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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 31 de marzo de 2015

Desgana















Esos accesos de desgana que tiene. Leer menos. Escribir de modo muy escaso. No interesarse por las noticias, puesto que no las reconoce como nuevas. No conceder mayor importancia a dormir pocas horas. No viajar. Recorrer incluso las mismas calles todos los días. Soportar con dificultad y poca atracción los personajes cotidianos. Hablar lo mínimo y, a ser posible, evitando tópicos, que otros llaman lugares comunes, y redundancias. Y sin embargo qué satisfacción intuir que la sangre sigue circulando. Qué bienestar dar por hecho que las funciones del cuerpo aparentemente se mantienen. Qué gozo la hora vespertina de la cerveza muy fría. La sorpresa: se salvan de su desinterés los instintos. Todos absolutamente bajos, por supuesto.



(Fotografía de Tomislav Peternek)


lunes, 30 de marzo de 2015

Apariencia















Las conquistas del sueño no contienen la presuntuosidad que exhibe la consciencia. Mientras ésta, con la excusa de canalizar la vida individual respecto a la exigencia colectiva, se pierde en la ordenada apariencia los sueños se desbordan libres y ebrios de sí mismos. Tejen los desperfectos que los hombres se causan en su interior. En ese sentido, además de generosos los sueños son prudentes. ¿Y quién nos dice que no son los verdaderos artífices de la vida y sus manifestaciones? 


(Fotografía de Tomislav Peternek)

domingo, 29 de marzo de 2015

Amén (no)















Y los hombres se llenarán la boca de palabras (vanas) Y vendrán días en que las palabras no significarán (nada) Y los cuerpos se sentirán huérfanos (sin referencia cabal) Y esas palabras encubrirán la esencia de las vidas hasta ahogarla. Pero el hombre no morirá (no del todo)




(Fotografía de Tomislav Peternek) 

sábado, 28 de marzo de 2015

Azar


















Nos indigna que el azar traiga muerte. Nos admira que el azar deje amor. Nos asombra su imagen bifronte. Acostumbrados a mirar el rostro luminoso ignoramos cómo se agazapan las sombras. Y de pronto, un día, el silencio.



(Fotografía de Branibor Debeljković)

viernes, 27 de marzo de 2015

Apátrida

















Uno no quisiera que su patria fuera solamente el sueño. Que solo le quedara como refugio el sueño físico, y sus derivados, los ensueños. Puesto que el sueño como anhelo de la consciencia dista cada vez más de ser reconocido como un lugar habitable. Naturalmente, también queda otro margen donde, a través de lecturas o escrituras o ciertos coloquios prudentes con otros apátridas, defender la supervivencia. Un espacio, en roce con las restantes pautas de la vida, donde alzar una república personal. Intransferible. Que no sea susceptible de verse interferida o lo mínimo.


(Fotografía de Inés González)


jueves, 26 de marzo de 2015

¡Viva Quevedo! (Y esta otra gente)


















Que a estas alturas se tenga que recurrir a Francisco de Quevedo para hablar de la libertad, como si no hubieran llovido siglos, creo que pone en entredicho el avance moral y político de este país. Dice mucho a favor del poderoso hombre de las letras. La libertad, ese bien más preciado que no muchos aprecian ni defienden, sigue siendo maniatada, inhibida, mermada, lacerada, rajada, herida, menospreciada...por mor de los dueños de la finca y de los acólitos torpes que pactan con ellos y miran a otra parte.

La gente de Greenpeace se han manifestado esta mañana ante el Congreso contra la Ley Mordaza  y la Reforma del Código Penal aprobados hoy definitivamente para mayor desgracia y riesgo de los españoles. Para los chicos de Greenpeace, esas moscas cojoneras necesarias, portadores del testimonio de la protesta y de la conciencia, mientras el común de la ciudadanía parece dormir el sueño eterno, van como homenaje estos versos del gran Don Francisco:

"No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.

Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda." 


