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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 30 de abril de 2015

Afluencia











Las huestes concurrían al campo de lid con sus pertrechos. Varias eran antiguas, curtidas en la trampa y en la devoción que sus adictos les otorgaban. Otras se habían fortalecido a través de poderes locales limitados pero arraigados. Algunas estaban formadas por mercenarios coyunturales dispuestos a servir al mejor postor. Había milicias bisoñas, con más entusiasmo que claridad. También eternos aspirantes a la felicidad, pero doblegados por aquel concurso donde las reglas del juego no era iguales para todos. Poco antes de que comenzara la confrontación solía llegar alguna tropa advenediza de última hora, capaz de poner en un brete a ejércitos más avezados, simplemente por la audacia de sus cantos y sus exclamaciones desaforadas. Cada cual milicia esgrimía su propio color, que la diferenciaba en medio del ardor del combate. Enarbolaban sus distintivos sujetos en la espalda, las caballerías flameando al viento a merced del ímpetu del galope; los de a pie, con sus banderines menores, iban detrás, carne vendida al enemigo. Algunas huestes disponían de mejores arqueros que otras y sus disparos causaban estragos. Las planas mayores de los contendientes observaban desde la distancia de sus atalayas los movimientos sobre el terreno. Las había que disponían de estrategia, aunque siempre había errores de cálculo por donde podía llegar el fallo. Otros mandos confiaban más en las jugadas tácticas. Algunos improvisaban sobre la marcha y ciertamente que estos, no obstante carecer no solo de inteligencia sino de valor, podían condicionar con sus ofrecimientos y pactos el destino final de la batalla.

Lejos, en instancias difíciles de ubicar, desconocidas para los integrantes de aquella lid confusa, oscuros poderes movían cómodamente los hilos de las rivalidades. Les daba igual quién venciera, si bien preferían lo viejo conocido. Ellos sabrían reconducir cualquier desenlace en el campo de sangre y obligar a adaptarse a los vencedores.



(Fotogramas de la película Ran, de Akira Kurosawa)





miércoles, 29 de abril de 2015

Acromático





Los guerreros de los bandos de antiguos reinos y feudos orientales se diferenciaban en los desfiles y sobre todo en las afrentas por sus colores. A veces por caracteres sobre el fondo del color. En Occidente se añadieron heráldicas, emblemas mixtificados, iconografías tomadas del reino animal y del vegetal. Uno de aquellos signos sobresalió y fue compartido, no obstante la sangre derramada por sus propios seguidores, la de cierto instrumento de tortura. Colores. El panorama de su uso apenas ha cambiado, y la lid de la democracia mediana, mediocre y demediada que habitamos sigue guiándose (entiéndase publicitándose) por colores. Colores símbolos, identificaciones algunas más fundadas, otras más descafeinadas. No bastando siglas, palabras o dibujo más o menos figurativo, cada bando del presente político se define por colores. Azul, azul y blanco, rojo, rojo y verde, magenta, naranja, morado...Cierro los ojos y veo a los adalides y sus seguidores portando en su espalda el color, como los guerreros de Edo. Colores. A la mayor parte de las facciones solo les distingue un color, que no es algo propio, solo adoptado, pues los colores son de la naturaleza y de los pintores. También de la imaginación. Lo que pregonan no tiene un color definido, ora se afirma, ora se descolora, ora se desprovee, ora se mezcla de modo aleatorio (algunos llaman a este ejercicio táctica) Si uno pudiera votar solamente el color, no el producto que dicen vender...Pero para eso mejor me voy a un museo o a contemplar la naturaleza en primavera. No me llega el mensaje incoloro que va a generar ruido durante un tiempo con palabras inciertas e incluso increíbles. Conmigo dan en hueso, me siento acromático de los cantos de sirena. De los colores no, soy un devoto de ellos, pero están en otra parte. 



