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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 31 de octubre de 2015

CONTRAPOLÍTICA (O qué tonto soy)







Me cansa este país de tonterías, que implica la existencia de tontos que las practican cada día. 

Leo que cierto líder partidista encumbrado y harto soberbio se entrevista con un no menos encumbrado y votado presidente del país y le entrega un ejemplar de "Juan de Mairena", de Antonio Machado. Es de suponer que el mandatario que recibe el obsequio conozca, siquiera por su edad y por cierta cultura, la obra de Machado, si bien ignoramos si la ha prestado atención, pues no hemos visto hasta la fecha que dé grandes muestras de haber sido receptivo con la filosofía y recomendaciones que Juan de Mairena, es decir, Machado,  tiene a bien efectuar. 

Pero, por otra parte, el obsequioso donante del libro debería empaparse a su vez de la mentalidad Mairena, aunque tengo mis dudas por lo obnubilado y sobrado que está en la persecución a cualquier precio táctico y estratégico de sus fines. Se me ocurre seleccionar un párrafo del libro para que el politólogo veleta reflexione. Dice Juan de Mairena: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura." ¿Lo captará el emergente?

En fin, que esta bobada de los libros intercambiados entre políticos emisores y políticos receptores lleva camino de no ser más que una mera parafernalia hueca cara a los medios de comunicación y a las apariencias que atrapan a los incautos. Menos tonterías y más inteligencia verdadera a lo Juan de Mairena necesita este país. Aunque no coseche a la corta los frutos que pretenden los políticos al uso. 

Ah, ya caigo. Yo también soy un grandísimo tonto. Acaso pido lo que esos otros no pueden dar.




Somnia (Cicatriz)















Varios hombres armados nos conminan a mi padre y a mí a que nos rindamos.Mi padre les dice: soy de los vuestros. Entonces ellos le entregan sus pertrechos, que mi padre tira, y se alejan. Yo le pregunto: ¿por qué les has dicho que eras de los suyos? Mi padre me muestra entonces una larga y profunda cicatriz en diagonal sobre el costado, mete sus dedos, los impregna de sangre fresca y me responde: ¿ves?, yo fui de ellos. Y masculla amargo: todos los que van armados son del mismo bando. El color rubí de su sangre me deslumbra pero cuando voy a tocarla se ha evaporado.



(Fotografía de René Groebli)


viernes, 30 de octubre de 2015

Somnia (Estanque)












Estoy en cuclillas al borde del estanque de la finca de mis tías y en esto que llega Gemma por detrás y me empuja. Caigo sobre la superficie de nenúfares y me hundo. Ella ríe, luego grita, se alarma y extiende sus manos para recogerme tras la invisibilidad de la pequeña selva acuática. Vadea bajo las plantas enganchando y desatando sus dedos de las raíces. Al final se aparta del saliente de la alberca y se sienta a orillas de la noche, esperando que yo dé alguna señal. No se la ve en absoluto alterada; tan sólo muerta de curiosidad.


(Fotografía de Lilya Corneli)


jueves, 29 de octubre de 2015

Somnia (Arrebatamiento)




Recorría un bosque y sentía la necesidad de subirme a los árboles, que desde abajo se veían frondosos y plenos de generosidad frutal. Pero cuando llegaba hasta sus ramas las hojas habían desaparecido y los frutos se mostraban caducos, cuando no habían caído del todo. Quería bajar pero contemplar desde allá arriba que tampoco existía ya el suelo que antes había pisado me producía terror. Entonces se ponía a soplar un viento cuya imagen tenía cabellos ondulados y rostro benévolo, y que me decía: vengo a rescatarte.


(Fotografía de René Groebli)


miércoles, 28 de octubre de 2015

Somnia (Nacimiento)















Me paren junto a un río de corriente apacible, pero al poco me encuentro sumergido en aguas subterráneas turbulentas y extrañas donde me veo creciendo como invertebrado. 



(Fotografía de María Louceiro)


Somnia (Soga)











Una soga gruesa se deslizaba de habitación en habitación, ascendía por las escaleras y penetraba en el sotabanco, sin que nadie acertara a encontrar el cabo del principio y mucho menos el del final.


