Yace. Duerme o simula que duerme. Incluso sueña o se abisma en imágenes que recrea. Permanece desnudo desprovisto de sus atributos y de su bagaje armígero. No parece él mismo. Asemeja a un durmiente cualquiera. Pero no lo es. Tampoco descansa, aunque la imagen lo sugiera. No podría. Su cometido es demasiado activo como para permitirse reposo. Su misión es imperecedera y no conoce límites. Y no es la muerte la que le arrebata, sino un instante de fuga en quien no es en absoluto apacible. Su cuerpo no se aja. Sus facciones no se arrugan. Sus músculos no pierden la entereza. Su piel tersa y limpia oculta una rigidez áspera. La visible armonía de su torso oculta la robustez aniquiladora que subyace. Imaginarlo ausente es un error de cálculo para cualquier mortal que lo subestime. Es probable que se vea sometido a una tentación ilusoria que le ha hecho caer en un hechizo circunstancial. ¿Un hechizo para quien no se deja arriesgar por arrumacos y caricias vanas, que le parecen expresiones de debilidad? Atrapado por un sopor imprevisto cabe preguntarse si dentro de ese arrobamiento persistirá en la orgía apocalíptica que le caracteriza. ¿Detendrá la duermevela su saña iracunda? De la alucinación inducida despertará al cometido de todos los días. El crudo mandato que no cesa. Está ahí para manifestar la esencia mortífera de los hombres. La más tenaz. La implacable. La que impide que los estados de relativa felicidad duren. Esos tránsitos engañosos que los humanos desearían a perpetuidad. Cuanto se brinda en su entorno para intentar cambiarlo es ignorado por él. Ya pueden sonar himnos bucólicos o emerger de las aguas ninfas embriagadoras. Ningún tiempo ha sido posible jamás en la historia de los mortales sin su presencia funesta. Verlo en la apariencia de abandono puede llamar a engaño. Contemplarlo desprovisto de su parafernalia destructiva es solo ensoñación. Algunas leyendas y mitos lo han querido describir como vencido al amor. Muchos artistas lo han representado en una metamorfosis doblegada a la belleza femenina. Acaso en ocasiones haya llegado a creerse otro. Pero tras los sonidos de las caracolas lúdicas llegan siempre los ecos de las trompetas triunfales. El dios de la guerra no se rinde jamás.
* Sandro Boticelli, Venus y Marte. National Gallery. Londres


Lo que me sorprende es la mirada de Venus, entre perdida e inquisitiva, con cierta displicencia.
ResponderEliminarMiradas que ponía Boticelli en los demás, sobre todo cuando se trata de dioses.
EliminarComo se dice coloquialmente, está totalmente sopa. Dormir creo que sí duerme. Lo que no sé es como puede dormir con el niño de la trompeta dando por saco a su lado. Se ve que tomó algo con la cena que le ha dejado rendido.
ResponderEliminarSaludos, Fackel.
Es engañoso. ¿Dónde ves que Marte haya cesado en su actividad? Salud.
EliminarSolo me preocupa la última frase: " El dios de la guerra no se rinde jamás", y en ella recuerdo a Mefistófeles, cuando le dice a Fausto "Allá donde está el mal está el hombre, y donde está el hombre debo estar yo"
ResponderEliminarEs que ha sido y es y seguirá siendo de ese modo. Que los instintos humanos más agudos se traduzcan en lenguajes míticos y metafóricos, vía magia, religiones o ideologías varias, no quita lo que parece ser parte del instinto agresivo humano.
EliminarTiene la cara con aspecto ausente, pero con el dominio absoluto sobre su cuerpo; no duerme, se ausenta con los sentidos vigentes.
ResponderEliminarNo te fíes, de vez en cuando abre un ojo y decide si actúa aquí o acullá.
EliminarNi siquiera el nido de avispas encima de su cabeza, logra que abandone el sopor ,ni el sonido de la caracola. La sola presencia, sentirla a su lado, de la tranquilidad que le da Venus, es suficiente, para entregarse al descuido. Me llama la atención ,aunque el cuadro es lineal, no era la norma, hay una parte(la cabeza hacía atrás) ,de difícil perspectiva ,tardaría mucho tiempo en conseguirlo ,pero es la importante del cuadro, porque Él es la guerra, el dolor ,no puede
ResponderEliminardescansar.
