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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 28 de febrero de 2017

La transmisión Jamming




Recuerdo de la niñez el afán de mi madre al anochecer ante el aparato de radio. Recluida en la cocina, espacio cálido donde se hacía la vida en invierno gracias a la bilbaína, mi madre giraba con paciencia la rueda de la radio hasta dar con la frecuencia que buscaba. Cuando lo conseguía ponía el sonido muy bajito, arrimaba la oreja y trataba de escuchar lo que decía La Pirenaica. A mí me intrigaba que la voz se fuera y volviera una y otra vez, entre ruidos y alejamientos. No sabía entonces que la tal Pirenaica era interferida por el régimen imperante. No sabía que detrás había todo un sistema de transmisión de señales de radio que interfería otras transmisiones no deseadas por la dictadura, principalmente las de aquella emisora. Y que se hacía desde un inhibidor de frecuencias. No era nuevo, en la Segunda Guerra Mundial ya se había utilizado con amplitud, y al sistema de anulación o reducción a propósito de otras frecuencias los ingleses lo denominaron jamming

Ignoro si hoy, en tiempos de satélites y ordenadores por doquier, el jamming sigue en vigor a alguna escala, aunque supongo que ha sido superado con creces por otros sistemas de interferencia más efectivos. Tal vez persista la misma y antigua intención. Tal vez el jamming llega sin darnos cuenta, no con ruidos y pérdidas de frecuencias, sino a través de emotivos y seductores procedimientos que se incorporan a nuestra mente para que nosotros nos dejemos llevar por ellos. Un jamming que fabricamos con nuestra aceptación cada uno de nosotros. La mano última, en la ardiente oscuridad de un mundo que se quiebra y nos confunde a velocidades inesperadas, mueve todo tipo de artilugios, psicologías, éticas e ideologías para hacer dúctil y maleable al hombre. Como se solía decir de los minerales aprovechables. Y es que o somos útiles -es decir, productores eficientes y baratos, más consumidores incesantes, más seres domesticados que protesten lo mínimo- para el negocio que domina o mejor que nos muramos, parece decirnos a gritos esa interferencia generalizada que asalta despóticamente la frecuencia individual de nuestro libre albedrío. 

Como recuerdo de un tiempo y un país, donde no solo la voz no se podía acallar del todo sino, y sobre todo, en que el oído no se pudo taponar como quisieran, adjunto la sintonía y el comienzo de emisión de una emisora clave más para la expectativa y la esperanza que para los logros políticos. 





lunes, 27 de febrero de 2017

Primera plana (versión Gutiérrez Solana)




Me pregunto qué hay de costumbrista, qué de sátira y cuánto de crónica social en las pinturas carnavalescas de José Gutiérrez Solana. Esta es la versión autorizada del hombre oficial ante uno de los cuadros del fantástico pintor. 

El unívoco otro individuo que mora en mí dice que lo que hay es solamente juego, y que ya es bastante lo que explicita por sí mismo. Si el juego es contenido, dice el versado principal, démosle cancha.

El equívoco y revoltoso que también pasa a ratos por mi cuerpo afirma que ahí se refleja el país mismo y, además, insiste, sin disfrazarse. La versión oficial desautoriza esta interpretación y acusa al equívoco de maquiavélico, algo que no está penado, que yo sepa, de momento. 

El tipo multívoco que pugna por asentarse entre mi sangre y mi piel da un sentido profundo y casi ultra terrenal a la pintura de Carnavales de Gutiérrez Solana. Basándose en ciertas ideas nonatas se pone exégeta y dice ver en ella el florecimiento de lo plurinacional, feliz aviso de la próxima primavera, más allá de los cantonalismos al uso oral, que no convencidos ni convincentes. Ni el equívoco, ni el unívoco ni el sesudo intérprete oficial comparten este criterio, simplemente por metafísico. Por lo tanto, ni lo consideran serio.