(Fotografía de Andreas Heumann)

martes, 27 de octubre de 2015

Somnia (Café)











Una hermosa mujer joven, de aspecto árabe -ojos negros y profundos, cabellos intensamente morenos, cejas marcadas, labios curvos y asentados, pómulos mesurados donde erupcionan unos hoyuelos que se abren y cierran caprichosos, actitud discreta- me mira con cierto arrojo desde su mesa del café. Yo la devuelvo la mirada, ella busca de nuevo la mía, yo disimulo pero la arriesgo nuevamente, la mujer la aparta y torna a desafiarme, yo cedo y la sujeto a través de un lenguaje visual que acepta y nos confunde a ambos. Se levanta repentinamente y trae hasta mi mesa una taza de café denso, en cuyo aroma se envuelve ella misma. Me lo ofrece en su idioma pero yo cometo el error de responder en farsi. Se siente despechada y vuelve con naturalidad a su mesa, desde donde no puede evitar escudriñarme fijamente de nuevo. Y es en el momento en que esboza para mí una sonrisa espontánea y cómplice porque ha volcado parte del café sobre el mantel cuando suena el pitido de la cafetera que me estaba preparando antes del sueño y me sobresalto. Pero no hago nada por apartarla del fogón, aunque el café se desborde, buscando ciegamente el hilo que me mantenía en otro mundo.



(Fotografía de Evgeniy Shaman)



lunes, 26 de octubre de 2015

Somnia (Fuente)















En un sueño que suele repetirse de vez en cuando me veo bajando en bicicleta por una cuesta medio escalonada medio de tierra por la que derrapo sin perder el control. De pronto, aparece en mitad de aquella carretera vecinal una antigua fuente de piedra de mi infancia acerca de la cual dicen que en ella paraban los peregrinos a saciar su sed. Entonces yo me detengo a beber de aquel agua fétida, y me resisto, pero un grupo de mujeres y hombres que pasan me comentan que es muy saludable y que no tema. Que solo es el sabor del hierro y otras materias de la tierra por la que transcurre. Me quedo solo llenando una cantimplora, porque el agua sale a goteo, sin que termine de llenarse. Cuando parece que he recogido bastante agua y me dispongo a beber han desaparecido la vieja cuesta y la bici, y la fuente se llena de hojas de los árboles que la va cubriendo a ella y al entorno como si fuera nieve de otoño.



domingo, 25 de octubre de 2015

Somnia (Distracción)











Qué desconcierto el del sueño de aquella noche en que yo andaba por una larga avenida y el asfalto se convertía en agua y el agua en arena y la arena en lodo y el lodo en hojarasca y yo no sabía adaptarme a cada suelo y mis pisadas se hundían exageradamente y me hacían quebrar, hasta que un niño que pasaba a mi lado tenía la ocurrencia de tomarme de la mano y me proponía: pisa el aire como yo. Mi cuerpo se dividía entonces en varios cuerpos que tomaban direcciones opuestas hacia territorios desconocidos.


(Fotografía de Babak Haghi)


sábado, 24 de octubre de 2015

Somnia (Vuelo inverso)












Me quedaba dormido dentro de aquel avión, que aterrizaba y despegaba en sucesivas ocasiones, que atravesaba países y océanos diversos, sin que nadie me despertara. Los días y las noches se sucedían y así iba recorriendo el mundo, durmiendo, soñando. Pero de pronto aquella aeronave se transformaba en un cuerpo de mujer y yo me reducía allí dentro hasta convertirme en un cigoto cuyo núcleo ardía.



(Fotograma del film Persona, de Ingmar Bergman)


jueves, 22 de octubre de 2015

Somnia (Patria)













Sueño que estoy ante la puerta de la casa que habité de niño, sobre cuyo dintel asoma la parra, y que del portal sale un hombre gritando: mi patria es la vejez. Añadiendo: esto es lo que tengo, esto es lo que doy. 


(Fotografía de René Groebli)


miércoles, 21 de octubre de 2015

Somnia (Crucigrama)















En un sueño me veía con Gemma haciendo un crucigrama que de por sí era extenso. A medida que cubríamos las casillas con palabras el crucigrama crecía más y más, sin que viéramos manera de terminar. Entonces Gemma me proponía que deshiciéramos el camino y comenzáramos a borrar verticales y horizontales, pero yo temía que me invadiera la impotencia. Entonces me ponía furioso y empezaba a romper el periódico, cuyas páginas se iban quedando en blanco como si jamás lo hubieran publicado. Debo aclarar que al despertar aquella mañana no me atrevía a bajar a por la prensa y la mujer del sueño tampoco estaba allí para ayudar a despejarme del todo.