(etcétera)


(Fotografía de Pedro Armestre)



miércoles, 25 de marzo de 2015

Desde la ciudad alta




Cuando los penúltimos bárbaros subieron a la ciudad alta para tomar posesión de sus ruinas no sabían, los muy ignorantes, que aquellas venerables piedras eran eternas. Tampoco sospechaban, los muy soberbios, que en las ciudades de las que ellos procedían no iba a quedar más construcción que las huellas de sus cenizas. Allá arriba de la noble ciudad conquistada ¿dijeron, como Napoleón en Egipto, algo semejante a tantos siglos nos contemplan? Ay, incautos, el pasado miró para otra parte cuando quisieron establecer un a modo de reino mundial de la destrucción. El pasado estaba a salvo y no les miró a ellos.




lunes, 23 de marzo de 2015

Ingenuos












No sentir nuevas cadenas. Mientras no sentimos que dependemos de algo, nos tenemos por independientes: un razonamiento falso que muestra cuán orgulloso y ansioso de poder es el hombre. Pues admite aquí que bajo cualquier circunstancia debe advertir y reconocer, en cuanto la sufre, la dependencia, bajo el supuesto de que habitualmente vive en la independencia y, tan pronto la pierda excepcionalmente, notará un contraste del sentimiento. Pero, ¿y si fuera verdad lo contrario: que siempre vive en múltiple dependencia, pero se tiene por libre cuando por hábito prolongado ya no nota la opresión de la cadena? Sólo las cadenas nuevas le hacen sufrir: libertad de la voluntad no significa propiamente hablando nada más que no sentir nuevas cadenas.”


Así habla Nietzsche en El caminante y su sombra. Por mi parte, tal vez aguijoneado por la extrema lucidez del filósofo, me pongo a buen recaudo de las inútiles lecturas y vanas escuchas cotidianas. Necesidad de alejarse uno de los ruidos y los fuegos artificiales que se producen en el esperpéntico corralito.


(Imagen de Bill Viola)


sábado, 21 de marzo de 2015

Retorno (o lo mismo de cada día)


























Al volver de Mitilene me encuentro con lo mismo de siempre, o acaso más agravado. ¿O sólo más mediático? Vuelvo a mi país hipócrita y una voz cual zarza ardiente me dice: no te preocupes, siervo mío, que los funcionarios de la conciencia velan por todos vosotros. Y entonces leo de pasada que uno de ellos, para más señas jefe de filas religioso en una recia y secular ciudad castellana, presidente de su empresa para todos los territorios celtibéricos y últimamente ascendido al rango de alto ejecutivo en la Oficina Central de Roma, ha dicho: "Debemos aprender a mirar compasivamente a los que están en situación de indigencia". Oh, gran revelación de este hijo de Saulo que a estas alturas se cae del caballo para decir lo mismo que dijeron siempre sus antecesores en la fe y el oficio, sin hacer nada para remediar los males ajenos. Oh, cómo resuena desde su garganta, coreada por la clase social con la que los suyos se fecundan mutuamente, el viejo grito carismático de aquellos a quienes les sobra: ¡Caridad, hermanos, caridad! (Sin explicitar: que otros se lo llevan entero y no hacemos nada por evitarlo) No es que Mitilene esté mejor, al menos la de ahora, pues allí y hoy la casta de los sacerdotes también unge con su palabrería, si acaso no conspira ya contra el estado laico. Mi Mitilene, aquel del que regreso provisionalmente, el antiguo, tampoco era la Arcadia feliz, pero a mí me ha servido durante un tiempo para olvidarme de esta otra región del fin de la tierra donde moro. Hoy paseo por las calles de mi ciudad y me encuentro pasquines revolucionarios como el que reproduzco. Lo dicho. Prima lo mediático. Y es que algunos no saben de qué quejarse. 





