Si tuviera que rebuscar en mi pasado, ¿cuál sería la primera imagen de la que conservo recuerdo? ¿Una comida forzada por la madre? ¿Un paseo por la barca del lago del parque? ¿Una visita que me causaba distanciamiento y miedo? ¿El frescor del arroyo a cuya orilla nací? ¿Una voz paternal severa pero afectuosa? ¿El sabor del primer lapicero con el que tracé borratajos? Y si de pronto creo saber cuál es el primer recuerdo, ¿existió realmente aquello o es una ficción construida posteriormente por mi mente? Y entonces pienso en cuánto tiene la vida transcurrida de vida vivida y padecida o de existencia imaginada, si no soñada, e inatrapable. Pero, al fin y al cabo, puesto que lo imaginado y lo onírico son también vivencias que nos nutren y nos forman, desprovistas de nuestro control y transgrediendo la conciencia, ¿no es esa tan diversa y múltiple pluralidad lo que nos transforma día a día en una condición maravillosa, no obstante sus luces y sombras? No me gusta usar mucho el sustantivo maravilla o el adjetivo maravilloso porque caer en su repetición es desvirtuarlos, como poco, prostituirlos o anular su sentido si se va más allá. Además son términos que a fuerza de invocar tópica y frecuentemente reducen el contenido de aquello que realmente debe ser objeto de prodigio y consecuentemente de admiración. Pero este hombre que no recuerda con precisión el proceder de un hecho o conducta primigenios se esfuerza en ocasiones, caprichosamente, en horadar su pasado con una tuneladora limitada. No llegará nunca al origen. Y las proximidades al mismo apenas serán ráfagas pasajeras, que no podrá retener, pero que le llamarán la atención. Buscar claves del hoy sobre destellos de la memoria de un ayer disperso no suele acabar en una revelación efectiva. Todo esto se me iba ocurriendo a medida que contemplaba las innumerables formas de cerámica ática expuestas que los griegos elaboraron para contarnos sus vidas y sus sueños. Sus mitos geniales expresados con comportamientos humanos exquisitos. Las figuras negras sobre fondo rojo y las figuras rojas sobre fondo negro paridas por unas manos que imagino delicadas, precisas, imaginativas, virtuosas del detalle. ¿Manos y mentes de mujer o de hombre? ¿O de ambos? Al fin y al cabo, vidas tras las vidas. Cuentos tras los cuentos. Naturalezas transformadas sobre naturalezas más primigenias.
*Copa ática -kylix- del Museo Arqueológico Nacional. Madrid.

Para mi, el recuerdo imborrable, es entrar en "la amiga" de los años cuarenta y no tener una sillita para sentarme, aún me produce escalofríos
ResponderEliminarPD :la amiga, era una especie de guardería, de esos años,
Saludos
¿Y no sientes una especie de envidia sana? Porque, al menos para mí, las guarderías o coles de ahora no tienen nada que ver con lo existente en mi infancia, que era más gris, austero, con ciertas fotografías presidiendo el ámbito.
EliminarEs un tema al que vuelvo muy a menudo, me alegra compartirlo :) Creo que, en el fondo, no recordamos nada realmente, todo lo que tenemos ha pasado por el filtro del cerebro, de nuestros sentimientos, por los recuerdos de otras personas que nos dijeron que ese día llevábamos un pantalón corto y lloramos a la puerta de la guardería. Asimilamos todo eso, lo juntamos y montamos una historia a la que llamamos vida...
ResponderEliminar¿Cuánto de todo eso es nuestro o es prestado?, ¿cuánto real? No creo que haya forma de saberlo.
Pero siempre hay imágenes fijas y sospecho que no alteradas. Ahora recuerdo una de mi abuelo y yo intercambiándonos alguna cosilla, yo con seis años. Y podría reproducir la pelliza que llevaba puesta y la boina calda. Pero ciertamente, en el relato de las vivencias individuales ocurre parecido a los relastos de la historia. Nos han contado, se ha ido contando, e incremetando el contenido y derivándolo de ordinario por otros detalles. En efecto, no todo lo que llama,os vida es vida experimentada, sino en mucha parte ficcionada. La ficción nos acompaña como la sombra. Y no hay forma de saber la diferencia, no.