¿Qué será, entonces, la pintura de José Gutiérrez Solana donde se refleja la tradición carnavalesca de una sociedad que no sale de concebir la vida sino como carnaval?  Esta pregunta la formula el homo consensus que a veces se revela dentro de mí en una tertulia entre los distintos y ya citados personajes que me habitan.




jueves, 23 de febrero de 2017

Don Carnal al acecho




Érase una vez una ciudad donde los hombres creyeron ser iguales, 
porque otros les contaban el cuento
para que fueran buenos
 y no dieran problemas,
y en su ingenuo fluir de almas
cándidas no querían darse cuenta
de cómo algunos muy bien situados
y otros que protegían a estos
se merendaban poco a poco 
la ciudad entera
dejando a los más con menos y,
lo que era peor,
tomando a sus habitantes
 como más imbéciles
de lo que en realidad eran.
Pero así se escribe la historia
y la vida de los que la hacen
y permiten que unos pocos
sean propietarios de almas
y de haciendas 
sin que luego les pase ná.

Yo, Don Carnal, doy fe.





(Grabado de Caillot)


miércoles, 22 de febrero de 2017

Apócrifa. 78 años después Antonio Machado vive




"Diréis que un muerto no habla. Sería una ocurrencia perturbadora si os dijera que dentro de setenta y ocho años os hablaré todavía. Cuanto dijo un muerto lo dijo en vida y lo ordinario es que sus palabras se las haya llevado el olvido. Las palabras encerradas entre las páginas de los libros no respiran, se ahogan, ordinariamente están tan muertas como su autor. A veces algún ingenuo que busca aún respuestas en los libros  -como si los libros resolvieran los enigmas de la vida-  al tomar de un anaquel polvoriento un volumen y abrirlo percibe que se desata un leve clamor. Sé que quien coja al azar alguno de mis libros dentro de setenta y ocho años lo leerá como si escuchara el rumor de las tripas revueltas. En un país de tripones, donde el grosor de las barrigas domina sobre otras partes del organismo y adormece funciones cerebrales, parecerá un acto casi de identidad. Pero las tripas revueltas siempre expresan inquietud, alertan, avisan de alguna clase de desasosiego fundamentado y anuncian disfunciones que deberían tomarse en consideración. Tal vez dentro de setenta y ocho años haya algún despistado que busque la explicación de las tripas de su país dentro de mi obra intestina. Pero el muerto no ha dicho nada nuevo. He escrito lo que he recogido del mundo que me rodeaba. Tal vez toda mi obra es la expresión de la soledad más aguda, sin que considere que nunca caí en la melancolía. En la indignación sí. En la percepción viviente de la belleza también. He pretendido navegar por el curso de un cierto y laborioso estoicismo que me ha calmado en medio de las tormentas de un tiempo y de una sociedad que desairaban al hombre. He inventado incluso personajes que hablaban a la vez desde dentro y desde fuera de mí. Porque quien escribe no puedo hacerlo para otros si no tiene claro que lo hace también, o acaso sobre todo, para sí mismo. ¿Que aletea una amarga esperanza en mis argumentos arriesgados? Se dirá: qué contradicción; una esperanza es luminosa y limpia o no es esperanza. El auténtico esperanzado no es el risueño, ni el necio, ni el que pretende que otros le resuelvan sus problemas, ni el bobalicón que permanece con las manos extendidas esperando el maná que le alimente. El esperanzado auténtico es el que no espera. Si fui alguna vez presuntuoso y engreído la vida y la circunstancia me curaron. Algo de aquel viejo defecto debe quedar en mí todavía cuando pienso estúpidamente, al borde del estertor, que acaso dentro de setenta y ocho años aún el muerto le diga algo a alguien en un país que quién sabe si aún no tendrá mucho que escuchar de sí mismo. Ahora digo como me dijo mi maestro: que tengáis mucha suerte y que no conozcáis otra."  