jueves, 19 de marzo de 2015

Post scriptum: expansión
















¿Por qué a veces, Safo, cuando uno está más entregado al goce, que incluso lo trasciende y parece tocar el sentido de la vida, se ve asaltado por el pesimismo y la resignación? No debería ser agorero, pues el azar me ha premiado y la vida no tiene marcha atrás. Es inevitable que, si dolor y placer echan constantemente un pulso, llegue un momento en que no se distinga con nitidez sus posiciones e interfiera uno el espacio del otro. Si soy ecuánime, deberé reconocer que tu presencia es para mi vida un brindis permanente. Compensa los años anteriores de inquietud y abandono. Sustituye la inercia de una vida caótica e inútil, donde el mal y la ignorancia eran las pautas ordinarias. Tú has conseguido que la vida refinada, en la que te encuentras tan a gusto, haya sido también para mí primero una tentación, después un camino. No me refiero al mero disfrute de los placeres más comunes y la comodidad, sino a las satisfacciones que mi cuerpo obtiene con artes y conocimientos que cultiváis. ¿No es acaso la inagotable curiosidad por saber una fuente de agrado? ¿No son las creaciones de vuestras palabras y de vuestras músicas un ámbito de complacencia? ¿No constituyen un acicate las prospecciones del pensamiento y el debate de las ideas que practicáis? ¿Qué decir de la relación que mantenéis con los demiurgos de la materia, los visionarios que ponen rostro no solo a nuestros dioses o a los héroes, sino a nuestras mismas maneras de vivir? ¿Cómo nombrar el hecho de comportarnos conforme a nuestras capacidades y a nuestros límites, pero sin resignarnos a unas y desafiando a otros? Y, ¿no es el placer en sí mismo un objetivo y un sentido? ¿No hay en la aproximación al otro sino deleite por la percepción de nuestra identidad? ¿No nos aporta además un cierto grado de conocimiento de quienes van llegando a nuestra vida? Tú me has puesto, Safo, en la senda de ordenar el goce, sin renunciar a sus retos. Bien sabes que me gusta amar tanto como me gusta saber. Pero incluso cuando no amo, mantengo el equilibrio. Pero incluso cuando no sé, opto por dudar, pues sé que la duda me hace vivir. Y borra los miedos al vacío y, principalmente, conjura los temores del envejecimiento.  

Sostén mi copa que yo apoyaré la tuya para apurar su néctar.



(Fotografía de Mona Kuhn)


miércoles, 18 de marzo de 2015

Post scriptum: lamento















...y en tanto tú transportas todavía, amiga, la esencia de la vida, y la conviertes en goce, y haces disfrutar con tu pensamiento y tu cuerpo a los elegidos, yo envejezco y empiezo a vivir sólo de recuerdos.


(Lienzo de Mariano Fortuny)


martes, 17 de marzo de 2015

Post scriptum: el salón










Metea viene eufórica a buscarme. Ven conmigo, corre, y me toma de la mano. Léucrates casi ha terminado de pintar el salón de celebraciones de la casa de mi padre, me informa. Yo no sabía nada y la noticia repentina me hace de inmediato cómplice de la joven. La finca de su familia está próxima y atravesamos un olivar en plena madurez hasta llegar a ella. Es hora de asueto, nadie nos ve llegar. Matea no cesa en su excitación. Aún permanecen algunos andamios y el olor de las mezclas es intenso. Léucrates ha representado cierta variedad de fauna tanto terrestre como acuática, en una escena monumental en que los animales cohabitan con humanos. En el porte de algunos de estos, menos rígido que lo que es usual, creo adivinar a sus padres y a sus hermanos. Ella misma aparece acariciando un gato de ojos muy vivos. Los colores, que aun siendo los fundamentales, se suavizan para que la gran habitación mantenga un juego de dimensiones que no abrume a la vista se reparten de modo equilibrado entre las figuras. Por la parte superior corre una cenefa con un texto a punto de finalizarse. Dice: Anhelad cuantos aquí celebréis la fiesta un mundo donde habiten en paz animales y humanos bajo la armonía de las estrellas. Le pregunto a Metea de quién ha sido idea esa cita. Me dice que suya. ¿Una ocurrencia?, la pregunto. Sí y no, responde. Es un verso de uno de mis poemas. ¿Quieres que te lea alguno? Me siento un poco violento, porque parece que estoy de tapadillo en la casa. Pero, ¿cómo negarme a quien me ofrece junto a su belleza el don de las palabras?  

Hemos salido al jardín y nos instalamos en la parte más umbrosa, donde el calor se aminora. Ahora el inquieto soy yo.



