viernes, 20 de febrero de 2026

O aquí o allá, la voz queda del ermitaño

 


O lo tomas o lo dejas. Así me habló el ermitaño. O aquí o allá, peroró nuevamente. Como yo mostrara cierta confusión por tanta disyuntiva solo dijo: ya lo entenderás. Qué deberé entender, repliqué con prudencia escasamente interrogativa. La vida, musitó ambiguo. Pero, ¿acaso hay vida en tu cueva?, respondí brutalmente, lo reconozco. Ya lo entenderás, me devolvió de nuevo con más énfasis, casi amenazante. Luego se adentró por un largo pasillo ganado por la oscuridad y le perdí de vista. 

Aquel lugar no tenía confort mínimo alguno para los tiempos que vivimos. El anacoreta había buscado a propósito un espacio imaginario que le recordase el agujero de quienes se aislaban del mundo en épocas pretéritas y devastadoras. No era ruinoso pero sí se hallaba muy deteriorado y los corredores conducían todos ellos a estancias menudas y bastante tenebrosas. Aquel edificio, si se caracterizaba por algo era por la ausencia de voces. Un refugio para perderse de la vida humana o para perecer del todo en él, me dije.

Volví al cabo de unos días. Me apetecía fotografiar ciertas dependencias abandonadas que conservaban toscas bóvedas de arista, probablemente refectorios, cillas o la sala capitular. La reducción de luz que los constructores que seguían los modelos del Claraval habían conformado al levantar la estructura de aquel ámbito no facilitaba la misión. Solo cuando salió el sol y sus haces se hicieron valer allí dentro admiré el contraste y le di al clic, con mis dudas sobre la calidad de la imagen. En medio de tanta soledad hizo su aparición de nuevo el anacoreta. Has vuelto, dijo al recibirme. ¿Vienes también a quedarte o solo una curiosidad malsana te ha traído de nuevo hasta aquí? Le hubiera contestado que por qué la curiosidad tiene que ser malsana, pero caí en la cuenta de que el tipo no era un hombre de amplia conversación. No obstante opté por la plática. ¿Por qué debería quedarme? Ya te lo sugerí la otra vez, respondió conciso. ¿O no has pensado en ello? Si dejas el mundo del ruido habitarás tu verdadero mundo. Si, por otra parte, prefieres intoxicarte día tras días para vivir en la confusión, habrás elegido el lado de la muerte en vida. Asceta, eres un maximalista irredento. Porque entonces, ¿qué haces tú con una calavera en la mano? ¿No estás evocando también la muerte en vida? ¿No estás viviendo el vacío total, perdido en un deseo malsano? ¿No vas contra natura? ¿Sacrificas tu personalidad humana, haciendo dejación de tu capacidad de pensamiento constructivo? En fin, ¿reduces la vida a la muerte?

Ante la cascada de preguntas que no esperaban, por cierto, respuesta, pues eran más bien una regañina que probablemente no tenía derecho a echarle, el cenobita respondió ejemplarmente. Con su silencio. De pronto se traicionó, replicando agitado como quien protege un tesoro. No, no es una calavera cualquiera. Es mi libro de horas. Mi punto de reflexión. El soporte del sentido del tiempo que debo asumir. La mecánica del recuerdo. La herencia de una vida que se muestra hosca y sin satisfacciones. En este punto el hombre me hartó. Tu recuerdo no puede ser ese solamente, asceta. Habrás tenido un pasado como todos. Los humanos vivimos del pasado, con sus pros y sus contras, y ese bagaje nos da sentido, nos estimula para seguir, bien porque haya habido insatisfacciones en él y queramos corregir o porque nos haya gratificado tanto que nos estimule a seguir viviendo. Un engaño, dijo cortante el anacoreta. Lo real y el sentido resumido de las cosas, en cualquier tiempo de la vida, es lo que tengo en la mano. Y acarició aquel cráneo de mirada huidiza y turbia, como si se tratara de un ser necesitado de cariño.  

A continuación, el ermitaño calló del todo. Se levantó de su postura genuflexa, tosió aguda y repetidamente, se alejó moviendo sus harapos hacia la concavidad más alejada de mi vista. Salí a la luz del día. Que perezca en su rechazo a la vida si es su afán, pensé sin acritud. Huir no es vivir.