Setenta y ocho años después de Collioure el muerto habla. ¿Seguro que no ha dicho nada nuevo desde aquel lejano y pobre veintidós de febrero? Algunos lo seguimos interpretando y descubriendo porque sigue en vigor. Y lo que permanece en vigor siempre es nuevo. Nada de lo que podamos leer de él nos sigue pareciendo vana repetición. Ni siquiera las muletillas y tópicos en que se han convertido algunas de sus palabras. Algunos leemos todavía sus proverbios, sus artículos, sus cantares, sus poemas, su Juan de Mairena no como libros sagrados, sino como cartillas de aprendizaje del vivir. A veces nos embarga cierta amarga melancolía. Otras una conmovedora indignación. Pero siempre aparece en sus letras un oleaje de esperanza resistente. Solo disfruta de esperanza el que no espera.





lunes, 20 de febrero de 2017

Boira




No sé por qué elegí aquel extraño camino. Avanzaba la tarde y la niebla iba reduciendo mi mirada. Un hombre, o su silueta, ocupaba la distancia que había delante. No sabía si venía hacia mí o se alejaba. Podía ser yo mismo que avanzaba unos pasos y luego retrocedía. La boira es un espejismo que distrae la senda en la que te encuentras sin saber bien cómo y por qué has llegado a ella. 

Un hombre, o apenas el esbozo de un cuerpo, crecía y disminuía a medida que yo apresuraba mis pasos o bien los refrenaba. Un hombre menos alto que un árbol. Menos hombre que un árbol. No tan definido como los bordes de florecillas. Menos firme que la disposición de los árboles. Si ese hombre, o lo que se le parece, solo es una secuencia de mí mismo aceptaré el rigor, o la bondad, depende, del orden de la naturaleza. Me dije.

Pero un árbol no asusta a otro árbol. Ni la niebla angustia al paisaje que hace desaparecer. Ni las tinieblas desplazan para siempre a la luz. Ni los sonidos de los animales nocturnos se imponen unos a otros. Un hombre próximo a otro hombre es el acecho. Un hombre delante o detrás de otro hombre es la inquietud. Tú mismo, si se da el caso de que eres el otro y a su vez eres tú, en desacuerdo, andando un camino imprevisible, puedes ser el espanto.



(Fotografía de Isabel Gómez)


sábado, 18 de febrero de 2017

En la antítesis




En la antítesis de la racionalidad y la irracionalidad cotidianas está ella. Ante su majestuoso florecimiento no caben preguntas. Mirando sus colores no hay interpretaciones. Observando la expansión de sus formas no cabe sino asombro. He pasado buenos ratos del día observándola. Temiendo que la pudiera herir con mis ojos tristes. Pero no pensaba nada sobre ella. Solamente miraba, miraba, miraba. Ella crecía y yo me apocaba. Si algo me llamaba la atención era su estable lentitud. Es lo que tiene la seducción. Antídoto de un tiempo hostil, de una vorágine alocada, de una confusión estúpida provocada por la necia palabrería humana. Sentado frente a ella he soñado con un jardín. Presuntuoso yo que la tenía a ella, ahí delante, y me bastaba. Sin preguntas ni respuestas. Sin inquietud ni exigencias. Y tanta delicada materialidad me hacía reflexionar de manera pasajera en la conflictiva sustancia de lo humano. Pero desalojé de mi mente todo lo que no fuera percepción sensitiva. No podía traicionar su despliegue. Ella me devolvía la mirada con tanta intensidad. Y me amaba. Lo supe enseguida.





viernes, 17 de febrero de 2017

Leonardo de nuevo poniendo la guinda




"Hay algunos que no son más que un paso para la comida, que acrecentan el excremento y llenan las letrinas, pues no producen ninguna otra cosa en el mundo ni ningún efecto positivo, y es que de ellos no resulta otra cosa que letrinas llenas".

Es un aforismo de Leonardo da Vinci. A ver quién es el salao que le lleva la contraria. Y mientras, las instituciones prestándose a la labor pestilente. Y los medios aireando el hedor del cual también se alimentan. Y el público acudiendo en masa porque el espectáculo es el espectáculo y gusta de rebozarse en él. Y aquí no pasa ná. Y todos tan contentos porque esto va adelante. Y como cagones somos pues en el cagadero nos encontraremos.



