"Hay que dar vuelta el tiempo como la taba,
el que no cambia todo no cambia nada".
Alfredo Zitarrosa. Canción Triunfo agrario. 1978
¿Y si todo hubiera sido como en la canción del uruguayo? ¿Y si aquellos intentos no fueron vanos? ¿Y si del error provienen algunas correcciones que luego no se han sabido o podido mantener? Mirando el devenir de los acontecimientos se interpreta lo que llamamos historia. Mirando la intención que congeló aquello tan al uso verbal y manoseado que dice el fin justifica los medios se interpreta la narrativa vivida. Pero esta es también historia, dirás. Sí. Una historia realizada pero a la vez frustrada. Una historia vivida pero apagada. Los objetivos partían de intensas pero frágiles ilusiones. El esfuerzo nacía de la necesidad. Pero las posibilidades se nutrían de errores de cálculo. Y todo resultaba la expresión de la rabia, de la no aceptación de lo existente, de la fe en lugar de la razón. Del equívoco entre probabilidad y posibilidad. Pero ahora lo piensas en la distancia, en lo cambiante que ha sido todo, y te preguntas que si no se hubiera intentado precisamente un todo, ¿se habría logrado algo? No quieres obtener una respuesta que te deje tranquilo, que te haga creer que mereció la pena el riesgo, el desatino, las pérdidas. El atisbo de una incierta luz. Fue así, sin más, te dices, te justificas. Te consuelas. Nadie de cuantos hicieron el intento desde puntos de vista diferentes, si bien convergentes, puede asegurarse el acierto. Ni la salida estaba en nuestras manos, ni había respuestas realistas a la situación de un mundo más complicado que no podíamos intuir en todo su verismo. Pero cada paso propio fue también, no sé si consecuencia o casualidad, un paso ajeno. Y un paso sobre todo obligado, para bien o para mal, en quienes siempre sujetan el tiempo de todos. Puede que el fallo venga de ese espejismo de creer que podemos controlar los tiempos. Porque el tiempo siempre es plural. Y no necesariamente, o mejor dicho, casi nunca, acaso sea el nuestro el que marcan desde otro ámbito los personajes de la oscuridad. ¿Aparecimos entonces y aparecerán otros en otro momento, cuestionando los personajes y la trama de esa oscuridad?
La foto está raída, no solo desgastada. Alguien, acaso el trasiego de los días, tal vez una mano negra, ha querido ir borrando desde su torso a la mujer joven. Pero el rostro permanece con la plenitud de su edad. Hacia quién dirige la sonrisa el arco de esos labios. Con qué luz se alumbra el inferior de sus pómulos. Qué extraño rictus ensaya inconscientemente. En qué objeto deposita la mirada como un intento entre distraído y expectante. Por qué el enmascaramiento en torno a sus ojos los hace más luminosos. La raya de sus abundantes cabellos ¿es horizontal o vertical? Separa su melena como si fuese el reflejo de los dos hemisferios que dividen su cerebro oculto. ¿Qué preservará su mente que aparenta encontrarse en otra parte? Hay todo un mundo en su pose en ebullición y ella quiere disimularlo. ¿Será el instante captado un esbozo del porvenir o una puerta cerrada que ha obviado al pasado? 'Cuando todo pasa / surges silenciosa y abierta como un río', tomo estas palabras cantadas por el poeta que conociste.
*Fotografía familiar hallada en un baúl de los recuerdos.

Fáckel:
ResponderEliminar¡supongo que hay tantas formas de enfrentarse al pasado!
¿Por qué hice aquello? ¿Por qué no lo hice? Y en ese plan.
Uno se acuerda de Piaf y entona ese je ne regrette rien intentando repetir esa erre parisiense. También se puede ir a lo castizo y repetir que me quiten lo bailao, a lo hecho, pecho.
Salu2.
Cierto, con tus símiles has reflejado bien las inquietudes de los que vamos avanzando en edad. Saludo.
EliminarHay algo profundamente íntimo en una fotografía desgastada por el tacto. Pienso en los dedos que intentaban, de alguna forma, atravesar el papel y tocar el recuerdo.
ResponderEliminarEsos mismos dedos cuidaron de no tocar el rostro para no desdibujarlo.
Nadie es dueño de sus recuerdos, pero una imágen puede hacer realidad que los recuerdos aparezcan, con ello la nostalgia de lo que pudo haber sido, y lo que es, hoy, de otra manera jamás pensada.
Procuraré no tocar el rostro, no quiero desvanecer aquello con lo que una vez soñé.
Qué emotivo estás, me agrada eso.Las fotos son símbolos de una manera u otra. No solo las personas reflejadas en ellas nos hablan. También las situaciones, las maneras de vestir, el marco donde se agrupa la gente. Sirven para recordar y para falsear. Para añorar y para lamentar. A las fotos se puede aplicar, recuerda, lo de Magritte: esto no es una pipa.