(Fotografía de Jock Sturges)



lunes, 16 de marzo de 2015

Post scriptum: claridad





Me encuentras en lo alto de los escarpes, escudriñando la otra costa cuya vista está favorecida por la claridad del día. Quieres saber qué me abstrae. Yo te digo con aspereza que la confusión en mis entrañas. Tú me respondes con comprensión que no soy un hombre de abatimiento. Me revuelvo. ¿Por qué al mirar el horizonte, donde se dibuja la otra tierra, veo también cuanto me desagrada en nuestro mundo? Los guerreros no saben sino alardear de sus hazañas como si el relato de sus gestas no portara sangre. Los comerciantes sólo entienden el valor de sus mercaderías como precio, ignorando el sudor de quienes las hicieron. Los funcionarios se constituyen en legión ávida que estruja a las gentes, despreciando que son éstas quienes les dan de comer. Los artistas dividen su alma entre la libertad de crear libremente y el encargo que les reduce a servidumbre. Los aedos van recitando cantos que alteran conforme al gusto de las modas, desfigurando la belleza original de la poesía. Los arquitectos se repiten al alzar los templos sin admitir que las divinidades hace tiempo que escaparon de las toscas moradas que les ofrecieron los mortales. Solo tengo esperanza en los que huyen. En los navegantes que no desean retornar. En los jóvenes que se arriesgan a viajes que no cesarán jamás. En los sabios silenciosos y recónditos que meditan en lo más agreste de nuestra isla, ignorando academias y premios. Incluso en los orates que lo son para hacerse respetar por sus vecinos. ¿Huirías alguna vez conmigo?, me sorprendes de pronto. Bien sabes, te digo, que somos dos soledades que se hacen fuga cada vez que nos dejamos arrastrar por nuestro propio vórtice. 

La luz permitía otear de tal modo la costa lejana que eras capaz de indicar con el dedo la posición de ciudades, para mí invisibles, cuyos nombres extraños nos divertían.




(Fotografía de Herbert List)

domingo, 15 de marzo de 2015

Post scriptum: alocución















No dejéis que pesen más en vosotros los consejos difusos del oráculo que las palabras precisas de quienes han viajado y por lo tanto han conocido otras vidas y otras regiones. Aquél busca dar satisfacción a lo que pretendéis obtener, sin resolveros las dudas y sin garantías de que saldréis indemnes del camino en el que os aventuréis. Los que llegan de fuera relatan al menos los acontecimientos de lo vivido y esa experiencia ajena os puede ser útil para estimar vuestros medios y valorar las posibilidades de tomar una decisión. Ahora bien, exigid a navegantes y viajeros que os informen con las palabras justas, pues quienes se extienden en un relato acaso estén alterando lo que vieron o fantaseando sobre lo que no llegaron a ver pero que escucharon de otras bocas. No digo que despreciéis la intención de la pitia, más bien agradeced ser escuchados, sin que ello os obligue a obrar conforme os sugiere. Pero sobre todo apreciad cuantas historias os narren los hombres de experiencia, procurando siempre separar grano y paja en sus relaciones. Diréis pues: al final ¿cómo decidiremos? Sin duda sopesando con modestia y con la mayor certeza posible vuestra situación. Estimando qué obtendréis y que perderéis con cualquiera de las decisiones que os tienten. No olvidéis que el riesgo está presente incluso en lo más razonable. Pero, ¿y si os dijera que en muchas ocasiones la intuición es sabia y nos sorprende con su acierto?   

Había pensado hablar así en la tertulia de mañana, Safo, pero no estoy seguro. No me veo maestro ni consejero ni virtuoso y, lo que es más extraño, ni siquiera me gusta el tono que empleo. Tú dirás si debo callar o ser menos impertinente.



(Fotografía de Ferdinando Scianna)


sábado, 14 de marzo de 2015

Post scriptum: el náufrago



















¿Crees que los poetas que se inician y los poetas que se consideran en su engreimiento maduros confluirán en algún punto del universo, tras su disolución? Pues mientras los primeros se vanaglorian de sus descubrimientos, como si antes que ellos el mundo no hubiera sido interpretado, los segundos se abandonan a las mieles de pretender que todo está dicho y poco o nada queda por ver. Yo soy un náufrago del verbo y no me siento ubicado ni entre unos ni entre otros. Ni deseo participar de cenáculo alguno. Me preguntas si no me siento afectado por la escritura. Qué decirte. La poesía nace y muere cada día porque su esencia no está tal vez en la ilación y el juego de las palabras. De ahí que últimamente no sé si es más importante aprender de nuevo a leer o aprender de nuevo a vivir. No siento la poesía como una ejecución de letras sino como una acción sigilosa y receptiva de los sentidos. De ahí que apenas escriba, amiga mía. Y sólo escuche el rumor del aire y del agua y de la floresta.



