martes, 1 de septiembre de 2026

La vida por delante hasta que no la haya

 


Impertinente pero no ciega. ¿Piensas vivir muchos años más?, me pregunta. En la opacidad de su rostro se adivina un rictus sardónico. Sabe que es una cuestión que suele perseguirnos al común de los mortales a medida que la cifra se nos va engrosando. La medida del tiempo. Si lo que quieres saber es si pienso en el futuro, le digo, te respondo que el futuro se me nubla cada día más. Antes el futuro era prever. Hoy se ha convertido en prevenir. Antes era lo que nos movía en cada acto del presente. Ahora es lo que nos paraliza, aunque por inercia sigamos ciertos movimientos. En otra época lo veíamos como proyección. En estos momentos nos conformamos con asegurarnos que no estamos peor de lo que podríamos estar. Te escabulles de mi pregunta, dice la insolente. Con ilusiones reducidas o con esperanzas escasas, la inercia ha encontrado matrimonio con tu bagaje, y te mantiene. La sombra aborta un conato de risa, porque aunque incordia me quiere paciente. Faltaría más, salto. ¿Para qué voy a negar que en parte me nutro de la recreación del tiempo de atrás? ¿Te parece poco dedicar una porción de las horas a interpretar lo vivido? Pero eso, ¿de qué te sirve?, replica ya zahiriendo. Me sirve, digo. Veo el valor de las cosas de otra manera que no pude ver entonces. Entiendo mejor los conceptos básicos que ahora adquieren dimensión honda. El buen y el mal obrar, por ejemplo. El esfuerzo o la indolencia. La generosidad o el egoísmo. La compasión o la impiedad. La voluntad o el abandono. Aprendimos una vez a escribir gracias a una cierta caligrafía, ¿no? Pero también a base de tropiezos, de mala letra, de emborronar papeles, de fallar abruptamente en ortografías. Pues de manera semejante hemos ido recorriendo los años. Unas veces corrigiendo y en la mayoría de ocasiones errando nuevamente. Quién sabe si mi error actual es dar demasiadas vueltas a un repaso de las vivencias y, sobre todo, de los comportamientos que me involucraron. De lo desacertado salía a continuación en muchas ocasiones una oportunidad constructiva. Lo que pareció fácil produjo otras veces una falsa visión que me hacía tumbarme a la bartola. La comodidad pasaba factura y el interés por las cosas abría nuevas posibilidades. Simples ejemplos, nada simples por cierto. Todo ha sido así. Sigues sin darme una respuesta válida, insiste la muy procaz. Pero, a ver, ¿a ti qué lo mismo te da saber si me planteo vivir mucho tiempo más? ¿Es que uno se puede plantear algo sobre lo que desconoce? Además, si te vas a ir detrás cuando yo me vaya. Y solo pensar que una vez muerto acaso no me haya librado de ti me revuelve las vísceras. De pronto la sombra se entristece. No había caído en ello. Estoy tan acostumbrada como tú a la vida que no me hago a la idea.


*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.



14 comentarios:

  1. "Estoy tan acostumbrada como tú a la vida que no me hago a la idea"...A diferencia de la sombra yo sí me hago a la idea, siempre me hecho a la idea de que desapareceré. No me produce ningún temor y pienso que mi ciclo aquí tiene que tener un final digno, por lo que lo único que me preocupa es no llegar a mas años con mas deterioro. No necesito mas años, lo que necesito es un final rápido.

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    1. Puedo ratificar tu opinión y, por lo tanto, la hago mía.

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  2. Después de esta vida, hay otra para los creyentes, así que no me preocupa este asunto.. Si, si está la he vivido con dignidad y no me he dejado una asignatura pendiente. Hago un repaso y creo que las aprobé todas y con nota. Me lo confirman cada día, mis 8 nietos.
    Saludos

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    1. Pero no olvides que, según tu creencia, será el Sumo Hacedor quien lo valore. Tendrás que esperar la decisión final, ¿no?

      Me ha recordado tu comentario que mi madre siempre me contaba que debido a lo que había hecho por los heridos y enfermos cuando la guerra, pues fue enfermera y de buen talante anímico, tenía sobradamente ganado el cielo. Siempre respeté su visión.

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  3. No,si te acuerdas de la asignatura de Religión,Cristo murió en la Cruz por todos,creyentes y no creyentes.Tu madre,creo que todas,se merecen estar en el mejor lugar del cielo y mas las que pasaron la guerra civil y luego los años del hambre.
    Saludos

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    1. Mira, yo me conformo con que mi madre esté, como está, en mi mente y estoy seguro que si ella lo supiera se sentiría salvada.

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  4. Fáckel:
    ¡menudo golpe le has asestado a la sombra! ¡Eso sí que no se lo esperaba! ¡Por muy prepotente que se crea, su destino va ligado al cuerpo del que depende! ¡Que se le bajen los humos!
    Salu2.

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  5. ¿Quién puede planear la duración de lo que desconoce? Vivimos sin saber que moriremos, y esa ignorancia —la que Roy Batty no tuvo— es nuestro último privilegio. La sombra lo sabe. Por eso, cuando imagina que también ella desaparecerá, se entristece. Está tan habituada a la vida como nosotros. Y como decia mi padre. Para lo que hacemos ya estamos bien aqui.
    Saludos

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    1. La inercia del vivir tiene presunción de eternidad. Este es un término exaltado pero inexistente, al menos para cada individuo de la especie que sea. Y de las obras que los humanos han ido haciendo a lo largo del tiempo. Pero vivimos adscritos a esa presunción, al menos mientras no tenemos síntomas de males, nos mantenemos más o menos lustrosos y activos, hasta que el desgaste va haciendo mella y las ilusiones se vuelven más vanas que nunca. Esa frase de tu padre me recuerda a otra delmío: "Para lo que hace uno aquí...", comentaba a suas noventa avanzados, pero resistía y aguantaba, alguna ilusión tendría, siquiera la existencia de quienes le rodeaban.

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  6. En la infancia todo queda lejos: la dad adulta, la vejez, la muerte... Todo es lejano y ajeno.
    Saludos.

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    1. La infancia es un mundo fuera de este mundo. El mundo de los mayores era ajeno. Tal vez por eso a la edad provecta recurrimos a pensar tanto en aquella edad perdida hoy pero bien hallada en su momento.

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  7. El espíritu infantil no debemos abandonarlo, me lo paso muy bien jugando con mis dos nietos, los pequeños.
    Saludos

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    1. Eso por supuesto. Reconozco que yo a veces me tengo que controlar porque me sale esa tendencia infantil o juvenil, que fue más gamberra, y es que uno no puede evitarlo a la primera si es que determinadas circunstancias lo propician..

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