EliminarMuchos de los recuerdos primigenios son fruto de la reconstruccción y reiteración en ser contadas, por los que fueron mis adultos en la infancia.
ResponderEliminarBien, vamos coincidiendo todos en ese aspecto. Ya se encargaron las madres sobre todo de contarnos a medida que crecíamos episodios del pasado. Pero ¿transmitían linealmente o hacían ya narración?
EliminarNarración, por supuesto, todo pasa por su reinterpretación en lenguaje adulto.
EliminarObviamente. De ahí que nos pasemos la vida intentando separar lo que hay de original o de copia en nuestro pasado.
EliminarUn dibujo a los 4 años, en una cartulina negra con tinta china blanca. Era un malecon con una casa encima y una barca a la izquierda en el mar. Mi relación con la tinta china viene de lejos, y aún sigue.
ResponderEliminarMuy interesante. También mis recuerdos antiguos van vinculados a la tinta y a la caligrafía, a los chapones y a la rotura de hojas. Por cierto, no olvidemos las primeras lecturas con un progenitor al lado y la manía lógica de leer señalando con el dedo las palabras, que a mí me quitaron muy pronto.
EliminarPárvulitos. Las cartillas donde hacía palotes. La cartera compartida con mi hermano mayor. El impermeable colgado de la percha del aula. Llovía mucho en el Madrid de los años 50/ 60.
ResponderEliminarSaludos.
Pues mira, yo los palotes no recuerdo, que seguro que los haría, y por cierto, gran parte de los recuerdos, por lo que veo en vuestros comentarios, se resaltan por el espacio escolar. Claro, pasábamos tanto tiempo en él...
EliminarTengo un amigo muy apreciado que es psicólogo y dice que si fuera posible (que evidentemente no lo es) comparar el relato que nos sirve la memoria sobre un momento concreto de nuestra vida pasada, especialmente la de la infancia o adolescencia, con lo acontecido realmente, esos profesionales de la mente, tendrían una base para el estudio que sería mucho mejor que el psicoanálisis.
ResponderEliminarY podría ser una autoterapia perfecta. Creo que quien más o quien menos lo intentamos, acaso solo comparando ficción con ficción. Jugando con aquello que fue, o creímos que fue, con lo que hubiéramos deseado que fuera. Uno sigue buscando claves bajo las piedras de la memoria, me gusta hacerlo y me resulta provechoso. Pero ya sabes, algo que encuentras allí te conduce a otra pista por donde seguir indagando. Porque en el pasado hubo tantos secretos en nuestro entorno...
EliminarNadie es dueño de sus pensamientos, estos nos asaltan a placer, y en ocasiones nos hacen prisioneros.
ResponderEliminarSaludos
Ciertamente. Porque ¿somos autores de nuestros pensamientos o ellos nos inventan a nosotros?
EliminarOs pensamentos vivem em nós... cada pessoa interpreta-os de forma diferente....
ResponderEliminarComo quando colocamos tinta numa folha de papel e a dobramos ao meio....posso ver uma borboleta, mas há quem veja um elefante...
Beijos e abraços
Marta
Buen símil. Qué difícil es interpretar. La mayor parte de las veces lo que se da es aproximación a una interpretación. Saúde.
EliminarComo la memoria es un arma de dos filos y no se sabe a ciencia cierta si vivimos lo que recordamos o lo imaginamos solamente conviene tomar los recuerdos a nuestro capricho. Al fin y al cabo son muy útiles en la vejez.
ResponderEliminarAnder
Y muy consoladores. Preferimos con frecuencia aceptar de los recuerdos lo que nos agrada o queremos que nos agrade, porque la verdad además de complicada es casi siempre dura.
EliminarLa imatge de la "tuneladora limitada" que no arribarà mai a l'origen és molt bona. Tampoc se sap l'origen d'aquesta ceràmica, feta per home o dona.
ResponderEliminarEso de la tuneladora es una obsesión mía. Prospectar en el pasado, bien personal o colectivo, me obsesiona, lo reconozco.
EliminarDe muchos artesanos, artistas, de la cerámica griega se saben nombres y lugares. Es infinita. E insuperable.