(Fotografía de Margaret Durow)


viernes, 13 de marzo de 2015

Post scriptum: la voz hiriente















Safo a Zóticos: Si la tierra no sintió jamás tu peso y permitió dadivosa tu caminar, debes de estar agradecido a ella en cualquiera de sus manifestaciones. Si los hombres te acabaron aceptando, no obstante tus pasadas veleidades desafectas con algunos de ellos, ábrete ahora más que nunca a su condición y resarce, si te es posible, a los que injuriaste. Si fuiste ardiente y generoso en el amor, y tus amores te compensaron sobradamente, sin haber engañado jamás a nadie, reconfórtate ahora con el recuerdo de uno de los mayores dones que nos depara la vida. Si de los bienes que gozaste no hiciste carencia para otros y supiste conformarte con lo justo, no te sentirás mortificado por la injusticia de la propiedad. Si te preocuparon siempre el entendimiento y la convivencia de tus conciudadanos, procurando que la tiranía no tuviera espacio entre nosotros, no te quepa duda de que la senda que nos brindaste recorrer no será borrada. Mírate a ti mismo con la mirada interior. Como los amantes que en la distancia apenas saben de sí mismos, sin vislumbrar un rostro nítido, ni conocer su voz, ni siquiera distinguir su estado y sus ataduras, sin tener claro cuándo son libres o cuándo esclavos, pero que se buscan náufragos entre la tiniebla de lo ignoto y el luminoso deseo que les atrapa, así tú debes no perderte de vista a ti mismo en estos momentos de fragilidad. Ámate en el infortunio con la misma entereza que lo hiciste en la dicha. No debemos mirarnos tanto en las voces de otros verbos, sino recibir cada día al mensajero de la voz interior. Apura los días y pacta la alianza con la faz oscura de la naturaleza, para que ella te conceda calma y aceptación.

Cuando escuché las palabras que dirigiste al desahuciado sentí que mi pecho se rasgaba a su vez. No obstante, entendí tu poderosa razón, amiga, y admiré que procuraras a Zóticos ánimo para el reencuentro con el hombre que lleva dentro.



(Fotografía de Lee Jeffries)



jueves, 12 de marzo de 2015

Post scriptum: el rostro de la enfermedad















Zóticos, uno de los nuestros que alardeaba de salud de hierro, ha enfermado. Hombre de buena planta y con elegantes dotes de convicción, tenía ganada fama de haber seducido siempre tanto a hombres como a mujeres, y de haberlo hecho con el mismo ardor que ponía al ejercitarse en las armas y con el mismo empeño por el que procuraba que se aplicaran las leyes en la ciudad. Acaso debido a esta conducta ecuánime se había ganado el reconocimiento de todos nosotros. No obstante ya no estaba siendo tan considerado por algunos sectores de la juventud, para quienes la faceta tradicional del guerrero no es muy apreciada y a los que la vigilancia de los ordenamientos les parece demasiado fiscalizada, pues se cuenta poco con el consenso público. Algunos han comentado incluso que el comportamiento generoso y atractivo de Zóticos en nuestro entorno no lo ha sido con otras gentes y otros pueblos. Han llegado a relatarse ferocidades cometidas por él en ciertas incursiones que realizó siendo más joven apoyando a gentes belicosas de septentrión, algo sobre lo que aquí preferimos no saber. Cuando se le ha preguntado a Zóticos cómo se le puede ayudar para aliviar el dolor y de qué manera es posible compensar su angustia ha dicho: que venga Safo y que recite para mí; y que le acompañen sus bailarinas y toquen y canten sin cesar para amortiguar esta traición de mi cuerpo. 

Amiga, ¿podrías negar a este hombre, no obstante una vida de claroscuros que habrá generado en el pasado tanta atracción como rechazo, el auxilio benéfico de tu arte?