(Fotografía de René Groebli)


martes, 20 de octubre de 2015

Somnia (Logia)















Recorro la galería de los bustos y cada uno de ellos habla una lengua diferente, haciendo del rumor inicial un galimatías. A mitad de la exposición los pedestales se exhiben vacíos y más allá solo aparecen volúmenes de mármol brutos desordenados. La extensa logia termina en una pared ciega, abrupta, llena de aristas, como la base de una montaña que no conduce a ninguna parte.



(Fotografía de Lee Miller)


lunes, 19 de octubre de 2015

Somnia (Violonchelo)











Pasaba junto a una casa a través de cuyas ventanas abiertas fluía una melancólica composición de violonchelo. Aquellas notas profundas y densas me dejaban paralizado. Después, sin que la música cesase, una mujer pelirroja se asomaba al balcón y me ofrecía: si te gustan estos compases tristes quédate con ellos, los he compuesto para ti. Yo entraba obsesionado en la casa, siguiendo la orientación de la música, pero por mucho que recorría estancias no daba ni con el epicentro de aquella armonía ni con la mujer. Entonces, al llegar a la última habitación, donde se abría un peligroso acantilado, fue la oscuridad. Allí el oleaje me arañaba con su espuma y mordía mi piel.



(Fotografía de Duane Michals)



domingo, 18 de octubre de 2015

Somnia (Víctima)















Sueño conque soy el áspid que abandona la cesta de higos y repta entre las carnes de Cleopatra, a la que muerdo uno de sus pezones, en cuya acción insensata encuentro la muerte.



(Fotografía de Karin Szekessy)


sábado, 17 de octubre de 2015

Interruptus




No pensar en lo que no es, el título de la entrada, digo, quise decir paréntesis, pero digo interruptus, interrumpo mis somnia por un breve repente, no sé si porque ahora que no se llevan las lenguas que los torpes llaman muertas, ahora que los inútiles gobernantes se cargan todo el acervo clásico y filosófico en la enseñanza, ahora que potencian las ideas muertas e inservibles como hacía tiempo que no lo hacían, entiéndase religión católica en lugar de lo vivo, es decir, las relaciones de convivencia, la política ética, la ciencia, la técnica, el saber, el transformar, me da por hacer homenaje a todo aquello que matan los facinerosos del anti-conocimiento, y que no se entienda homenaje como esa práctica de vanidad turbia que hemos conocido en el país toda la vida, esa palabrería vacía donde los que mandan quieren salir en la foto y hacer carrera a cuenta de los contribuyentes y donde el homenajeado, suponiendo que se lo haya merecido, que no todos los que están en podiums son dignos ni por el forro, no cuenta casi nada, y los homenajeadores se concentran en torno al vino español tan codiciado como caro, sino que homenaje para mí es reconocer, apreciar, disfrutar como el autor de una creación o un invento ha disfrutado y ha querido transmitir, pero no sé si eso llega a muchos pobladores de Sansueña, y mi interruptus de ahora mismo deja el homenaje para convertirse en la denuncia, porque leo que el Gobierno y su innombrable Ministerio de Incultura quiere fabricar banderilleros y otros altos profesionales I+D (¿significará idiotez más dinero para los chupópteros de turno?), según leo en El País, y por eso, por mi carcajada indignada interrumpo mis somnia pero debo volver al mundo onírico, porque vivir con conciencia en este país es irte por la pata abajo, que dicen los castas, y mira por dónde no sé por qué los cerebritos, sucursal catalana, prohibirían hace tiempo la foto del torero Padilla para un cartel de un centro de exposiciones, no sé, porque es todo un paradigma, es muy apropiada ahora más que nunca, ahora que nuestra juventud va a poder hacer una nueva carrera altamente tecnológica por FP, ahora más que nunca Padilla, y mira que me cae bien ese tipo, ese gesto demediado, esa pose atrincherada, esa desgracia asumida, ¿será representación de la ardua supervivencia en el ruedo ibérico?, ahora que el torero tuerto es un icono que habría que poner junto al crucifijo y el retrato del mandatario de triste figura, como ejemplo de lo futurible, porque todo vuelve, queridos míos, todo vuelve y de qué manera tan repugnante, ¿sabéis cuál?, aquella manera en que tal parece que los ciudadanos damos el consenso para que vuelva, ¿o se impedirá?