jueves, 16 de febrero de 2017

Ito Kabane y Tatsuaki vuelven




Siempre me han gustado las historias japonesas. Desde los viejos monogatari a las novelas del XIX y el XX que nos llegan con buenas traducciones, de autores que apenas conocemos. Hasta los efímeros cuentos que aparecen por la red. Cuando veo una fotografía de Nobuyoshi Araki me descoloco. Rompedor, herético, iconoclasta, instintivo, explorador. Un mundo aparte que no todos aceptarán. Pero hay muchos más autores de fotografía japonesa actual que me prenden. Daidö Moriyama, Eikoh Hosoe, Miwa Yanagi, Shuji Terayama, Hiromix, Kishin Shinoyama, Masao Yamamoto, Kishin Shinoyama, Miyako Ishiuchi...es agotadora la lista. No en vano la fotografía japonesa ya tiene sus precedentes de alta calidad desde el siglo XIX tales como Kusakabe Kimbei, T. Enami, Uchida Kuichi, Ueno Hikoma, Beato, Von Stillfried...He visto fotografías de ese siglo de Japón en el Museo de Arte Oriental de Valladolid, con técnica antigua, que son un tesoro. Pero hoy encuentro este rostro que Araki dota de una calidad especial. Lo encuentro en este relato:

https://ehchiton.blogspot.com.es/2017/02/en-el-estudio-del-fotografo-tatsuaki.html



martes, 14 de febrero de 2017

Una coz del caballo de Béla Tarr





“Todo se ha venido abajo y todo se ha envilecido. O también podría decir que lo han echado abajo todo y lo han envilecido todo. Porque no se trata de un juicio divino en el que colabora la inocente ayuda humana. Todo lo contrario. Se trata de una sentencia pronunciada por el hombre contra sí mismo, en la que, por supuesto, Dios está implicado, incluso me atrevería a decir que toma parte. Y siempre que toma parte en algo, el resultado es la creación más vulgar que usted pueda imaginar. Han arruinado la tierra, ¿sabe? No importa lo que yo le diga, porque han arruinado todo lo que han conseguido. Y como lo han conseguido todo en una lucha agotadora y abyecta, lo han arruinado también todo. Porque ellos han arruinado cuanto han tocado, y no han dejado nada sin tocar. Y así ha sido hasta la victoria total. Conseguir y arruinar, arruinar y conseguir. Pero se lo puedo decir de otro modo: tocar y por tanto arruinar y de este modo conseguir; o bien tocar, conseguir y de este modo arruinar. Ha funcionado así durante siglos. Una y otra vez, siempre lo mismo. A veces de forma encubierta, a veces sin tapujos, a veces sutilmente, a veces a lo bruto, una y otra vez. Siempre de la misma forma. Como las ratas, a traición".

Habla así, y durante más rato y más ácido, que es decir tanto como más clarificador, el personaje bebedor de aguardiente en la película El caballo de Turín, de Béla Tarr. Son palabras de las que se diría que podrían pronunciarse en otro tiempo, que tal vez se hayan dicho en otro tiempo, en otra sociedad, en otras penurias. En el mundo presente, no menos envilecido entre la apariencia de la posesión y la flatulencia de los vendedores, en medio de un juego perverso de un a ver quién te ofrece más, en un a ver quién adquiere más, hasta lo inservible, en un a ver quién triunfa más aunque sus victorias sean pírricas y de horas, inmersos en una ensoñación que atenaza todas las facetas de tu mismo ser, que apenas proporciona espacio individual, por más que todos crean que son más reyes del mismo que nunca, que apenas te deja resquicios de un tiempo de calma, en que pensar es una excepción, meditar es lo improbable, decidir con conocimiento de causa difícilmente se practica, en este mundo que oxigena nuestras arterias a duras penas, que las más de ls veces las envenena, podría parecer que no encaja la severidad de las palabras desesperanzadoras, pero no menos clarividentes, del bebedor de aguardiente. Los movimientos de las sociedades y tribus, así como la actividad tectónica de la tierra, siempre han conmovido los pies de los hombres, aunque estos vivan ignorándolo, y cuando perciben, como cualquier otro animal, el menor corrimiento, un cosquilleo de advertencia de que algo nos desestabiliza, a diferencia de cualquier otro animal tienden a desechar la inquietud, relegando la disposición de medios, empeñándose en lo sucedáneo, desconociendo a propósito premoniciones, avisos y signos razonables varios que hablan de lo quebradizo de nuestros pasos. Parafernalias múltiples se alzan para distraernos y conceder a los menos el poder absoluto de cuanto gira en torno a nuestras vidas, cuanto hace y deshace nuestras existencias, y todo los estamentos se prestan a las coces contra la racionalidad. Y la barbarie creando fisuras por doquier, fomentando desentendimientos por todas partes, haciendo naufragar las intenciones que quisimos alguna vez que fueran justas y bondadosas, pero que eran fraudulentas, la barbarie con todo el arsenal de poner el mundo al revés ofreciendo la utopía de los mercaderes. Palabras, la mayor parte de las veces vanas, artilugios técnicos, sistemas de programación metamodernos, robots de ideas, se ofrecen por parte de los pocos para entontecer y desviar la capacidad individual. Tocar, conseguir, arruinar...¿Qué parte alícuota nos corresponde a cada uno de los pobrecillos bebedores de aguardiente de este presente de supervivencia? Si uno supiera permanecer callado...  



