Mi intención es fugarme. El esclavo Virto hizo la confidencia a su mejor amigo. Yo, que no nací para esclavizarme ni a una divinidad ni a una idea ni a un poder ni a un explotador he decidido arriesgarme. Cualquier destino, aun jugándome el todo por el todo con la fatalidad, antes que el de ir mermando el cuerpo y destrozando la vida en este lóbrego lugar y bajo estos tiranos. Llévame contigo, bien sabes que mi aguante ha tocado techo, replicó Tertius. Aunque me consideres una posible rémora, pues mi salud me tiene con escasas fuerzas, te acompañaré. Te serviré de cebo si nos persiguen. Haré de centinela en nuestros reposos. Me abandonaré por el camino si voy a suponer peligro para ti. Si debo perecer que sea en una apuesta libre. Si llegamos a otro territorio donde nos admitan a pesar de nuestra procedencia, lo celebraremos. Virto no se esperaba la petición de su compañero de penurias. Dudó un instante pero consideró enseguida que Tertius merecía una oportunidad, ya que la vida le había negado casi todas. Creo haber encontrado el hueco por donde escapar. Donde apenas hay control y aunque el lugar es escarpado y puedes quedar al descubierto es el camino más corto para salir de este infierno. Si aparece algún guardián no debemos dudar en hacer uso de nuestra fuerza. Si lanzan a los perros tras nosotros deberemos correr más que ellos o despistarlos con alguna treta. Si nos cortan el camino y nos vemos atrapados en el acantilado solo tendremos una salida, sumamente aventurada pero esperanzadora. Al océano no nos seguirán. Tercius le escuchó anhelante y a la vez temeroso. No me cuentes más, compañero. No quiero ver los riesgos sino apaciguar las ganas mientras llega el momento. Saldremos de esta. Por cierto, Virto, ¿sabes hacia dónde nos dirigiremos? Virto afirmó con la cabeza. No conozco demasiado este territorio, pero confía en mí. Por aquí hay gente que ha viajado con comerciantes de Oriente y me ha hablado de las vías terrestres y de las rutas marinas. Ahora piensa solo en escapar y librarnos de estos grilletes. Herreros que no son fieles a nuestros tiranos los hay por todas partes. Nativos que ayudan a los evadidos son frecuentes.
Virto, despierta, nos toca el relevo. Despierta antes de que llegue el arreador. Vamos, que el oro no espera. Virto estira de mala manera los hombros y agita pesadamente la cabeza. ¿El oro?, dice abúlico con una voz aguardentosa y seca. El oro está bien en las entrañas de la tierra, Tercius. Los que no pueden esperar son nuestros amos. También son esclavos de su avidez, pero a nosotros nos toca lo peor. Tengo los tobillos hinchados y estos hierros se me clavan cada día más. Estabas profundamente dormido, Virto, ¿que soñabas? Virto sonríe con amargura a su compañero. Soñaba, dice, lo imposible.
* Grilletes de esclavos en las minas romanas de la península. Museo Arqueológico Nacional. Madrid.

Un comentario que resuma la esencia del texto: dos almas oprimidas que, aún agotadas, siguen aferrándose al sueño imposible de la libertad. Un relato breve, pero intenso sobre la dignidad que resiste incluso cuando todo parece perdido.
ResponderEliminarPor cierto, sería posible un tamaño mayor de letra Gracias.
Saludos
Apruebo y me sumo a la petición, gracias.
EliminarNo entiendo muy bien, yo veo bastante legible el tamaño de la letra, no sé qué deciros. No la he cambiado nunca.
EliminarQue nunca he tocado la plantilla. Tal vez esté algo obsoleta, va a cumplir veinte años y ha habido cambios a los que este blog acaso no se ha acogido.
EliminarUn buen relato. ¡Cuántos lo habrán intentado!
ResponderEliminarSalu2, Fáckel.
Cuántos habrán perecido en el intento.
EliminarA liberdade pode parecer impossível...mas nunca devemos deixar de tentar....