Somnia (Obsesión)















A veces, en medio de la oscuridad, oigo pisadas firmes en las escaleras, que se acercan y se detienen ante la puerta. Entonces contengo la respiración pero no logro acallar mis latidos, que se precipitan. De pronto hay un silencio expectante y oneroso, e intuyo que aquellos esbirros, que nos hacían la vida imposible, van a llamar de un momento a otro. Me agobia la tiritona y quiero desaparecer de aquel lugar, de aquel instante, de aquella situación. El vértigo que suele causarme ese sueño me lleva a tirarme de la cama y a abrir una ventana por donde intentar escapar. Pero no acierto y, en mi aturdimiento, me refugio en un rincón tratando de protegerme de mí mismo.



(Fotografía de Saul Leiter)


viernes, 16 de octubre de 2015

Somnia (Partida)





La estación está repleta de viajeros. Mi padre me da de mano de un andén a otro. En ese momento llega un expreso a toda velocidad, pero no para. Los andenes han quedado vacíos y yo, en medio de la corriente de aire, sigo agitando la mano.  



(Fotografía de René Groebli)


jueves, 15 de octubre de 2015

Somnia (Polimastia)















Una mujer de innumerables pechos me sujeta violentamente del cabello y mirándome hipnótica me dice que no es ni diosa ni monstruo ni prodigio. Que es tan solo una mujer ahíta de territorios y que tiene uno reservado para mí. Pero desconfío y como trato de desasirme hace lo imposible por retenerme con energía. Yo le pregunto si no será sino una ilusión huera. Y ella me responde jactanciosa pero indescifrable: no, soy tan solo un desliz. La mujer de múltiples y fluctuantes senos empieza entonces a despojarse lentamente de su peplo y en ese instante de confusión yo me vuelvo invisible.


miércoles, 14 de octubre de 2015

Somnia (Soledades)















La tormenta se acercaba desde todos los ángulos del cielo, pero cuando casi estaba sobre nuestras cabezas  -el viejo poblado en ruinas y yo que lo recorría solitario-  nos respetaba. Me asombraba de que la naturaleza facilitara aquella apasionada comunión entre las piedras y el hombre, donde no se sabía bien quién era testigo de quién. Entonces yo seguía el curso de las calles empedradas y de las casas que apenas mostraban la raíz de unos muros, imaginando las vidas, participando de sus ceremonias, departiendo con los pobladores. Una vez hube paseado por todo el perímetro de la ciudad desamparada que asomaba desde un extremo elevado a un valle, me despedía de la existencia palpada y salía a campo abierto. La tormenta no me arredraba y estaba dispuesto a pagar su precio. Pero ella se convertía en cómplice y abría un pasillo generoso saludando mi marcha o acaso suplicando mi retorno.



(Fotografía de Herbert List)



martes, 13 de octubre de 2015

Somnia (Reencuentro)















Una niña me toma de la mano y me lleva hasta una mujer embarazada. Luego hace que toque su vientre grávido y que permanezca quieto. ¿Ves?, me dice. Estás ahí dentro.  



(Fotografía de Keith Carter)


lunes, 12 de octubre de 2015

Lunes, 12 de Octubre: Viban los compañeros (César Vallejo)





"Solía escribir con su dedo grande en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes.

Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!

Palo en el que han colgado su madero,
lo han matado;
¡lo han matado al pie de su dedo grande!
¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!

¡Viban los compañeros
a la cabecera de su aire escrito!
¡Viban con esta b del buitre en las entrañas
de Pedro
y de Rojas, del héroe y del mártir!
Registrándole, muerto, sorprendiéronle
en su cuerpo un gran cuerpo, para
el alma del mundo,
y en la chaqueta una cuchara muerta.

Pedro también solía comer
entre las criaturas de su carne, asear, pintar
la mesa y vivir dulcemente
en representación de todo el mundo.
Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,
despierto o bien cuando dormía, siempre,
cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.
¡Abisa a todos compañeros pronto!
¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

Lo han matado, obligándole a morir
a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquel
que nació muy niñín, mirando al cielo,
y que luego creció, se puso rojo
y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.

Lo han matado suavemente
entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez,
a la hora del fuego, al año del balazo
y cuando andaba cerca ya de todo.

Pedro Rojas, así, después de muerto
se levantó, besó su catafalco ensangrentado,
lloró por España
y volvió a escribir con el dedo en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas».

Su cadáver estaba lleno de mundo."



César Vallejo, España, aparta de mí este cáliz.




Somnia (Jocosidad)















No es extraño que tenga sueños en que prorrumpo en carcajadas, sin que más tarde consiga recordar la causa. Miento. En cierta ocasión estuve un rato, después de despertar, dándole vueltas a lo que me había producido tanta risa en el sueño, sin que alcanzara a comprender cómo algo tan cruel  -que la tierra se tragaba al curso entero de adolescentes a los que yo impartía clase-  me parecía tan jocoso al otro lado de la conciencia.