(Fotograma de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr)


lunes, 13 de febrero de 2017

Los bocetos de palabras de Leonardo da Vinci




"El movimiento cesará antes de que nos cansemos de ser útiles.
El movimiento fallará antes que la utilidad.
La muerte, antes que el cansancio.
En servir a los demás, no puedo hacer bastante.
Ningún trabajo es suficiente para cansarme.
Las manos en las que caen ducados y piedras preciosas como la nieve nunca se cansan de servir, pero este servicio es solo por su utilidad y no para nuestro propio beneficio.
La naturaleza me ha dispuesto así naturalmente.
Nunca me canso de ser útil".


He aquí un texto de Leonardo donde dibuja con la misma autenticidad y perfección que en el resto de sus otras imágenes visuales. Una reflexión sobre su experiencia, donde revela el sentido que toda actividad desplegada por él dotó a su vida. Este hombre que hoy llamamos renacentista completo tiene mucho de superhombre, sin que este término implique un concepto ni filosófico ni esotérico ni religioso. Leonardo toca la materialidad, la desentraña, la fija y la activa nuevamente, porque se identifica con la materia misma en su devenir. Propone alternativas físicas, unas más teóricas, otras menos, que pongan en manos de otros hombres una capacidad de transformar la materia no en el sentido de destrozarla caprichosamente sino para procurar hacer a los hombres mejor dotados para la supervivencia y, por lo tanto, más libres. Este Leonardo de dos o más miradas. La que capta el movimiento, la actitud, el paso de lo viviente y lo traduce con su obra pictórica. La que diseña continuamente cualquier objeto de habilidad para que el hombre no sea un eterno dependiente de la inercia de la naturaleza exterior. El que encuentra geometría y matemática en cada cuerpo viviente. Un hombre que escribía con escritura especular. La naturaleza le había dispuesto para ello. Cómo lo logró, aun siendo un misterio, es una revelación de la capacidad humana para dotarse de medios que proporcionen provecho.

Merece la pena acercarse a los aforismos y pensamientos de Leonardo da Vinci sobre la condición humana, sobre sus criterios acerca de las artes y de los que se dedicaban a ellas, sobre las ciencias, sobre la belleza y las figuras humanas o animales. Nada de lo existente era ajeno para este hombre excepcional.



sábado, 11 de febrero de 2017

Aún quedan honrados y yo les digo que no son idiotas



Llevo unos cuantos días dando pábulo a temas de carácter más político, digamos. No puedo evitarlo. Resulta difícil callar cuando percibes el hedor del país. ¿Recluirte cual anacoreta? Se metería el olor por las rendijas. Además, emulando la frasecita, nada de lo manifestado por los humanos me resulta ajeno. Ni siquiera a los que no quieren dedicar ni un momento fugaz de pensamiento les es tangencial. Hoy me he sorprendido porque, al fin, en la prensa mínimamente creíble, aparece un enfoque humano con otra perspectiva. Si llevamos años soportando con vergüenza, asco y desánimo, la mina de deshonestidad y de carencia de honradez de muchos paisanos, provenientes en gran parte del mismo tronco político, es oxigenante conocer cómo ha habido individuos que han resistido a las propuestas de la corrupción. Personas a las que se está haciendo la vida imposible porque no quisieron involucrarse en las redes delictivas e incluso denunciaron.