(Fotografía de Andy Prokh)

lunes, 27 de abril de 2015

Acracia















Imagina, dice Walden, que yo dijera, o mejor, hiciera, como aquel Ramón Acín, su memoria olvidada como la de tantos otros: "Yo, al escribir no hago literatura; escribo sujetándome el hígado o apretándome el corazón. Si canto suave o fuerte, canto sin saberlo, como los buenos árboles cuando les sopla el céfiro o les azota el aquilón." No me cabe duda de que Walden, puesto a escribir escribiría como habla habitualmente, dejándose afectar por las circunstancias. Pero la afectación o, si se quiere, la hipersensibilidad como respuesta no siempre es hablar o escribir. También puede ser callar. Pero si callas, ¿no sientes precisamente más necesidad de sujetar el hígado o el corazón, porque golpean, amargan y duelen? Y sin embargo, hay que saber callar como hay que saber hablar frente a una autoridad que se desacredita a sí misma. Callar para no dejarse apropiar el pensamiento por la demagogia y las doctrinas al uso. Hablar lo justo para señalar su oprobio y denunciar sus actos. Ay esa autoridad de los ungidos de toda la vida. Ay ese juego de autoridad en los emergentes y advenedizos del presente. Nadie propone nada que no se haya impuesto anteriormente. Sólo saben estar pendientes de su consagración, efímera por cierto. Mientras, ¿seguimos haciendo literatura o respiramos en profundidad para que nuestros órganos vitales no revienten? 



(Fotografía de Emmet Gowin)


domingo, 26 de abril de 2015

Acoso















Escuchado a la caída de la tarde:

Hombre: ¿Por qué me sigues de manera tan obsesiva?
Sombra:  ¿Por qué te empeñas en apoderarte de mi espacio?

Destino de vidas paralelas. Friedrich y su paseante prosiguen la andadura.





sábado, 25 de abril de 2015

Adscripción















Walden a bocajarro: soy banal. He descubierto que hay un club de fans de la actriz niña de mi infancia. De pronto siento la tentación de adscribirme a él. No sé qué actividades tendrá ni qué podría aportar yo. Pero este arrojo que me asalta por lo intrascendente persigue algo conmovedor. ¿Qué podría contar a los demás adscritos? ¿Cuántas veces vi de seguida en sesión continua su primera película? ¿Cómo en mis noches repetía la misma aventura fantaseada, aparentemente casta, en la que yo jugaba de paladín liberador de un secuestro que sufría la estrella? ¿O debería indagar sobre la recóndita morbosidad que me proporcionaba, como una imagen fija, mi propia película interior? ¿Alguien entenderá en ese club superficial el regusto que sentía mi sangre, todavía indefinida y carente de matices más obvios? Privado de interés por lo sublime y acaso por lo responsable, un club inocuo puede canalizar mis apetencias triviales, ¿no crees?, repite Walden con su mordacidad acostumbrada.



(Fotografía de Keith Carter)


viernes, 24 de abril de 2015

Ahuecamiento















He probado a poner la oreja por la calle, como me dijiste que tú hacías, dice Walden. No se requiere mucho esfuerzo. Capté enseguida un tópico: "Todos somos humanos", decía una mujer a otra. Estuve por intervenir, algo así como: no me lo creo. Pensé: ¿qué se quiere justificar con la frase? ¿La bondad o la inclemencia? ¿El acierto o el desatino? ¿La inteligencia o la brutalidad? ¿El cariño o la defección? ¿La avaricia o la generosidad? Llegué a la conclusión de horror que tú mismo sientes por el lenguaje mal usado o por su vaciamiento. Naturalmente, el que quiera hacer colección de manidas expresiones llenará un álbum y tendrá que empezar otro. Esos cromos que nos pasamos de boca en boca, cuyo horror no reside tanto en repetir lo ambiguo como en la dejación por profundizar en las causas de cada preocupación. Seguro que a la vuelta de la esquina escucharé: todos los políticos son iguales, por ejemplo, y por supuesto de boca de quienes jamás se han interesado por la política. No, ya no valen ni como exorcismos, estos eslóganes desgastados, escapistas, huecos. Ni ayudan a entender ni a entendernos. Filosofía barata, dice Walden.