(Fotografía de Lee Jeffries)


miércoles, 11 de marzo de 2015

Post scriptum: convulsión















Un trueno me despertó esta madrugada. ¿O fue el eco de una convulsión desconocida? No había lluvia y puesto que la noche había sido cálida cabía esperar que una tormenta seca hiciera de las suyas. Me sentí inquieto y me levanté del lecho. Oí pasos apresurados por la casa. Uno de los sirvientes llegó despavorido. Lo único que hizo fue confirmar mi alarma. Por los caminos que pasan próximos a la casa había un trasiego de gentes inusual a esas horas. También se observaban figuras difusas descendiendo por las laderas que dan a la otra parte, en dirección a la rada. No tardé en recibir por un enviado de Icteo un mensaje críptico. Que me pusiera a resguardo. Como mi amigo es un hombre que siempre habla por intuiciones resulta muy difícil interpretar sus avisos. Pero muchas veces no ha ido descaminado en las premoniciones. Sé que con esa actitud suya no pretende asustar en vano a nadie, ni hacer negocios, ni pretenderse más sabio. Es un hombre severo y riguroso, y preserva siempre sus estudios de las miradas curiosas. Si yo se lo pidiera, accedería a hacerme partícipe de arcanos que sólo él conoce. Pero la verdad es que tampoco deseo convertirme en un adoctrinado pues sé que toda filiación conlleva un precio en esta vida, cuando no riesgos y sendas erróneas. Aprecié su recomendación, le di garantías de que me cuidaría, y así se lo hice saber al criado, para que se lo transmitiera. Pero ¿qué podía hacer yo? ¿Huir de qué? No soy hombre de salir corriendo de situaciones peligrosas y menos de las confusas, que son doblemente aventuradas. Si hay invasión, me dije, hablaré con los asaltantes. Si se trata de un incendio, colaboraré en salvar las vidas y los bienes de los perjudicados. Si se ha producido un temblor, algo más probable pero que no se confirmaba, pues todo el mundo hablaba de un gran sonido en el cielo pero nadie había advertido que el suelo hubiera quebrado, cogeré una manta y una lámpara de aceite y saldré a campo abierto. Hice todo tipo de cálculo de posibilidades. Decidí adoptar una posición tranquila. Salí al pórtico, bebí un vaso de leche de cabra, y me senté a esperar. Mi actitud debió tranquilizar a los próximos y estos a su vez influyeron con idéntico comportamiento sobre sus familiares, que llegaban desde diversas fincas vecinas. Al clarear todo se fue atemperando. 

Ahora que te cuento esto,  Safo, me doy cuenta de que o no te has enterado de la misteriosa herida de la noche o no has otorgado importancia mayor al incidente. La mera idea de que no hayas querido ponerme sobre aviso me indignaría. Por cierto, me han comentado que te han visto al alba por el camino que conduce donde la pitia, acompañada de otras dos o tres mujeres, pero de regreso a tu casa.



(Fotografía de Lee Jeffries)


lunes, 9 de marzo de 2015

Post scriptum: poema velado
















Alguien ha vuelto a dejar en el zaguán de mi casa un escrito poético. Iba sujeto con un cordel a una pequeña rama de olivo.

...He tú aquí varado en mis entrañas. 
En nuestras voces gime la marea creciente. 
La espuma se disuelve contra los labios.
A lo largo de esta extensión de piel la sal llaga y escuece. 
Un áspid que muerde corre por la sangre tuya y mía.
De pronto, en el fondo de nuestros ojos sólo vemos la noche. 

Excesiva metáfora para ser obra traviesa de una de tus adolescentes, Safo. Tampoco me parece una forma de hacer poesía propia de nuestro ámbito. El mismo Eros la encontraría tan acerada como directa. Aunque, quién sabe. Los estilos cambian para permitir que la naturaleza se perpetúe. Confío en que tú sepas hallar pistas, no sé si por tu sobrada capacidad para analizar el texto o a través de las informaciones privilegiadas que te hacen estar al día de los acontecimientos domésticos. En cuanto a mí, no quiero sentirme afectado. Pensar en un desquite me irritaría. Que se tratara de una perversión oculta y melancólica me pondría en guardia.