* Francisco de Zurbarán, La meditación de San Francisco, National Gallery de Londres. 


14 comentarios:

  1. Lo que hace el anacoreta es situarse en el umbral de la muerte. Es decir, en el paso previo que pueda darse al final de una vida. De esa manera cree él que el impacto letal va a ser mucho menos fuerte; pero claro, lo que hace realmente es renunciar a la luz, renunciar a la primavera, renunciar a la vida, renunciar a todo lo que la existencia tiene de bello o positivo. Una persona supuestamente joven. Una vida tirada a la basura.
    Saludos.

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    1. Por supuesto que el anacoreta renunciaba a tantas expresiones vitales. En su particular búsqueda, que en este caso era huida, él sabría por qué.

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  2. Si dejas el mundo del ruido, habitarás tu verdadero mundo. Si, por otra parte, prefieres intoxicarte día tras día para vivir en la confusión, habrás elegido el lado de la muerte en vida..., dice el anacoreta, que omite que la vida es actitud, riesgo, confrontación. Lo suyo no es vida.

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    1. No me atrevería a juzgar jamás este tipo de actitudes en el pasado histórico, que se ha dado en diversas culturas. Alguna clase de razón tendrían y no todo el mundo es capaz de afrontar la vida tal cual. Lo de los misticismos que pudiera haber, que no necesariamente iban vinculados a la vida eremita, es otro tema que también tiene su por qué y donde la moderna psicología cuando no la neurología nos aportará mucho.

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  3. En Córdoba existe "Las Ermitas", antiguamente habitadas por ermitaños, en diferentes ermitas separadas(pequeñas casitas, con lo mínimo para vivir).Entre montañas, chaparros, con vistas a la ciudad, pero silencio. Antes te dejaban entrar en una de ellas, para ver la cama(una tabla con patas),una mesita para leer, lo mas llamativo cilicios:latigo de cuerdas y nudos;cinturón de lo mismo
    Algunos eran por deseo de encontrar a Dios en la soledad otros lo fueron por castigo de un alto cargo eclesiástico, que evitaba así la cárcel. Por supuesto los que pintó Zurbarán, buscaban a Dios, basta mirar sus ojos a dónde están dirigidos, no se debe hacer juicios, lo hacían libremente.
    El lugar es precioso, lo podéis buscar en YouTube
    Saludos

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    1. He visitado algunos lugares de eremitas de la Castilla profunda, en algunos casos acompañados por iglesias espléndidas, en otros solo restos, donde hay incluso verdaderos agujeros en la tierra donde se sumergía el eremita de turno. Me viene a la mente algo así en la pequeña y extraordinaria iglesia de San Baudelio de Berlanga en Soria y en otros lugares de las Hoces del Duratón en Segovia e incluo en Suso en La Rioja, lo de San Millán de la Cogolla. No solo se trataba en ocasiones de aislarse de la vida de aldeas o ciudades sino incluso de la superficie. Tampoco hay que olvidar que en el pasado hubo tiempos muy peligrosos para el común de los mortales. Lo de la búsqueda de Dios no sé si sería objetivo principal en el eremita, pero en cualquier caso podría suponer la justificación, no digo que insincera, de su aislamiento. Reconozco que no conozco en profundidad el tema.

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  4. Tu relato me ha llevado a recordar lo dicho por Fray Luis de León: "Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido...". Y a lo dicho (por lo menos a él se le atribuye) por Catón el Viejo de que "Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo".

    Pienso que retirarse del mundanal ruido y abrazar la soledad de forma reflexiva tratando de buscar un sentido a este tinglado que es vivir, si es algo elegido, puede ser una forma de exploración interior válida... Se me antoja peor situación la de quienes experimentan una soledad que los aplana en medio de multitudes... No sé, las experiencias personales elegidas libremente y asépticamente pertenecen a una esfera íntima que me abstengo de juzgar...

    Yo pienso que, es mi criterio personal, que la vida dentro de la marabunta social te proporciona más pruebas (a resolver y superar) que la apartada y reflexiva vida en una cueva. Pienso que el retiro puede venir bien como cura coyuntural de los estragos mentales que nos produce el exceso "de ruido" (exceso de información, exceso de intersecciones de opiniones, exceso de órdenes imperativas, etc.) y el mundanal ruido nos entrena más, nos proporciona más experiencias y nos otorga más experiencia.