(Fotografía de Keith Carter)


jueves, 23 de abril de 2015

Adicción















Éranse que se eran unos adictos entusiastas de la lectura. Habían mamado la portentosa tradición literaria, filosófica y musical de su patria, lo cual les procuraba un interés desmesurado por todo lo que fuera perseguir la luz (el gran Goethe, que no Zaratustra, había hablado) la ilustración que ayuda al entendimiento (Kant era un clamor) o revitalizar las leyendas de la antigua raza (oh, la mística de los mitos reconquistados por Wagner) Fieles al lema Sapere aude! aquellos lectores compulsivos no cejaban en su empeño de sacar regularmente libros de la biblioteca pública para empaparse de los placeres que contenían. Las ideas expuestas en ellos inflamaban su sed de conocimiento. Las narraciones levantaban la tapa de sus cráneos para llenar sus cerebros de fantasía. La poesía henchía sus almas puras hasta convertirlos a todos ellos en poetas afectados y sensibles. Con todo aquel bagaje comprendieron la gran misión que tenían por delante, que no era otra que vaciar las bibliotecas para que todo el mundo llevara a cabo la gran consigna kantiana: Sapere aude! Y tanto que tuvieron el valor de servirse de su propio entendimiento. El resto de la historia de estos valerosos lectores es sobradamente conocida.




 

miércoles, 22 de abril de 2015

Apreciación















Creo que un día de estos es la fiesta de la exaltación del libro. Pero un libro, como una rosa, es un libro es un libro es un libro...¿o es otra cosa? Un año más llega el Día del Mercado del Libro. En vísperas los colegios han mandado a sus alumnos leer y redactar de manera extraordinaria, la prensa expone artículos de forma y fondo, unos sobre el significado de la escritura y la lectura, otros sobre el estado de la edición, los de más allá sobre el futuro viable o inviable del libro. También hay un acto público de renombre en que las autoridades de renombre y un escritor elegido de renombre se citan para un premio de renombre. Ignoro si más allá hay otro objetivo que el aparente y vanidoso renombre. Al día siguiente de la fiesta del libro todo volverá a su cauce. El cauce se llama anaqueles de una habitación, donde el libro seguirá durmiendo el sueño de los injustos, o mercadillo de lance, donde algunos individuos correrán a malvender el libro que aquél a quien le gusta cumplir las tradiciones les ha regalado. Gesto que agradezco por si encuentro algo interesante a precio menor. Y fin. El libro como ocio sigue cumpliendo su papel. Y la denominada cultura seguirá estancada y con escaso reflejo en la convivencia. Acaso algún día se convierta el gesto de estar entretenido en el placer de leer y en el placer de pensar y en el placer de actuar (dentro de uno mismo) Pero es que muchos libros son tan bondadosos que nos conceden la posibilidad de percibir sin ataduras sus sensaciones. Hay que cogerlos al vuelo, sin hacer de ellos religión. Su alma es otra. Si sigues leyendo, la nuestra propia.



(Fotografía de Keith Carter)


martes, 21 de abril de 2015

Agravio
















¿Hubo alguna vez en la historia de la humanidad desplazamientos que no fueran forzosos? ¿Existieron migraciones voluntarias? ¿Se han dado exilios caprichosos? ¿Fueron fenómenos libremente elegidos los éxodos? ¿Ha habido extradiciones aceptadas por sus protagonistas? ¿Se ha librado alguna de las etnias, sociedades o naciones de tener algún capítulo en su pasado en que se tuvieron que mover de sus territorios? Para el carro, salta Walden, irritado. Yo soy hijo del desarraigo. Incluso tú, aunque no lo creas, eres hijo del desarraigo de los demás, masculla. Siquiera de algún predecesor tuyo. Hoy, la cuestión es que, además de la dureza de la huida, resulta ser un agravio. Por cierto, ¿qué es eso de que vas a irte este verano de crucero?