(Fotografía de Silvia Grav)


domingo, 8 de marzo de 2015

Post scriptum: noticias de devastación















Algunos viajeros desembarcados en el puerto relatan hechos que han presenciado, tan increíbles como ingratos. Cuentan que en vastas regiones donde no hay mar pero abunda un cielo generoso, donde no crecen olivos pero su tierra es fértil, donde sus costumbres distan mucho de las nuestras pero no por ello son menos cultas, hordas de enloquecidos guerreros entran en sus ciudades y las saquean. No solamente persiguen a sus habitantes, sino que derogan las leyes al uso, asaltan sus ágoras, derriban estatuas monumentales y borran las inscripciones de lenguas ancestrales registradas en los muros de los palacios y templos. Han llegado a profanar los símbolos del pasado y a convertir en erial territorios fecundos que durante generaciones habían disfrutado de bienes, de arte y de sabiduría. ¿Por qué atacan tanto la herencia de otros tiempos?, me pregunta Cleis. Tal vez, le respondo, buscan espantar sus propios fantasmas atacando a vivos y muertos. ¿Quieres decir que esa gente se teme a sí misma?, dice la joven. Probablemente, Cleis. Temen su ignorancia, temen su odio, temen su propia fuerza bruta. Y sobre todo su incapacidad para levantar algo constructivo en el mismo solar que destruyen. Poco seguros de sí mismos tienen que estar para cometer tales actos. Pero, naturalmente, a los energúmenos les basta con saciarse en el ejercicio violento, aunque es harto probable que detrás haya otros, acaso una minoría, que les empuje para sacar provecho. Cleis es tozuda. ¿Por qué nadie les para los pies?, dice con ingenuidad. No sé muy bien qué responder, ni conozco lo suficiente qué sucede en ese lugar del mundo. ¿Le digo que tal vez quienes podrían evitar esa violencia, si acaso existieran, no son tan diferentes? ¿Menciono lo dual que es el comportamiento humano, con sus dos varas de medir según se trate de los nuestros o de los ajenos? ¿Le hablo de los diversos rostros, algunos sumamente cultos, de que dispone la agresividad de los hombres y de sus instituciones cívicas? Cleis rompe el silencio y desplaza mis pensamientos. Creo que quien ataca las creaciones bellas de otros pueblos es un huérfano de belleza, asevera con serenidad

Me ha conmovido la joven. Por primera vez siento espanto y desprecio por una forma de orfandad. Me embarga la impotencia.

  

(Fotografía de Mimmo Jodice)



sábado, 7 de marzo de 2015

Post scriptum: otro fragmento















...y si te olvidas de aquel paisaje, Safo, donde la huella de las piedras no era sino la sombra misma de los hombres que perecieron sin conocer el amor, y recitas algo a mi oído para que tu voz conjure estos arrebatos de soledad, tan próximos...



(Fotografía de Marlo Broekmans)

  

viernes, 6 de marzo de 2015

Post scriptum: extraño suceso













Qué dispersión tan gratificante. Quebrar la monotonía de los días, admirar a la juventud, tan ajena a las preocupaciones, permitirnos todos pequeños caprichos. Onarchos está teniendo una atención con nosotros que ya quisiéramos encontrar en Mitilene. Hace bien Safo en corresponderle con el encanto y la enjundia de sus conversaciones; ahí ella parece la alumna que deslumbra al viejo maestro con su particular manera de ir entendiendo la vida. La luz de esta costa es semejante a la nuestra, aunque las aguas se argentan más intensamente y soplan vientos con otra consistencia, menos densos pero con más remolinos. Zenais, la joven esposa de Onarchos, no se separa de mí ni a sol ni a sombra. Que si un día quiere que vayamos al amanecer a visitar unos pequeños templos rupestres. Que si otro desea que presencie la salida de los pescadores en la plenitud de la noche. Y todas las tardes hace que no me pierda la estampa del ocaso desde el acantilado de las rocas que parecen árboles. Este atardecer me ha dado su personal visión de la belleza del crepúsculo. Dice que el sol, al alejarse, dibuja todos los colores del Hades y deja a los mortales en la orfandad más absoluta. Yo le he respondido que su opinión es pura poesía y que seguramente al otro lado de la vida no hay colores tan hermosos. ¿Merecerían la pena los días sin esta huida de la luz?, cuestiona de pronto, y observo en la pregunta cierto tono melancólico. Le respondo que la huida es uno de los rostros de la muerte, pero que a diferencia de la partida inexorable las huidas nos permiten renacer cada día. Y, por lo tanto, seguir estando. Ella entonces me ha mirado fijamente con sus ojos oscuros. Desde lo más profundo de ellos me ha preguntado: ¿Hacia dónde partirías tú sin tener que morir del todo? 

