No he sentido nunca otro cuerpo como he sentido el tuyo. Se lo dijo a bocarrajo. Cuando menos se lo esperaba él, en un intento de desarmar su pasividad, de cuestionar su indolencia, de frenar su entrega a la decrepitud. El hombre hizo una mueca de duda. ¿Lo dices porque me percibes ahora más débil? Ella no se aguantó. Lo digo porque creo que nunca te he fallado, dijo con aplomo. Han pasado más cuerpos que el mío por el tuyo, le replicó el otro. Pero ninguno se quedó y tú seguiste y yo permanecí. El hombre se revuelve. ¿Qué viste en los otros que no te diera yo si también te lo daba todo? No preguntes qué viste, dice ella exigente, sino qué sentí, qué lozanía me aportaban, qué ideales me sugerían, qué llamas sabían encender para que yo prendiera y no me agotara, qué deslumbramientos sostenían mi esperanza de que nada transcurriera definitivamente. Yo también aporté todo eso, dice él con tono apocado. Tu cuerpo era el mío. Le sorprende una reacción enérgica, implacable. Todos los cuerpos pasan siempre por uno mismo, ¿no te das cuenta o estás ciego? Cada hombre que fuiste, cada edad en la que me acompañaste, cada ternura con la que me envolviste, cada situación crítica de la que me hiciste cómplice, cada desdén ocasional también, dibujan a través del tiempo de la memoria un cuerpo único todavía, al que ya no sé alcanzar y me cuesta reconocer. Sigues siendo el cuerpo que necesito pero tú no sabes llegar a mí con la seducción de cada una de aquellas edades en las que me acogiste. La vida no es una fotografía fija. El hombre ha agachado la cabeza. La sombra ha callado.
*Forografía de René Groebli.

Mientras la mujer enumera llamas, ideales, deslumbramientos y esperanzas, el hombre va reduciéndose hasta acabar con la cabeza agachada y el silencio. Ese final, con «La sombra ha callado», resulta hermoso y desolador a la vez: no sabemos si calla la muerte, la memoria o simplemente la parte de nosotros que ya ha renunciado a seguir seduciendo a la vida.
ResponderEliminarLa sombra sabe.
EliminarPara bien o para mal hay dos cosas que siempre nos acompañan: la propia sombra y la memoria.
ResponderEliminarSaludos.
Pueden ser la misma.
EliminarNunca sintió otro cuerpo igual, sería de papel, cartón o latón, cualquiera sabe. La carne, carne es.
ResponderEliminarSaludos
Y es todo.
EliminarNo hay comparación más odiosa que la que pueda plantearle una mujer, con historia a su actual amante. Sea cual sea el motivo de esa comparación. Nada como ese diálogo puede ocasionar más inseguridad. Quizás por eso el mítico valor de la virginidad, sigue vigente y por algunos, muy deseado.
ResponderEliminarPuede que un diálogo de ese tipo o aproximado pueda salir de la boca de una mujer también, sí; supongo.
EliminarPersonalmente creo que no hay cosa peor que vivir del pasado y recordarlo permanentemente como mejor. Queda poco tiempo, así que prefiero lo que tenga que venir.
ResponderEliminarRecordar lo que sea del pasado no es vivir de él. Recordar lo que sea del pasado no es verlo como mejor. Solo un matiz: que en el pasado fuimos más jóvenes y por regla general con mejor salud y disposición del cuerpo, por no decir estado anímico. Sobre lo que quede por llegar, mejor no hacer cábalas, y cada cual sabe lo que tiene que prever.
EliminarEsa sombra solo dice que no estuvo a la altura en momentos determinados, ley de vida.
ResponderEliminarEs que debe ser muy difícil incluso para una sombra.
EliminarHay tantas cosas que no son la vida, como una fotografía fija, que terminamos definiéndola por la negativa...
ResponderEliminarSaludos,
J.
"La vida no es una fotografía fija", però voldríem que fos així.
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