(Fotografía de Timoslav Peternek)

lunes, 20 de abril de 2015

Alivio















Walden sugiere: paliativo del ruido, escuchar Viaje de invierno, por ejemplo. Escuchar y a la vez seguir la lectura de los poemas de Wilhelm Müller.  Los poemas de Müller ya contienen musicalidad por sí mismos. Schubert lo captó en aquella rápida lectura a hurtadillas en la casa de un conde y dicen que robó el libro. ¿Que esa poesía te parece de un género que hoy no se cultiva? No lo creas, y además ¿desde cuándo te importan a ti los estilos si eres capaz de trasladarte a cada tiempo histórico con la misma capacidad de sorpresa y goce que si lo tuvieras al lado? Si buscas emociones porque portas emociones, date al encuentro. En el espejo de emociones externas se reflejarán las tuyas, y te complacerás en sus propiedades. No te resistas. ¿Te vas a hacer ahora el duro conmigo? Los poemas de Müller también son incisivos y ásperos. Nuestro mundo más íntimo y menos racionalizado habla sin palabras y con frecuencia éstas llegan no para facilitar el desarrollo sino para inhibir sus expresiones. Nos da miedo nuestro interior, naturalmente. No es el caso del Winterreise. Yo mismo me quedé mudo, incapaz de avanzar la lectura, cuando aquellos versos me dieron de frente:

"Ah, lágrimas, mis lágrimas,
¿no alcanzáis ningún fuego?"

Walden ha callado de pronto al recordarlo. Me deja solo.



(Fotografía de Daido Moriyama)


domingo, 19 de abril de 2015

Aplausos















En la soledad, perdón, quise decir en la sociedad del espectáculo, el ruido abunda. Tanto que los hombres no se oyen bien. No oyen tanto a otros, que no está bien que no lo hagan, sino que se incapacitan para escucharse a sí mismos. El ruido es un lenguaje clamoroso al que los hombres se abandonan. Estos escuchan sólo lo que quieren oír, no lo que podrían llegar a saber. Y así resulta que todo es corear, aplaudir, vitorear. Estridencias. Entusiasmo del ruido. Filosofía, perdón, quise decir ludopatía del juego por el juego. No se oyen, no se atienden. No se toman el tiempo de parar y dejarse llevar por el rumor. Prefieren y eligen la estridencia de lo banal. Y si los hombres no tienen claros los anhelos que siempre han transportado de manera soterrada, ¿qué vida vivirán? 


(Fotografía de Timoslav Peternek)


sábado, 18 de abril de 2015

Aseveración











Dos hombres pasan a mi lado hablando. Uno de ellos exclama, más que dice, con voz ligeramente enronquecida y enfática: "Para que uno se dé cuenta de lo perra y lo mala que es la vida". He llegado justo a un corolario. Pienso primero en la expresión en sí misma, que no por ser bastante usual carece de gravedad. Sólo a continuación me intriga el suceso que ha suscitado el comentario. Como éste no puedo llegar a conocer, otorgo calidad únicamente a la sentencia. Pero la aparente contundencia de ella y la seriedad con que se expresan los hombres en su confidencia ¿bastan para que conceda verdad a un hecho que para mí permanecerá ignorado? Y continuo mi paseo dando vueltas a la máxima, sin dedicar mayor tiempo a concebir situaciones de engaño, traición o insidia que han podido provocarla.


(Fotografía de Duane Michals)


viernes, 17 de abril de 2015

Atrapado












Imágenes visibles e invisibles que te pasan por la cabeza mientras permaneces atrapado en el ascensor, a oscuras y solo: en principio, ninguna. La química del cuerpo responde por ti, los reflejos tantean posibilidades de fuga, el sistema emocional vibra. No hay ideas, sólo impulsos y neuronas nerviosas en acción. Las ideas se postergan; llegarán cuando aceptes tu situación. Por más que das al timbre sólo lo oyes tú. Si otros lo oyen no atienden, y eso te preocupa más. Empiezan entonces las ideas, desagradables, tales como: vivimos en soledad, estamos abandonados unos de otros, mucha técnica y escasa cooperación, etcétera. Luego las metáforas: esto es lo más parecido a un útero pero no para engendrarnos en él, estoy colgado de la pared de una montaña, desafío gravitatorio, más etcétera. Después las preocupaciones no menos banales: hoy no comeré a este paso, no sé si me aguantaré sin mear, debería aprenderme textos de memoria para no aburrirme en casos como éste...Por último, satisfacción que compensa el desaliento que asoma, tal como: qué bien que desconecto, que no tengo que soportar a antipáticos, que no me caen regañinas, que no puedo acudir al trabajo, que no veré televisión. Recurso a la paciencia: te sientas a tientas, al agacharte apoyas las manos en lo que por su frialdad intuyes que es el espejo, te divierte la idea de que lo invisible se contemple en él pero tú no. Remate: acaso la muerte sea algo así, donde dejas de verte en tu corporeidad.  



