes ilustres, ni de las élites del país o de provincias. Son una especie de auto reflexiones que gente común, ya fallecida, podría haber hecho sobre su existencia. Como Lee Masters no era precisamente un pacato moralista ni un conservador en ideas sociales y políticas se implica en sus poemas. Además, la experiencia profesional de ser abogado laboralista -había defendido causas de obreros sindicalistas, gente en huelga o inmigrantes- le proporcionó un bagaje amplio de penas y desdichas de la condición baja de la sociedad, digamos. Es uno de los libros elegidos por Nuccio Ordine para la selección que expone en su obra Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal.

He elegido el mismo poema que reproduce Ordine en su libro, aunque en este aparece incompleto, y lo tomo entero de la citada edición de Bartleby. Se titula George Gray.


George Gray

He estudiado muchas veces
el mármol que me han esculpido:
un barco con velas arriadas anclado en puerto.
En verdad no expresa mi destino
sino mi vida.
Pues se me ofreció el amor y temí su desengaño:
el dolor llamó a mi puerta, pero tuve miedo;
la ambición me reclamó y me asustó el riesgo.
Anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida.
Ahora sé que debemos desplegar las velas
y encarar los vientos del destino
dondequiera que nos lleven.
Puede acabar en locura darle sentido a la vida, 
pero la vida sin sentido es tortura
de la inquietud y del vago deseo...
Un barco que anhela el mar y le tiene siempre miedo.


A medida que leía el poema me venía a la mente otra poesía célebre, Ítaca, de Konstantinos Kaváfis, mucho más conocida, animosa y esperanzadora. Un compendio de buenos deseos utilizando la excusa del periplo de aquel Odiseo, y desarrollando un manual de recomendaciones para el saber vivir. Por el contrario, la lectura de la vida que se hacen varios difuntos, como este caso del imaginado George Gray, con la voz de Lee Masteers detrás, es otra cosa. Lo opuesto, lo no logrado. Autocrítica, desnudando su recorrido vital, compadeciéndose de sí mismos, advirtiendo lo poco que supieron aprovechar la existencia, los personajes extintos del poemario tienen sin embargo al final un punto de reflexión y, por lo tanto, de contrición, como si quedara de mensaje para otros vivientes que aún pueden corregir a tiempo. Que los primeros versos hablen del barco que le grabaron en la lápida, con velas recogidas y anclado al puerto, ya son en sí mismos un resumen de una vida. ¿Está la nave anclada porque ya no vive o porque nunca ha vivido satisfactoriamente cuando vivía? El poeta, desdoblándose en el tal Gray, va desgranando esencialmente su experiencia y haciendo un cómputo de lo pobre que fue para él vivir. Amor, dolor y ambición no han sido afrontados como deberían haber sido, y todo ello solo depara frustración y anulación pesonal. Que tuviera siempre presentes los anhelos por encontrar sentido demuestra que era consciente de ello, pero su incapacidad y falta de decisión y riesgo los dejaba en agua de borrajas. En las conclusiones finales, esa recapacitación conlleva también un afán de sobreponerse y de tomar la vida. Ya se lo decía Sancho a su amo Alonso Quijano cuando este se hallaba en las últimas: porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Sí, este poema de Lee Masters también tiene su moraleja y me parece un poema hermoso y estimulante.


*Fotografía de Edgar Lee Masters tomada de internet.

16 comentarios:

  1. Un exceso de tranquilidad en el no arriesgarse puede ser mortal.

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    1. Si solo fuera tranquilidad pasajera...Pero la que se instala con el desinterés, la falta de curiosidad y la indolencia suelen ser fatales.

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  2. No es aconsejable tomar en serio les reflexiones de los muertos; en el fondo intentan hacernos creer que aún siguen vivos y que han aprendido de sus errores.

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    1. No son ellos quienes nos hablan, sino las sombras.

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  3. La vida es eso: una odisea, un regreso a itaca o a lo que fuimos, con su camino llenos de lestrigones y de cíclopes.
    Buena idea esta de idear un poema a partir de lo que las lápidas nos cuentan o nos sugieren.
    Estoy por hacer una antología con las estupideces que sueltan por la boca algunos padres y madres de la patria que conozco, pero sería mucho más prosaico.
    Saludos.

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    1. Fíjate a qué extremos llega uno que ya no tengo claro si Ítaca existe como incentivo. Pero la metáfora, si te das cuenta invoca subrepticiamente a la Nada, lo que no fuimos antes de nacer y lo que no serés tras morir. Lo demás son ganas de ilusionarnos en vano.