Un buen escrito
Saludos
En cierto modo es una variante de Eros versus Tánatos. Venus como amor, deseo, belleza y todo lo que quieras positivo se mide contra el hacedor de la destrucción, Marte. Ambos habitan entre nosotros y echan su pulso. Se alternan, pero no esperes un vencedor definitivo. La suerte siempre está echada de un lado. Bien lo has descrito, Car.
EliminarFecha os olhos por um momento... o Deus da Guerra está sempre em alerta...
ResponderEliminarBeijos e abraços
Marta
Alerta y activo, Marta, no lo olvidemos. Incluso como amenaza su presencia se siente.
EliminarMarte se hace presente por doquier, como realidad o como amenaza.
ResponderEliminarAnder
Ahí voy. Muchos sufren su presencia, otros ven las barbas del vecino puestas a pelar y nos afecta.
Eliminarun auténtico Marciano!
ResponderEliminarO Martiniano. Pero no el emperador romano, que también fue devoto de Marte, como todos los emperadores.
EliminarQué belleza el cuadro de Boticelli, y tan simbólico además... Marte sin su armadura observado detenidamente por Venus... El amor es fuerza vital, nos regala verdadero descanso.
ResponderEliminarNo sé si la belleza reside tanto en las figuras y el hacer de Boticelli -esos cuerpos femeninos y masculinos que el Renacimiento sublimó- como en la intención. Me temo que el sueño del dios siempre es fugaz y pasajero; lo suyo no es descansar y menos cesar. El amor, fuerza vital, dices; no sé, pero cuántas veces efímero, circunstancial o insuficiente. Si aporta relajación y entendimiento ya es mucho.
EliminarCon esa postura y la boca entreabierta, no tardará mucho en tener que ir a una Unidad de Sueño y el neumólogo le prescribirá, el uso de una máquina CPAP para controlar las apneas.
ResponderEliminarNo lo necesita, en cuanto se despierte y lance un bostezo estirará los brazos, se enderecerá y señalará un punto en el mapamundi donde hacer de las suyas.
EliminarMe encanta la imagen que ilustra tu entrada.
ResponderEliminarTiene un punto muy contrastado respecto a la dama boticelliana.
EliminarLa obra es magnifica y lo mismo digo del texto. No sé si dormido. Más bien parece pedir ayuda a sus colegas para que le liberen del alboroto que le rodea.. jaja. Abrazos Fackel
ResponderEliminarSe agradece tu ironía, es evidente que Boticelli se lo pasó de miedo montando la parafernalia del cuadro. Desdramatiza un símbolo tan terrible y persecutorio como el dios de la guerra. Tal vez es ese el instante en que el autor desearía ver el fenómeno guerrero, dormido sempiternam. Ahí la Venus es triunfadora, aunque muestre su cara de póker. O simplemente de aguda mujer observadora. Gracias, Gil.
EliminarFáckel:
ResponderEliminarcreo que Marte está más despierto que dormido. Como los gatos, que fingen dormir pero lo vigilan todo. Como los niños, que parece que no se enteran de nada...
Salu2.
Y tanto que finge, fíjate si finge tanto que cuando hoy dice paz sigue desencadenando guerra (véanse noticias diarias)
EliminarOjalá se quedara dormido para siempre y esas trompetas no le despertaran, dicho sea siguiendo la esfera argumental mitológica de tu texto. Ojalá Venus se mantuviera despierta y Marte tuviera un largo sueño reparador y se volviera pacífico.
ResponderEliminarY entre Venus y Marte, está este mundo convulso llamado Tierra donde el amor escasea y la guerra es perpetua... Pero más que a la mitología yo temo a la mitomanía de esos líderes que tienen la manija del sistema y administran el amor y la guerra a antojo y capricho de su fabulada y fabulosa existencia.
Comparto el ojalá elevado a la enésima potencia, aun sabiendo que un ojalá no se realizará jamás. Otra cosa será que el ojalá no nos pase a nosotros y nos permita librarnos de Marte. A Marte el amor no le transformó. En todo caso es aquello del reposo del guerrero, por algo existirá la expresión. Partiendo de que el amor es una quimera y que habría que puntualizar qué se entiende por él, ni siquiera el amor de la bondad y de ayuda al prójimo, que tanto nos contaron y exaltaron, se le ve por ningún lado con carácter general. ¿Qué clase de amor ha mostrado Occidente por el crimen israelí de Gaza? Por ejemplo.
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