ResponderEliminarBeijos e abraços
Marta
La libertad es una ilusión. Por supuesto, existe la libertad de los márgenes, que acaso es la que disfrutamos.
EliminarNo me imagino a los esclavos de casa, de toda la vida, alguna te dio de mamar incluso, con esos hierros.
ResponderEliminarSaludos
Seguramente. Hubo esclavas que nutrieron a reyes.
EliminarDura vida la del esclavo, sobre todo los de las minas o los remeros de las trirremes, no nos hacemos idea.
ResponderEliminarAnder. Saludos.
Yo cuando trato de hacerme idea de esa situación que citas la desecho enseguida, tanto pavor como repugnancia me da.
EliminarHay grilletes que no son físicos, y pueden ser tan opresivos como los que nos señalas.
ResponderEliminarNo sé si tan opresivos pero sí onerosos. Y si además son físicos ni te cuento.
EliminarCreo que para ansiar la libertad hay que haberla conocido, al menos, escuchar hablar de ella. Se me ocurre que quien nacía esclavo pensaba e imaginaba como esclavo, aceptándolo como destino y quizás ni se planteaba escapar. Ese es el mayor poder que tienen los que esclavizan: cuentan con el sometimiento de los esclavos a los que han quitado hasta la posibilidad de soñar. De ahi la importancia de los que habiendo vivido antes sin cadenas, fueron llevados a la esclavitud como castigo o trofeo. Ellos sí tenían el impulso para rebelarse y querer escapar. Y así la semilla de la libertad germinaba. Un abrazo
ResponderEliminarLo más terrible tenía que ser para quienes hubieran nacido libres en otro país o sociedad y se encontrara de pronto, como resultado de una conquista del invasor, en estado de esclavitud. Pero no estoy seguro que hablar en pasado sea suficiente. Hoy aún existe esclavitud. Y esta ha sido ejercicio de dominadoresentre los que también cuentan los poderes que se han dado en nuestro país. En líneas generales tienes razón, Neo.
EliminarLos peores grilletes son los que no se ven.
ResponderEliminarSaludos.
Estos perviven hoy día y los hay tan incautos que se creen que porque tienen capacidad de consumo son libres.
EliminarUn gran relato, gracias... me ha gustado eso de que todos, hasta los amos, son esclavos de algo. Claro, no todos sufren igual, pero todos sueñan con imposibles.
ResponderEliminarPero no es lo mismo, ciertamente. Hablamos a la ligera de la esclavitud moral o metafórica, pero estar picando piedra, sacando mineral o remando con grilletes tuvo que ser una infamia total. Los sueños de los poderosos o de las clases medias, hombre, vamos a hacerlo más próximo, o del proletariado actual que no se tiene por tal, vamos a acercarnos más, siguen, seguimos, con nuestros imposibles.
EliminarTengo muchos conocidos que se ofenden profundamente cuando les digo que son (somos) obreros. ¿Cómo voy a ser obrero?, exclaman, si tengo estudios, si trabajo en una oficina.. Creo que no han entendido nada de lo que se nos viene encima...
EliminarLa rabia y los sueños, al final es lo único que nos queda, y parece que estamos dispuestos a vendarlas por unas pocas monedas.
Precisamente por no entender nada ni del pasado ni del presente, o por no querer entender, van a poosicionarse en contra de sus propios intereses.
EliminarDe rabia y de sueños estamos sobrantes, tal vez algunos no sabemos percibir otra cosa. Porque tener esperanza se vuelve cada vez más improbable. Y sí, vendemos nuestra primogenitura por el plato de lentejas. Y ojo, que estas son importantes, pero con dignidad no con agachar la cabeza.
Al menos estos no gritan: ¡Viva las cadenas!
ResponderEliminarPues las encuestas políticas al día demuestran que muchos siguen proclamando aquel grito falaz. Nuestra sociedad. vamos, mucha parte de ella, sigue invocando nuevos absolutismos y que cada palo aguante su vela y luego vaya usted a reclamar al maestro armero, ya sabes.
EliminarLa libertad soñada... ya es un paso.
ResponderEliminarEn los sueños se dan muchos pasos, sí.
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