      Sí, este Lee Masters fue muy ingenioso y creo que escribió más libros pero no cundieron con el éxito que este. Estos días ando tras un libro de poemas suyo, "Acta del juicio", que editó Pre-textos hace años y lo he pedido en la biblioteca, a ver de qué va.

      Hacer un desarrollo de estupideces, bien de paterfiliales de la patria o de más próximos, porque hay que ver la sarta de imbecilidad que cunde en conversaciones, que no diálogo, en los bares o en la calle, tiene sus riesgos no por ser prosaico sino porque darle belleza a tanta majadería no es fácil o yo no lo imagino.

      Un abrazo.

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  4. Fáckel, que el barco salga del puerto y vuelva cuántas más veces mejor.
    Muchas travesías.
    Salu2.

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    1. Y si nos estrellamos lo importante es salvarnos del naufragio. Cuántas veces no nos ha pasado y no por ello nos vamos a sucidar.

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  5. Todo quisque preguntándose por el sentido de la vida, cuando en realidad lo sensato sería indagar sobre su sinsentido.

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    1. Precisamente la ironía del bueno de Lee Masteers es que indaga sobre el sinsentido.

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  6. La colina

    ¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
    el pusilánime, el fortachón, el payaso, el bebedor, el camorrista?
    Duermen, están durmiendo todos en la colina.

    A uno se lo llevó una fiebre,
    otro se abrasó en una mina,
    a otro lo mataron en una reyerta,
    otro murió en la cárcel
    y el otro se cayó del puente en el que trabajaba para mantener a la familia.
    Duermen, duermen, están durmiendo todos en la colina.

    ¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
    la de buen corazón, el alma de cántaro, la vocinglera, la orgullosa, la feliz?
    Duermen, están durmiendo todas en la colina.

    Una murió de parto vergonzoso,
    otra, de mal de amores,
    otra, a manos de un cafre en un burdel,
    otra, de orgullo herido, por haber querido satisfacer los deseos del corazón,
    y a la otra, que había vivido lejos, en Londres y París,
    la trajeron a su palmo de tierra Ella y Kate y Mag.
    Duermen, duermen, están durmiendo todas en la colina.

    ¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily,
    y el viejo Towny Kincaid, y Sevigne Houghton,
    y el mayor Walker, que había conocido
    a los venerables hombres de la Revolución?1
    Duermen, están durmiendo todos en la colina.

    Les habían devuelto a los hijos muertos de la guerra,
    a las hijas aplastadas por la vida,
    con hijos sin padre, llorando.
    Duermen, están durmiendo todos en la colina.

    ¿Dónde está el viejo Jones, el violinista,
    que se lo pasó en grande los noventa años que vivió,
    desafiando la cellisca a pecho descubierto,
    bebiendo, alborotando, sin pensar nunca en la mujer ni en la familia,
    ni en el dinero, ni en el amor, ni en el cielo?
    ¡Míralo!, recordando las antiguas comilonas,
    las carreras de caballos de antaño en Clary’s Grove,
    lo que dijo una vez
    Abe Lincoln en Springfield.

    ELM


    Chiloé

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    1. Ese es el primer poema con que se abre la "Antología de Spoon River". Debería figurar en el capitolio de Washington entre las descripciones sobre la sociedad e historia estadounidense. Muy aguda tú.

      Bienvenida a la resurrección por estos pagos.

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  7. La melancolía es, sin lugar a dudas, el mal de la época, con ella vienen asociada la depresión, el aumento del consumo de psicofármacos y suicidios (o intentos de...), y nadie parece encontrar la forma de salir de ella. En el hipotético caso de alguien esté buscándolo.

    Saludos,
    J.

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    1. Tal vez ahora se dé más la melancolía. Demasiadas propuestas de posesión y de hacerse significar ante otros individuos y ante nosotros mismos, sin lograr alcanzarlo ni estar a la altura de los modelos que nos proponen. Eso crea insatisfacciones, complejos y abandono de las propias fuerzas. La lasitud impera, la desconexión crece, el nihilismo burdo se impone dentro de uno. Enfermizo, peligroso y no solo para el melancólico. Saludos.

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  8. Reconozco que no he leído a este poeta. A tener en cuenta.
    Gracias

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    1. Hay tantos que no hemos leído. Tampoco yo he sabido de él hasta hace poco. Gracias a ti.

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