(Fotografía de Duane Michals)


jueves, 16 de abril de 2015

Acabamiento















No sé quien decía que los escritores no mueren, me comenta Walden. ¿Ni cuando mueren?, digo curioso. Ni cuando mueren. Pero yo creo que mueren cada día en sus propias palabras, precisa Walden. Mucho antes que el cáncer o la vejez o el atropello por la calle acabe con ellos, los escritores se suicidan en cada escrito. Pero yo les sigo viendo, le digo, les sigo leyendo: sus nombres, los títulos de sus novelas, los elogios de la crítica, las traducciones, los premios, la designación de centros de cultura o enseñanza con sus apellidos. Eso no es su vida, sino el oscuro trazado de sus corifeos. Nada que ver. Los escritores viven y mueren por instantes. Tal vez sea posible su eternidad, o al menos su deseo de eternidad, cuando la literatura haya muerto del todo. Que llegará.



(Fotografía de Karin Szekessy)


miércoles, 15 de abril de 2015

Altisonancias















Fatiga de los días. Amonestaciones, altisonancias, correcciones, regaños. El mundo concreto y nebuloso se empeña a veces en estar contra él. No es un choque de sangre, pero sí frontal. Ese mundo de oficinas, bancos, comercios, por el que hay que pasar para regatear la materialidad de los objetos y de las propiedades. Donde no se sabe si uno se enfrenta al empleado, a la empresa, a la institución, o a todos juntos en un compacto y agresivo enjambre, y que despliega sonrisas si vas a dar y se muestra hosco si quieres recuperar. Fatiga lo descarnado de las transacciones, la compleja legalización permanente de los pequeños bienes, la publicidad falaz y embaucadora, la justificación de que tú eres tú y la duda de que seas otro. Asepsia que duele, asepsia por todas partes. El monstruo se recompone, te exige el beneplácito, se queda con tu derecho de primogenitura. Tanta frialdad hiela. Al hombre solo se le ocurre que debe instalar cortafuegos en su vida, para que no le prendan su escaso y humilde subsuelo.



(Fotografía de Tomislav Peternek)


martes, 14 de abril de 2015

Alusión (paréntesis festejador)




Estas pinzas siguen siendo de utilidad para tender la ropa. Naturalmente, la ropa debe estar primero bien lavada, cada vez se necesita mayor limpieza, de lo contrario no tiene sentido tenderla. Y después debe exponerse al aire y al sol, quién sabe si de paso el aroma se expande y contagia favorablemente a otros tendederos. Es bueno que el oxígeno y el ozono y los aires de campos, costas y páramos ventilen. Tanta contaminación pringa lo suyo. Ya sabemos que estos son tiempos en que se se lleva el usar y tirar, lo cual acaso genera más suciedad y menos esfuerzo por asegurar la higiene. De ahí que a muchos les traiga al fresco la limpieza y no les importe vivir enmerdados. ¿Que es la tan nuestra tradición, la ciega costumbre, la sinrazón histórica de la finca? Tal vez, pero no por eso es bueno. El sistema de quita y pon, que rebaja las exigencias, parece imponerse y así anda el personal con las trazas que lleva. Apostemos porque algún día podamos tender la ropa limpia y honrada en un tendedero en condiciones. Ellas esperan.