El País publica hoy una entrevista a tres de esas personas. Adjunto el enlace al final. De la entrevista lo que me hace recapacitar más no son las tentaciones, las venganzas o las presiones que han padecido. Basta observar sus caras para ver que no están precisamente como unas castañuelas. Sino la actitud de gente común con la que se han encontrado en su entorno esas dos mujeres y el hombre. Según ellos, pocos les han comprendido y animado en su actitud de rechazo a la corrupción y por el ejercicio de la denuncia en su día. La frase de uno de ellos "el español medio piensa que somos unos idiotas" me llega al alma y no porque alrededor mío no la haya oído cientos de veces. 

Aquí, al que no se aprovecha de una circunstancia para beneficiarse, por muy perversa que sea, se le valora como tonto. Y ahí anda la explicación última y de primera fila de por qué la corrupción campa a sus anchas. Sé que enseguida se pensará: la naturaleza humana. Pero la naturaleza humana también proporciona hombres decentes, fieles y consecuentes para con los modos de vida y de cumplimiento con el colectivo social. Así que cansado estoy también de ver cómo nos escudamos en el tópico de la naturaleza humana que nos ha hecho así, como si de una canción de moda se tratara. La historia de la humanidad es sobre todo la de domeñar el entorno. Si no, jamás hubiéramos llegado hasta este punto y en tan poco tiempo. Y domeñar es también reconducirnos en acuerdos sociales unos a otros, y ahí el triunfo de las ideas ilustradas, y generar mecanismos de colaboración y satisfacción que benefician al conjunto, y de castigo para los desaprensivos que quieren vivir a costa de todos.    

Sólo quería valorar a unas personas que han afrontado la ignominia, que han sufrido acosos, desprecio o desinterés. "Tú te lo has buscado" o "¿Te compensa (no haber cogido dinero)?" o "Las que te están acosando y los que están viéndolo y no están haciendo absolutamente nada. Esos son la mayoría", son algunas respuestas de estas personas que congelan el alma. Al menos a una minoría de ciudadanos sensibles y decentes. Al machismo cultural español seguramente les producirá risa ese comportamiento cívico. Así nos va.  Leed, por favor:


http://politica.elpais.com/politica/2017/02/10/actualidad/1486717372_302660.html


viernes, 10 de febrero de 2017

La sempìterna Santa Alianza





Encuentro hoy esta foto en eldiario.es y me da risa de carcajada por una parte pero me deja un sabor amargo por otro. ¿Quién dijo que las santas alianzas se habían disuelto? Amigos, en este país no cambia nada. Un ente cuyo reino no es de  este mundo pero vive de los mundanos siempre se lleva el gato -finanzas y prebendas- al agua. Y bien se aspire a sobrepasar al partido más votado, o se pretenda asaltar los cielos o se quiera fundar un Estado nuevo por parte de otros, el panorama partidista nunca toca temas de fondo. Estos son intocables o bien todos buscan mamar de la misma vaca. Adivinad cuál. 




