"Soy eco de algo.
Lo estrechan mis brazos siendo aire,
Lo miran mis ojos siendo sombra,
Lo besan mis labios siendo sueño".
Luis Cernuda. Donde habite el olvido.
Venimos de la nada, iremos a la nada, ¿y mientras qué? La sombra enuncia categórica, siempre ahí tan implacable en sus juicios. La sombra que no cesa de soltar su retahíla, de contestarse a sí misma. Y mientras esto. Un algo, un señuelo, una aparición. Actos de una obra. Escenas de un celuloide de carne. Episodios de oralidades. Y os lo creéis todo. Siento que en ocasiones ella me abruma. Si no la tengo en consideración se venga. Si la doy pábulo se aprovecha y me pontifica. Mientras tanto, digo, la supervivencia. No es poco, si se sabe utilizar con cierta imaginación. Sobrevivir es un abanico que se despliega desde la resignación hasta la rebeldía. Las más de las veces no se mueve, no airea. Se limita a aceptar lo inerte. Mientras, siempre mientras, todo se va arrugando. Los recuerdos, los individuos, las palabras, las intenciones. En ocasiones tengo la sensación de que hubiera una vuelta al principio del tiempo vivido, pero sin las mismas fuerzas, sin el lozano rostro, sin el vigor de aquel hálito temprano. Sobrevivir nunca fue precisamente un ejercicio paradisíaco. Avances y resistencias, pulsos y rendiciones, pasos en falso y terrenos ganados al azar. Pero de edén, nada. Ni lo hubo, ni lo habrá. ¿Por qué los humanos, a través de todos sus mitos, han necesitado expresar que una vez se dispuso de un origen feliz? La sombra, que me ha escuchado, sonríe traidora. Me aprieta las tuercas con su patético lógos. Los hombres quieren lo que no tienen. Lo que tienen es siempre esfuerzo, lucha, padecimientos, choque. Dolor, en fin. ¿El placer, el disfrute, la bondad, la satisfacción? Flores de un día que cuando creen que más lucen se ajan. A veces me dan ganas de insultar a mi sombra. Esa persistencia en recordarme la condición humana es cabal pero tiene cierta alevosía. Cuando me pilla frágil se me impone. Cuando tengo humor llevadero me indigna. ¿Sabes qué hago cuando repaso lo vivido?, le digo no sin increpación. Y con ganas me quedo de decirle que entonces la ignoro, pero temo su reacción. Lo que hago es recrear las imágenes de contento y de deleite que he disfrutado. Revisar los momentos de contemplación o de pensamiento o de encuentro. Recuperar los sentidos de la memoria que, con una fidelidad puesta a prueba, me hagan revivir. Un paisaje, un texto, una piel, un cuerpo, otra persona. ¿No tenemos derecho a mantener en la lid contra la vejez una apariencia de los viejos amadores de la vida?
*Fotografía de Picasso con Silvette.

Pienso que en realidad es un acto reivindicativo frente al vacío del ser, lo que Sartre llamaba "Nada".
ResponderEliminarResignarse no es lo óptimo, creo que lo que conviene a ciertas edades es ser capaces de rescatar lo vivido, y de seguir pudiendo tener en la memoria aquellos ratos que consideramos "los mejores" de nuestra vida.
Por supuesto, estoy de acuerdo contigo. Y en la medida de lo posible seguir entendiendo algo de los tiempos veloces que nos desbordan.
EliminarFáckel:
ResponderEliminarcreo que la sombra se permite ser tan categórica y tan insolente porque no ha vivido de verdad, siempre depende del cuerpo, ya se por delante o por detrás.
Si tuviese que asarse las castañas sola, otro gallo le (tu dirías "la") cantaría.
Salu2.
La sombra no está tanto fuera del cuerpo -este es una proyección meramente física- como dentro de él.
EliminarVenimos de la nada y volveremos a la nada, pero el intervalo no es un simple trámite. En ese mientras, la sombra insiste: nos recuerda lo que somos, nos contradice, nos vigila. A veces abruma, a veces pontifica, a veces se venga si no la escuchamos. Y aun así, seguimos. Sobrevivimos. No por heroísmo, sino por esa mezcla de resignación y rebeldía que sostiene a los humanos desde que empezaron a contarse historias.
ResponderEliminarQuizás vivir, sea solo un instante entre dos lloros, el de sorpresa y el de desesperación.
Comparto tu opinión y cabal criterio. El intervalo, lo que llamamos toda la vida, es un mientras tanto. Mientras intentamos adaptarnos a cada tiempo vital que nos va tocando, mientras nos relacionamos, mientras proyectamos sueños e ilusiones, unas veces recogidos y otros desperdiciados. Mientras intentamos entender cada paso, unos dejándose animar por fantasías que no explican nada y otros esforzándose por medir cada conducta y época que nos toca. Etcétera. Mientras tanto llegaremos al final, y entonces nos dará lo mismo. Lo mejor será entonces tener la sensación de que se ha vivido en las mejores condiciones de gratitud, bondad y colaboración con los otros de la especie.
EliminarHabrá que esperar a que el lloro de la supuesta desesperación sea algo más mesurado y con cierta satisfacción, algo que borre la angustia.
La sombra eres tú sin arrugas, pero también se encoge y después desaparecerá.
ResponderEliminar"Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris".
No nos tenemos que reducir a cero. Vivir con conciencia de la importancia que tiene lo cualitativo y no tanto lo cuantitativo. Y poder haber constatado que hemos sido también, o sobre todo, polvo enamorado. De todo lo que ha merecido la pena enamorarse.
EliminarVenimos de la nada, iremos a la nada, y mientras tanto, la mayoría, somos nada. O ni siquiera eso.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Lo de antes, que no nos reduzcamos a cero. Lo de ser nada tendremos que matizarlo cada uno de nosotros. ¿Nada para nosotros mismos? Obviamente para un sistema donde domina lo mercantil y productivista somos lo que somos, cifra, dato, consumidor, productor, hoy te uso mañana prescindo de ti. Lo que nos digan para llevarnos al huerto es publicidad, adorno, camelo. Pero a ello se presta infinidad de gente. Estemos y seamos para nosotros e ignoremos en lo posible el trato al que nos someta la rueda de los intereses espurios. Saludo.
EliminarEl tiempo que no viví antes de mi nacimiento no lo recuerdo, tampoco recordaré el que venga tras mi muerte. La vida es solo un paréntesis en medio del olvido. Solo temo al dolor.
ResponderEliminarSaludos.
Es que ni antes ni después de haber vivido hay tiempo en cada uno de nosotros. El otro tiempo, el objetivo, el ajeno, ni nos fue antes de nacer ni nos irá tras morirnos. Quién no teme al dolor en cualquiera del tránsito de ese paréntesis.
Eliminar