(Feliz memoria de una frustración)





lunes, 13 de abril de 2015

Abstención















Walden dice que si pudiera borraría aquellos años de su vida en que sobre todo pontificaba, se expresaba con exagerada vehemencia e imponía sus discurso con el tono agrio y chillón de quien piensa que sus hallazgos son verdades para los demás. Pero que puesto que no puede cambiar nada del pasado (las cosas fueron como fueron y que me perdonen los sufridores por mi causa, eso dice) al menos desea pasar desapercibido el tiempo restante (hablar de presente es dudoso y citar el futuro más bien resulta vano) Insiste: quiero vivir como si no se produjeran acontecimientos, y si tienen lugar que no me afecten, y si me golpean trataré de no sentirme herido.

Tanto negacionismo me escama. Quo vadis Walden?



(Fotografía de Karin Szekessy)


domingo, 12 de abril de 2015

Atención










Atentos todos a los descubrimientos, es la propiedad que se nos reserva para obtener cierta satisfacción. Cuánto de tinieblas y cuánto de luz nos han enseñado en esta vida es algo que debe medir y también valorar cada cual. Lo malo del asunto sería no distinguir entre la carencia o la abundancia, sea cual sea el grado de ambas. O tomar una por otra. Y, sin embargo, todo eso se ha dado. De tal modo que a muchos no les importa no distinguir o no alimentarse, más allá de la tendencia perentoria del animal que somos. Como les da igual andar cegatos en lugar de ver con retina larga. Dichoso avanzar en la edad con ganas de descubrir. ¿Por qué aquella relativa y abstraída atención de escolares se vuelve cuando somos adultos mucho más deseable y urgente? No, no se trata sólo de aquello de cosas veredes, pues las cosas se muestran por inercia de las mismas y del individuo. El problema sigue siendo de atención: cómo interpretar lo que vemos. Se nos sigue ofreciendo el portento del descubrimiento.



(Fotografía de Tomislav Peternek)


sábado, 11 de abril de 2015

Anhelo




Anhelo de otra vida donde desarrollar lo que apenas ha empezado a saborear en ésta. Aun no renunciando a tal posibilidad, no importa si encarnado en otro personaje y con otro nombre, tiene que admitir los límites presentes y reorganizarse. El tiempo apremia. A partir de ahora leerá solamente lo que su criterio considere más satisfactorio y hondo. Probablemente en cada época de su vida ha leído según su criterio, tan revuelto, de aprendizajes y aproximaciones, contradictorio. Pero éste ha cambiado tanto. Quien dice leer dice escribir (en su intimidad) o dice hablar (no parlotear) con un reducido grupo de personas con las que merezca la pena hacerlo. Y no obstante esta búsqueda de centralidad que le haga catar sobre todo la esencia ¿no sigue siendo una prospección de aproximaciones y aprendizajes? Concesión útil a las neuronas; espera que éstas le premien con sus descubrimientos.



(Fotografía de Karin-Szekessy)


viernes, 10 de abril de 2015

Aptitud















Aun gustando tanto de las palabras, siempre creyó que la poesía se encontraba más en las actitudes propias que en aquéllas. Cierto que las palabras denotan actitudes, pero pueden alterar o burlar lo sentido. Digamos que las actitudes del hombre eran también aptitudes. Si no se sabía capaz de sentir, de valorar o de identificarse con objetos de la vida, rehuía el uso de las palabras. Él comprendía que las palabras se emitieran para ser leídas por los demás y suscitar opinión. No solía ser su pretensión. Sus aptitudes eran extremadamente recónditas. Durante un tiempo de su vida no todo lo pronunciado era profundo, aun cuando emplease en abundancia el lenguaje. El hombre se dio cuenta de que si preservaba su percepción del mundo y las respuestas a éste las daba sobre todo en lo hondo de sí mayor era la justedad y el uso de las palabras. Escribes muy parvo, le decían algunos. Él sabía que la escasez de palabras no era un límite ni una incapacidad, sino un don. Un atributo.



