Desde hace unos días me persigue una sombra que no reconozco como mía. No es ni buena ni mala, es diferente. Tengo la impresión de que sortea mi cuerpo. De que va a su aire. Que se mueve en dirección contraria a mis movimientos y exagera mis formas. Sé que es la mía porque no se ve otra en el entorno. Y porque mantiene un estilo y un aire que son los que me caracterizan. No es exactamente distorsión lo suyo, pero trata de hacerme creer que soy yo el desubicado. La contemplo divertido porque trae rupturismo a mi existencia. Aunque ella no sepa que uno ha vivido en permanente ruptura desde que le parieron. Encuentros y desencuentros conmigo mismo, podría ser la enunciación que explique una vida más. Una cualquiera. ¿Les sucederá a otros? Intuyo la respuesta y no me inquieta demasiado obtenerla. A estas alturas la sombra de mi sombra ha superado casi todos los complejos. Esa sombra no es reflejo de mí, soy yo reflejo de ella. La luz intensa que trae el alba del estío proyecta una imagen más opaca pero no menos auténtica. Obsesión por una claridad que nunca acaba de mostrar con suficiente transparencia lo que hay. A veces esta sombra finge o se oculta. Adquiere sobredimensión y agita sus extremidades para despistarme. Como si dijera ¿ves? no eres tú, tengo vida propia. O de pronto giro la cabeza y ella no está, aun sabiendo que el espacio en el que permanezco debería proyectarla. Una sombra juguetona, me digo. Pero a la vez me desasosiego. ¿Y si ella soy yo y yo su sombra?, discurro de nuevo. Al doblar la esquina me he encontrado con Peter Schlemihl, dando grandes zancadas, turbado y alarmado. ¿También tú la buscas?, le he preguntado. Pero no he preguntado en la lengua de Goethe y no me ha entendido. O ha disimulado. Por preocupación o por vergüenza.

Jung ya nos explico que no conviene luchar contra la sombra, hay que aceptarla, integrarla en lo que somos. Cuando lo haces, cuando la comprendes, la sombra puede ayudarnos a ser mejores, pero si la ocultas, si la escondes, entonces la sombra ocupará todo lo que eres, te convertirás en sombra.
ResponderEliminarNo se puede perder la sombra de uno, ni mucho menos cederla o cambiarla. Siempre cerca de ti, como prolongación
ResponderEliminarTampoco que te digan, que eres un mala sombra
Saludos
Siempre he estado afirmando de que en muchas ocasiones las sombras se equivocan de dueño.
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