(Fotografía de Keith Carter)


domingo, 11 de octubre de 2015

Somnia (Suicida)











Un suicida caía desde una altura elevada hasta mis pies, sin hacerse daño. Molesto me decía que no se arrepentía de lo que había hecho y que sin duda volvería a intentarlo. Yo le comentaba jocoso: tiene que ser muy frustante querer matarse y no lograrlo. Él entonces echaba a correr escaleras arriba por el rascacielos que, a su vez, se convertía en una montaña que, a su vez, se perdía entre las nubes que, a su vez, desaparecían más allá de la atmósfera.



(Fotografía de Saul Leiter)
  

sábado, 10 de octubre de 2015

Somnia (Remisión)











Noches en que la nieve es roja y la boca que la escupe es blanca y la voz lejana que cubre al animal le hunde en el desvelo de la insensatez y con ella engendra los hijos.



(Fotografía de Jacob Aue Sobol)

viernes, 9 de octubre de 2015

Somnia (Membrillos)












Sueño que mi madre y yo recogemos membrillos. Ella se los pone en el delantal y yo los llevo en un cesto. Por el camino a casa nos cruzamos con unos hombres de aspecto agotado y decrépito que salen de un edificio en construcción y les regalamos algunas piezas. Se ponen contentos y uno de ellos me dice con tono afable: no trabajes nunca a la intemperie. Como yo no le entiendo bien él me muestra su porte zarrapastroso e insiste: donde nosotros estamos no hay membrillos. Al abrir los ojos me sorprendo saboreando en mi boca una grata acidez y tengo la sensación de que las yemas de mis dedos se cubren todavía con la pelusilla de la textura amarillenta del fruto.




jueves, 8 de octubre de 2015

Somnia (Persecución)















Al abrir el trastero de la casona, que es una antigua escalera condenada, los cachivaches amontonados desordenadamente despliegan una nube de polvo y se transforman en sombras agitadas. Doy un portazo cuando desde el fondo superior descienden precipitadamente hacia mí unas voces estruendosas. El espanto me lleva a arrojar la llave al pozo de la huerta. Me despierto febril justo en el instante en que las sombras y las voces han escalado desde la obscuridad húmeda y siniestra, y están a punto de desbordar el brocal.



(Fotografía de Morley Baer)


miércoles, 7 de octubre de 2015

Somnia (Sílex)






Una mujer joven, morena y hablando en guaraní corre agitada hacia mí y me derriba. Alza el brazo y me clava un cuchillo de sílex en el pecho. Dice que no tema, que es una ceremonia, pero se pone a llorar. Yo cojo el arma primitiva y palpo el filo de sus muescas, que está empapado de mi sangre. La mujer se inclina sobre mí y bebe con avidez de una llaga bajo la clavícula, que yo no siento. Solo tengo ojos para la bella talla del pedernal, que brilla con el sol y me ciega dulcemente.



(Fotografía de Imogen Cunningham)


martes, 6 de octubre de 2015

Somnia (Reducción)












Se habían amortiguado hasta el extremo los ruidos artificiales, extenuado las palabras, apagado el murmullo de los árboles, paralizado los innumerables lenguajes animales, detenido el fragor del viento, cortado el canto de los seres diminutos del sotobosque, amainado el caudal de los ríos, coagulado el lento goteo de la cal en las cuevas, atajado el susurro del crecimiento de las raíces. Me contuve con sumo esfuerzo para que ningún sonido saliera de mí. Sujeté mi torso, estiré las piernas, adapté mi espalda a la tierra, ceñí mis cabellos, cerré mi boca, relajé mi sexo, cautericé mis nervios. A pesar del esfuerzo los latidos pugnaban enloquecidos por atravesar mi pecho. Hice todo lo posible por introducir mis dedos afilados en la víscera irregular y mantenerla callada. No sé si fue el gesto, pero sentí una extremada lasitud, como si me durmiera más y más dentro del sueño.



(Fotografía de Elena Martyniuk)


lunes, 5 de octubre de 2015

Somnia (Espejo)















En aquel sueño iba a mirarme ante un espejo y no me veía reflejado en él. Es el vaho, me decía a mí mismo, y frotaba con un trapo, pero la imagen seguía opaca. Es la falta de luz en la habitación, descubría de pronto, y levantaba con energía la persiana permitiendo la entrada de plano del sol. Pero el espejo aparecía más cegado todavía. Ah, soy yo que no me coloco bien delante, me sorprendía. Decidía avanzar ufana y precipitadamente hacia él. Entonces una dispersión de cristales desgajados al unísono me ensordecieron, clavándose por todas partes en mi cuerpo desnudo. Después me tocaba con lenta morbosidad aquellas agudas heridas, de las que no manaba sangre.