(Fotografía de Tomislav Pertenek)


jueves, 9 de abril de 2015

Atributo






















Extraño tiempo éste donde no se encuentra al hombre y menos su atributo. Oculto bajo ropajes de pautas, modas o ideologías varias y trapaceras los individuos se instalan ocupando frágiles y diminutas parcelas de la superficie de sus vidas. Todo gira entonces en torno a la apariencia y al orden. Ah, debe ser ése el rostro de la cultura presente. Si el hombre es algo más, sólo se reconoce en su ámbito escondido. No renunciar a su refugio personal (sería mortal verse desprovisto de él) le dota de capacidad resistente e incluso creativa, pero no implica mayor acción. El hombre, para afirmar sus atributos, tiene pendiente una extensión. Definir con otra práctica unos atributos que se merezcan el nombre. No mostrarse únicamente como el personaje articulado cuyas medidas y movimientos son dispuestos y manipulados por otros. Tal vez es mucho pedir.




miércoles, 8 de abril de 2015

Abstracción





Cuesta centrarse en un mundo que se nos obsequia cada día con sus aparentes concreciones y no menos reales abstracciones. Concretamos realizaciones en nuestro entorno para sentirnos más seguros. No sabemos qué más. A su vez nos circunvalan otros mundos que o nos disputan el nuestro o nos lo niegan con las reales concreciones e imposibles abstracciones que padecen. La centralidad de cada día lo es a pulso; creemos que la poseemos pero solo es resultado de una ocupación. Si esta manera de vivir en el consumo de masas tan desmedida y centrada la percibimos como fin en sí mismo, dudosa epopeya. Los otros mundos acechan y de alguna manera nos reflejamos también en ellos. Los viejos fantasmas siguen latentes y cada vez parecen menos fantasmas y se materializan más. Los rostros varios de la alienación que tratan de imponerse a los ya conocidos escalofrían. Se agazapan los externos pero también los de casa. Todos muy antiguos, muy fanáticos, muy despreciativos del ser humano. El oscurantismo no se ha ido nunca. Vaya música. Qué hacer.




(Fotografía de Tomislav Peternek)


martes, 7 de abril de 2015

Astringencia














Hay días en que uno, de par de mañana, desea escribir y no puede. Porque no sabe, no se le ocurre, no le merece la pena recurrir a los temas habituales. Y entonces llega la tentación de poner únicamente oído a lo prudente. O de leer con cautela. O de respirar el aire aún frío de primavera y percibir nuevos aromas. Correrá el día y algo escribirá. Acaso se vaya al sueño a medianoche sin haberlo hecho. Pero no debe preocuparse por ello. Los sueños siempre escriben por él con sus renglones desordenados, pero ricos en sugerencias.



(Fotografía de Tomislav Peternek)


lunes, 6 de abril de 2015

Admiración





















No sé por qué la flor del cardo mariano, o borriquero como le llaman otros, tiene que ser menos admirada. Tiene algo de flor del desierto, pero del desierto de la fronda, si es posible esta aparente contradicción verbal, y no en el pedregal. Apartada de otras flores, pero reina de los cardos en abundancia. Los humanos, tan dados a las metáforas, deberíamos reconocernos también en humildes y pasajeras floraciones. Y otorgar a ésta de la fotografía un simbolismo. Más allá de su uso medicinal (del cardo dicen que sirve para disolver los cálculos renales) o decorativo. Siento siempre mucha admiración por lo silvestre. Aquello que se cuida a sí mismo, o al menos se procura, que pugna por sobrevivir en lo efímero frente a la masa. ¿Será éste el símbolo que yo buscaba en este caso?




domingo, 5 de abril de 2015

Advertencia










El zapato de raso. Acción española en cuatro jornadas es un drama de Paul Claudel. El director Manoel de Oliveira lo llevó al cine. Al principio de la película sale un personaje trajeado a la puerta de un teatro, ante la cual se despliegan varios acomodadores, se dirige a los espectadores del film y dice, o más bien advierte: "El orden es el placer de la razón. Pero el desorden es la delicia de la imaginación". A continuación se marcha, pero de pronto se gira como si recordase algo y mirándonos de nuevo añade: "Lo peor no siempre es seguro". Tal vez el espectador se debate también como en la trama, entre los órdenes y los desórdenes, como si la pugna interior solo fuera entre placeres. La duda sobre la posibilidad de un maridaje armónico. Lo utópico conlleva en su seno lo posible pero también lo imposible. ¿Siempre hay que elegir entre razón e imaginación? Este espectador no está por escorarse hacia uno en detrimento del otro, aunque no se equilibren nunca dentro de él. Al fin y al cabo no conoce en su búsqueda vital otra alternativa que le haga ser. Porque lo peor ¿no siempre es seguro?  