EliminarCon esos ojos tan bonitos, con esa mirada tan inocente, mira su futuro con alegría.
ResponderEliminarEs la misma que observamos, si hacemos un repaso al álbum de fotos familiar, de tiempos pasados.
Un buen escrito, que mueve sentimientos, esa chica puede ser perfectamente mi hija.
Saludos
Si supiéramos del futuro del personaje fotografiado, ¿qué conclusiones sacaríamos? Muchas veces pensamos al ver una antigua imagen de alguien que no ha vuelto a estar en nuestra vida: ¿qué habrá sido de él o de ella? Aunque lo primero que me pregunto siempre es: ¿vivirá o habrá fallecido?
EliminarQué extrañas me resultan esas fotografías, pequeños enigmas de cartón, qué nos quieren decir desde el pasado, qué sueños tuvo, ¿los cumplió? Y, sobre todo, ¿quién la salvo del olvido tras tantos años y porqué?
ResponderEliminarAhora una IA te puede dejar esa fotografía como si hubiese sido tomada ayer, lo cual es casi más inquietante, la verdad.
Pueden paracer las fotos antiguas extrañas pero muchas de ellas tienen expresiones que nos entrañan más bien. Y esas preguntas son obvias. Sueños y realidad ¿irían de la mano o chocarían en la persona fotografiada? ¿Fue a mejor o a peor? ¿Atravesó dificultades y las superó o pereció en ellas? A veces una foto se salva del olvido por casualidad. Alguien la guardó, luego pasó a otra mano, en fin, las secuencia de los tiempos familiares.
EliminarLo de IA alterando imágenes me espanta.
Está bien una introspección del pasado personal pero solo si sirve para entender o para superar complejos o para dejar de lamentar. Los que vivimos con mayor o menor intensidad una utopía tenemos más posbilidades de comprender el presente pero siempre que superemos cada ángulo muerto de aquella etapa utópica.
ResponderEliminarSaludos. Ander.
Aunque no haya introspección personal, Ander, contemplar una imagen de otro tiempo que ha estado vinculada a nuestra vida o al entorno al que pertenecemos es siempre algo un tanto sacro. Sobre todo si nos reconocemos de algún modo en un estilo de vida, en una expresividad, no digo ya si es alguien más próximo e íntimo. Sobre la utopía del pasado, mi incredulidad actual la comprende y aún la encuentra formalmente bella, pero muchas veces me pregunto: ¿sirvió para algo? Y pienso en la respuesta de Zitarrosa.
EliminarZitarrosa como buen cantor y poeta popular lo sabía, en la taba como en la vida puede tocar suerte o puede tocar culo.
ResponderEliminarEl tiempo anterior puede reinterpretarse también, a favor o en contra de los intereses pasados.
Abrazos
Es decir, que va a ser verdad que la vida es un juego de tabas. Por cierto, recuerdo ver jugar en otros tiempos a este juego a las chicas pero no a los chicos. ¿Por qué aquí sería cosa de roles?
EliminarLa interpretación del tiempo, o la reinterpretación, suele darse de manera contradictoria. Los intereses siempre han tenido más de tentación que de aceptación.
El escrito nace de la foto, como si cada frase fuera un hilo que sale directamente de esa imagen detenida en su propio silencio. La escena —tan quieta que parece escuchar— se convierte en el eje alrededor del cual giran tus palabras, como planetas que buscan su órbita. Me gusta cómo dejas que la foto dicte el ritmo: su luz, su sombra, ese gesto mínimo que apenas se insinúa… todo ello se filtra en tu prosa y la vuelve más líquida, más nocturna. Leyéndote, uno tiene la sensación de entrar en la imagen, de caminar por dentro de ella, como si el texto fuese la prolongación natural de lo que la foto calla. Un escrito que no acompaña la imagen: la habita.
ResponderEliminarZitarrosa de fondo, no cambio todo, no cambio nada, pero lo intentó.
Saludos
Son extraordinarias las viejas fotografías, desafían el tiempo por haber sido realizadas a la vieja usanza: con carrete, máquina manual y revelado en laboratorio, tomándose el tiempo con mimo para adquirir el contraste buscado; en este caso como se puede apreciar usaron un papel con brillo, de buen gramaje por eso el deterioro ha dejado felizmente intacto el rostro. Un rostro que por su maquillaje y peinado nos hace sospechar una fecha, quizá pisando los años setenta, años de rebeliones y utopías, sueños con mundos mejores y revoluciones para romperlo todo, marchas de la bronca de cantautores de la época y tantas cosas más.
ResponderEliminarElla, me gusta, esa mirada entre desafiante segura de sí misma y seductora, imagino mira al centro del objetivo en el instante preciso que el fotógrafo dispara para inmortalizarla.
Quizá hoy ella piense: quién me quitará lo bailado?