jueves, 9 de febrero de 2017

La servidumbre del día, según Max




Cansa levantarse por la mañana, mirar el mundo, el próximo y el lejano, y percibir la sensación de que no aprendemos nada, dice Max. Hemos llegado hasta aquí, por lo menos, le digo. Hemos disfrutado algo, lo cual también es una manifestación del saber, le digo, hemos soslayado malos tragos o los hemos superado otras veces, le insisto. Para mí eso es lo que yo llamo un balance positivo. Tienes razón, me replica amable, nuestro error, que aún da coletazos, es que una vez pensamos que sería posible entendernos los hombres, contener los malos tragos y enderezar aquello en lo que nos habíamos equivocado o se había hecho mal a propósito. Te entiendo, Max. La idea del sometimiento, en cualquier faceta y plano de la existencia que hemos llevado nos abruma a ambos. Pero aun sabiendo ahora mismo que la libertad no será posible tal vez ni al recluirnos en nuestro propio interior no logramos apartarnos del ámbito general donde nos congregamos unos hombres con otros. Libertad y además alimento y además cobijo y además márgenes de aprendizaje, que cada vez se pone más complicado todo, entra al quite Max. Cansa levantarse, cansa mirar y ver la pobreza mental de tantos seres, y de entre ellos la más peligrosa ineptitud es la de los soberbios pastores del rebaño, musita amparándose tras la cortina de lluvia de la ventana. Una pobreza que se apoya en el desprecio y la ignorancia con que dirigen a millones de individuos, sin tener capacidad ni respeto ni sensatez para con todos los que nos dejamos someter. Por eso nos duele el sometimiento, le respondo, porque siempre procuramos que nos mande ese tipo de personajes de baja calidad intelectual y escasa si no dudosa ética. Sí, así es, comenta mi amigo. Ese tipo de seres que se aprovechan de este mundo para vivir solo en el de aquellos otros para los que, a su vez, se ofrecen como siervos. Ya ves que ellos no están libres de una servidumbre chabacana, no importándoles ser usados y relegados de mala manera cuando ya no les necesiten sus amos. Ah, lo dices porque ayer mismo vimos un caso, sí, pero eso es la sempiterna repetición de la historia. Los que se ofrecen a otros sin ser capaces de satisfacer a los propios. Max se pone serio: nos debe gustar la infamia y rebozarnos en ella, dice con sequedad y tristeza.



(Fotografía de Saul Leiter)


martes, 7 de febrero de 2017

¿Catalunya? ¿España? ¡Rumanía!




Emulando la sintaxis eufórica de aquel Francesc Macià de 1931 se me ocurre la invocación con que titulo la entrada. Y no se malinterprete. Me lo propone la imagen de protesta masiva de Bucarest -que también ha tenido lugar en muchas ciudades- contra la corrupción generalizada en Rumanía, y que estos días está teniendo eco en la prensa. La población ha protestado contra un decreto del Gobierno que pretendía despenalizar el soborno y los conflictos de intereses, según las informaciones. Del clamor han pasado a la exigencia, y de ésta a la calle. ¿Se les logrará? No sé, pero la respuesta ciudadana me ha emocionado, aunque desconozco si habrá detrás otras intenciones, pues nada hay absolutamente puro en las conductas humanas.

Se me ocurre que aquí, en el ruedo ibérico, en lugar de tanto pulso entre poderes de quien los tiene y quien quiere tenerlos si no sería mejor impulsar un llamamiento unitario contra la corrupción. En el camino de un objetivo tan claro y democrático, que podría ir a la raíz de una regeneración mínimamente decente, nos encontraríamos todos. El partido que gobierna es altamente fecundo en la práctica del aprovechamiento del poder en sus diversas escalas territoriales para sus negocios particulares. Otros que han jugado a poder también tienen su acervo corrupto, aunque en menor medida según parece o aún no ha salido. Y algunos que pretenden tejer nuevos asaltos a tentadoras gobernaciones podrían ir tomando nota a su vez para no caer en las conductas de aquellos a quienes se pretende superar.

No se ven movimientos claros que vayan en la dirección de cuestionar la corrupción. Envueltos unos en rencillas particulares y manifestando otros un gran desprecio hacia los ciudadanos la exigencia de parar la corrupción, y castigarla, apenas se encuentra sino en manos de la judicatura, de donde no está claro si saldrá algún tipo de pena ejemplar o se irán de rositas los delincuentes. Pero el tema no es depender del poder judicial, sino incorporarlo al disco duro de la ciudadanía y de sus representantes electos. Corrupción cero debe ser un compromiso no solo electoral sino cotidiano de todos los partidos y entidades públicas. Pero parece que nos da igual. Rumanía, estos días, ha sido un ejemplo digno. Naturalmente, uno piensa: cómo estarían allí las cosas para que tanta masa decida protagonizar una protesta de envergadura. ¿O lo que sucede es que son más conscientes del problema que los españoles?