    En fin, que el retiro puede estar bien siempre y cuando no sea para huir de sí mismo o de todos los miedos sociales a los que no somos capaces de enfrentarnos... Vivir es elegir, y cada cual echa sus dados según su buen criterio y contra las reglas que rigen el azar (valga la paradoja).



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    1. Sí, ¿quién no recuerda el poema de Fray Luis?

      ¡Qué descansada vida
      la del que huye el mundanal rüido,
      y sigue la escondida
      senda, por donde han ido
      los pocos sabios que en el mundo han sido!

      Naturalmente, interprétalo abiertamente, da qué pensar sobre la naturaleza del sabio y de la sabiduría. NO creo que Fray Luis tuviera en mente la ida de la huida del mundo total sino solo del ruido, algo que se nos propone a muchos diariamente cuando vemos la obcecación de controlarnos e imponernos por medios y redes el pensamiento ajeno, o mejor dicho, de los poderosos.

      Reconozcamos que llevar vida interior lo menos afectada posible en el marco de una sociedad y una vida que nos rodea bastante vertiginosa y complicada, cuando no neurótica, no es afán fácil. Pero escapar del mundo en plan eremita, ¿quién lo garantiza hoy? Viví un tiempo por una zona de apartados monjes, en el desierto de las Palmas, en Castellón, cuando ya solo quedaban ruinas, y ya hace años llegaba el ruido de las motos de los insolentes de turno que se creen dueños del paisaje y lo ocupan tranbsitoriamente. ¿Cómo concentrarse allí en algunos momentos del día? No queda Arcadia feliz de escape ni bajo las piedras, que puede haber litio o uranio y llegará la multinacional de turno para salvar el llamado progreso de la humanidad.

      También creo como tú que es en la vida cotidiana, en ese tráfago de influencias, presiones, medios mediáticos (valga esto), nerviosismos, etc., es donde hay que encarar y domeñar cuanto nos agita y buscar respuestas y conductas diferentes. Pero la presión es mucha y noo me extraña que las estadística den una tasa de suicidios alta. En mi ciudad, que apenas tiene 300.000 habitantes, se dieron en 2025 nada menos que 614 casos de intento de suicicidio, prácticamente ¡dos por día!

      Y no olvides que retiro provisional, escape temporal o cambio de ambiente, son algo diferente al espìrituo, digamos, del eremita tradicional que, además, buscaba fustigarse, en un encuentro con ese Dios que cada eremita pintaría a su imagen y semejanza psíquica.

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  5. Quando o ser humano se isola, em nada altera os parâmetros qur regulam a vida.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

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    1. Pero ellos se dan por contentos (o no) si se alteran sus propios parámetros que no sé si por eso son más sabios o simplemente egoístas. Salud, Juvenal.

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    2. Per a mi, "Lo real y el sentido resumido de las cosas" no és més que el que escric o llegeixo, a banda de totes les altres coses que faig amb la creativitat.

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    3. Es que, probablemente, esa particular realidad que señalas es la que te proporciona goce y razón de existir.

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  6. Así visto, sí que da la impresión de que los ermitaños huyen escudándose en sus creencias... Hay un punto de inflexión a destacar en tu relato: "Los humanos vivimos del pasado, con sus pros y sus contras, y ese bagaje nos da sentido, nos estimula para seguir, bien porque haya habido insatisfacciones en él y queramos corregir o porque nos haya gratificado tanto que nos estimule a seguir viviendo."
    Aunque habría que tener en cuenta que en la vida del asceta también existen múltiples complicaciones... no conversar por ejemplo... esa vida en soledad, ese silencio que tan bien recalca el fotógrafo de tu relato... cualquiera no es capaz de sostenerlo... Creo que entiendo a ambos, al que vive, y al que se retira para recrearse en su silencio interior...

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  7. Desde hace ya años, algunos monasterios aceptan huéspedes que pasan unos días compartiendo la vida monacal con su austeridad, sus horarios, sus rezos, su silencio... Y tiene éxito, hay quien se apunta y paga por ello. Quizá porque es temporal, pero sé de personas que han deseado quedarse, aunque su vida, sus obligaciones y su familia, se lo han impedido.

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