(Fotografía de Jorge Molder)



domingo, 4 de octubre de 2015

La Pensée, de Aristide Maillol






Dice el  poeta Rilke en Elegías de Duino: "La belleza no es sino el comienzo del terror, que a duras penas todavía podemos soportar." Pero la belleza ¿paraliza a todo el mundo o solo a quien no quiere asumirla? Asumir la belleza es aceptar los tiempos, el reconocimiento del pasado, la asunción de lo incierto por venir, las limitaciones entendidas no como claudicación sino como posibles claves para comprender que nada hay peor que el vacío ni tan insensato como acatar la nada. 

Acaso Aristide Maillol entendió que una de las formas más auténtica de la belleza, o acaso la más acertada, es la capacidad de pensamiento. Pensamiento, en lengua francesa, es nombre femenino y singular. Su musa  y modelo Dina Vierny le proporcionó la pauta formal que bebe de las diosas griegas, pero el escultor va más allá, incluso en elaboración formal. No construye una diosa más, ni recrea las que mitos y artistas generaron, ni pretende nuevas adoraciones con su evocación. Maillol dota a la escultura del poder de sí misma. El poder de la calma, del control, el recurso pensante que esencia la belleza.


No eres la diosa que nace eternamente
ni la que exhibe el poder
ni la que garantiza los dones de la tierra.
No eres la expresión de la pasión
ni la cazadora que sirve a los dioses
ni la que parirá mil hijos llevando al sacrificio
a su amante consorte.
No eres la que petrifica a los hombres  
ni la reina esclava del Hades
ni la que hace del parto el gran símbolo.

Tú eres más. Más que una diosa
porque cubres desde dentro
la gran necesidad humana
que endereza todas las demás necesidades.
Sabes parar al borde del camino
o al filo del acantilado 
haciendo de tu mirada y tu actitud
la dimensión de la conciencia.





(Fotografías del Musée Quai d'Orsay)



sábado, 3 de octubre de 2015

Somnia (Lúpulo)















Los chopos de la ribera se dejan ascender por el lúpulo. Yo, que lo toco todo, tiro de las enredaderas y no se resienten. Tomo entre mis dedos los pequeños capullos del fruto, los froto, siento su textura sedosa, incluso los ensalivo. No acierto a comprender para qué puede servir aquella extraña rugosidad que corta la lengua si no se tiene cuidado. Empieza a soplar un viento de tormenta y las lianas se bambolean y trenzan mi cuerpo. Cuando arrecia aquel aire devastador yo permanezco sujeto al árbol mientras la hojarasca se agosta a mis pies. Cuando amaina el vendaval siento la placidez del lúpulo acariciando mi piel. Va cayendo la tarde y me están buscando. No me muevo de aquel asilo que reproduce para mí los secretos sonidos de la noche. Los gritos desesperados que multiplican mi nombre no me inquietan. Acogido, que no perdido, siento la calidez de las raíces que rozan el cielo.


(Fotografía de Elena Martyniuk)




viernes, 2 de octubre de 2015

Somnia (Nieve)












Sonaba el teléfono de madrugada y era invierno. Yo me levantaba y al coger el auricular contemplaba la calle solitaria cubierta de nieve. Una voz suave pronunciaba al otro lado de la línea mi nombre. Quién eres, le respondía. La voz: soy la nieve, no dejes que me vaya. Entonces yo abría la ventana de par en par y los copos entraban ocupando mi cabeza, invadiendo mi torso, arañando mis labios. No sentía frío en modo alguno. La línea se cortaba y en ese momento la voz parecía seguir dentro de mí. Yo también soy la nieve, me confirmaba a mí mismo mientras los copos se diluían lentamente sobre mi piel. Por la calle quedaban las huellas delicadas de unos pies que avanzaban en dirección a mi casa.


 (Fotografía de Roger Mayne)


jueves, 1 de octubre de 2015

Somnia (Crin)


















Un caballo azul que creía perdido para siempre aparece a mi lado. Agacha la cabeza para que le acaricie la crin. Ni bufa ni se agita. Cuando extiendo la mano me despierto. Observo en ese momento que mis dedos tiemblan.