(Fotografía extraída de El País)



lunes, 6 de febrero de 2017

Las noticias, Dionisio el tirano y De La Boétie





Leer la prensa cada mañana, solo de pasada, y únicamente una cierta prensa o, si se prefiere, los titulares y como mucho algún artículo de opinión que merezca crédito y no suene a demagogia, leer noticias, con todo el riesgo de que sean incompletas, equívocas o incluso falsas, es desesperanzarse. Pero ¿estuvimos alguna vez esperanzados? ¿O la esperanza fue y sigue siendo una mera ilusión, humo, espectro con rostro amable? ¿Tiene hoy algún sentido la palabra esperanza? Así que, visto el estado de ánimo que a uno se le queda tras pasar las páginas del diario, una buena cosa puede ser buscar un antídoto con algún grado de luces que ratifique y a la vez compense nuestro desasosiego. Hay muchos que no quieren saber nada. Leer, ¿para qué?, dicen como un recurso de autodefensa que no por ello les salva. Uno no puede ser ajeno al mundo y al tiempo que vive, y más cuando ya ha vivido circunstancias complicadas. Pero ¿por qué ahora parecen más difíciles? ¿Por la globalización? ¿Porque el tablero de ajedrez reúne a más jugadores? ¿Porque los contendientes de la complicada partida no tienen cara de buenos amigos? 

Mi medicina de hoy es un texto del Discurso de la servidumbre voluntaria, del renacentista francés Étienne de La Boétie (1530-1563) 

"...Así el pueblo de Siracusa, capital de Sicilia, presionado por las guerras, sin pensar más que en el peligro del momento, eligió a Dionisio I y le dio el mando del ejército. Sólo advirtió que lo había hecho tan poderoso cuando el artero, volviendo triunfal como si hubiera vencido a sus conciudadanos más que a sus enemigos, pasó de ser capitán a ser rey, y de rey mudó a ser tirano. Es increíble el ver cómo el pueblo, desde que se le ha sojuzgado, cae pronto en un olvido tan profundo de su libertad que ya le es imposible despertar para reconquistarla: sirve tan gustosamente y tan bien que, al verlo, se diría que no solo ha perdido su libertad, sino además ganado su servidumbre".

Ojo. Para los déspotas, y encima no ilustrados, el primer enemigo siempre es el de casa. Y me pregunto si el recurso a los de fuera no será sino la excusa para doblegar a los díscolos del interior y afirmar su poder y sus consecuentes tropelías. ¿Estaremos aún en el siglo XVI? O peor aún, ¿en el año 405 antes de nuestra era?





viernes, 3 de febrero de 2017

¡Toma posverdad!




"Prácticamente, todos y cada uno de los países del mundo se han aprovechado de nosotros, pero eso no va a seguir sucediendo. El mundo tiene problemas, pero vamos a arreglarlos, ¿de acuerdo? Eso es lo que yo hago, arreglo cosas". Presidente actual de los Estados Unidos de América. 


jueves, 2 de febrero de 2017

Nayat




¿Tenemos derecho a quejarnos de nuestras bacterias revoltosas o de los virus que nos incordian, propios de cuerpos de una aparente sociedad estable? Supongo. Pero entonces, ¿qué tipo de queja cabría esperar de quienes lo han perdido todo y encima se les niega todo allá donde van? Miro a Nayat y su mirada me toma, me supera, me enamora. La luz de sus ojos podría traslucir lágrimas, pero ella transmite fortaleza. La suya (la que tiene y necesita para sí) pero también la mía (la que a veces quiebra dentro de mí y necesito) Me aporta más: una sensación de bienestar auténtico. Esta propiedad no llega de posesiones ni de seguridades dudosas. Viene de una actitud expectante, serena, pasiva. Viene de un sencillo conato de sonrisa apacible. ¿Veis lo que es el azar? En este caso llamado Nayat.




miércoles, 1 de febrero de 2017

Uno de febrero




De pronto siento la necesidad de no decir absolutamente nada. El mundo y sus circunstancias, por lo tanto las mías también, me dejan desnudo. Es decir, sin palabras.



(Dibujo de Julio Vaquero)