(Fotografía de Jorge Molder)

sábado, 4 de abril de 2015

Azuzar






















La prensa, dudosa manera de saber sobre el mundo. Cambio de usos y costumbres. Por ejemplo, no echar ya de menos que falte la prensa de papel un día. Tampoco caer como buitre sobre las páginas digitales. Esta manera a distancia de saber acerca del mundo resultó siempre tan acogedora. El toro desde la barrera. La ilusión de que lo que les pasa a otros no nos pasa a nosotros. Lectores ¿o mejor receptores? de un producto denominado noticias desde nuestra atalaya, mientras los castillos se hacen viejos. Vivimos en las terrazas sin otear y menos dominar ningún horizonte. Somos cortos de vista y a veces ciegos. Y mientras, azuzándonos, se instala en nosotros un extraño complejo de que vivimos al borde del desierto de los tártaros, sin saber qué clase de enemigo llegará y cuándo.



(Escultura de Pedro Monje)

viernes, 3 de abril de 2015

Aspiración














Aspiración del común de los mortales: llegar a viejo. Tema recurrente, escepticismo cuando se habla de ello con otros, guiños irónicos. Mirada a la abstracción de la suerte. La suerte, antes de concretarse, siempre es abstracta, y el deseo de llegar vivo cuanto más lejos se pueda es, como toda abstracción y mientras no se materializa, mero anhelo. No, él no desea llegar a centenario de cualquier manera, no se trata de llegar por llegar. Se puede alcanzar una edad muy provecta simplemente como resistente y lúcido nato, su padre por ejemplo. Él es un exigente de la vida. Afanoso en su pretensión: llegar todavía creativo, modesto hacedor de pequeñas obras, sencillo hurgador en la trama humana. Sentirse en la intensidad y la constancia, en la medida de sus fuerzas. No en vano sus modelos, demasiado elevados para él en cuanto demiurgos pero paradigmáticos en lo que se refiere a alcanzar mucha edad  haciendo, siempre fueron Picasso o Casals o Nimoy y ahora, batiendo récords,  Manoel de Oliveira.


(Fotografía de Leonard Nimoy)


jueves, 2 de abril de 2015

Amanecer

















En la soledad del amanecer, el lenguaje verbal es mudo. Por instinto. Y por instinto reflejo el cuerpo despliega otra lengua, la de los movimientos acompasados del desentumecimiento. ¿Pero es que el cuerpo es perezoso cuando buena parte de él ha sido incesante en la dimensión del sueño? Sí, el cuerpo es perezoso para afrontar la jornada consciente y se resiste. Los pensamientos lo saben y se activan, incluso con energía, para poner al hombre con los pies en el suelo. Con frecuencia es el espejo el primer interlocutor oral del hombre, el que logra sin esfuerzo arrancar el primer balbuceo del día. Acaso la primera reflexión. Acaso la primera renuncia.



(Fotografía de Karin Szekessy)

 

miércoles, 1 de abril de 2015

Astenia






















¿Astenia primaveral? No. Más bien tiempos de astenia, así en general. Él, que no cree ni en la influencia de la luna ni en echar la moneda al pozo ni en el dios de los cielos y de los infiernos ni en que el cáncer se cura, no va a caer ahora en el estereotipo de temporada. Puede que la astenia, ese decaimiento cada vez más instalado dentro y fuera de uno mismo, lo perciba también como un mal moral. Al fin y al cabo es la tónica extendida mires donde mires. Naturalmente, suenan los clarines del márketing pregonando que fuera del mercado y de la política no hay salvación. Entre otras razones -y no se trata de esa monserga de la salvación difundida por la doctrina falaz durante siglos- porque nadie quiere salvarse. Por el esfuerzo propio e intransferible, obviamente. Siempre deseamos que nos salven otros. Una idea deprimente. Peligrosa. Sin garantías.



(Fotografía de Tomislav Peternek)