Sólo silencio. Yo no podía entender cómo teniendo ante nuestros cuerpos la belleza del día que se iba nos apartábamos de su contemplación. ¿Buscábamos en nuestras mutuas miradas el ocaso o el amanecer?



(Fotografía de Herbert List)

 

jueves, 5 de marzo de 2015

Post scriptum: expectación




Hay gran excitación entre los jóvenes por la excursión que has organizado hasta la finca de Onarchos, al otro lado de la isla. Todos han oído hablar de aquellas extrañas piedras que yacen junto a los caminos, en las laderas de los montes y en el fondo de los acantilados, y que recuerdan a grandes árboles, pero que nadie acierta a saber muy bien si su materia procede de las plantas o de las rocas. Creo que salvo tú y yo, Safo, ninguno de tus alumnos ni de nuestros amigos las han visto jamás. Es un aliciente. No dudo que servirá de estímulo a más de uno de ellos, bien para profundizar en los misterios de la tierra y desvelarlos, bien para hacer de ellos una prédica sobre lo insondable que es cuanto tenemos bajo los pies. Yo, si tuviera que definirme, me alinearía con los que optaran por la primera decisión, pues ya hay suficiente desgracia en esta vida como para perpetuar la ignorancia. No saber, amiga, nunca nos hará felices. Y tampoco cuanto vayamos sabiendo nos resolverá las dudas de una sola vez, pues ya vemos lo concatenados que están los elementos tanto en la naturaleza como en las cosas y qué frágiles resultan sus vínculos. Nos llevará al menos tres o cuatro días el desplazamiento, pero la atracción por saber qué mar hay al otro lado y si se parece al que vemos de ordinario reducirá sin duda lo que pueda haber de penoso en el esfuerzo. Tú has sido muy precisa en las instrucciones del viaje. Llevar lo mínimo, hacernos acompañar por pocos sirvientes y de confianza. Reducir incluso la distancia con ellos, aunque a estos les confunda, pues bien dices que volver a la naturaleza más agreste hace que nos olvidemos de los muros que los hombres han levantado entre ellos mismos. Aunque contamos con detenernos en un santuario tradicional cuyo culto a Afrodita viene de lejos, lo que todos anhelamos ver es lo extraordinario. Debemos vivir con más frecuencia la naturaleza y el paisaje, me has dicho, para que cuando la memoria flaquee se compense con los recuerdos espontáneos de nuestros sentidos.

Voy a preparar mi leve bagaje y a ponerme un calzado apropiado para el camino. 



(Fotografía de Evgeniy Shaman)


miércoles, 4 de marzo de 2015

Post scriptum: la pícara





















¿Cómo te ves muriendo? Así me ha asaltado esta tarde tu discípula Irana, con una mirada burlona que ya traía antes de la pregunta y que se ha prolongado tras hacerla. Me he dicho: sé cauto, tal vez tras su interés haya trampa. Piensa antes de nada si en lo que pregunta hay ganas de saber o si desea una respuesta que le satisfaga. Irana es muy peculiar en las conversaciones, tal vez malévola. Sobradas muestras ha dado de ello. Yo he callado de momento, pero ella ha insistido. ¿Cómo será que mueres?, y la nueva pregunta me ha parecido todavía más extraña y sinuosa. Si hubiéramos estado solos tal vez yo hubiera reaccionado jocoso, pero la expectación de otros jóvenes que se arremolinaron en torno a nosotros me exigía controlar la situación. Si callaba o si dudaba, se reirían de mí. Si me ponía trágico, dirían que actuaba. Así que decidí cercarla. ¿Acaso pretendes que te describa cómo pudo ser en aquella batalla donde todos estábamos cubiertos de sangre propia y ajena y pocos sobrevivimos? ¿O cómo me afectaban aquellas fiebres, producidas por unas bubas traicioneras, que creí que me sacan de este mundo? ¿Debo relatarte cómo una vez un corte de digestión mientras nadaba estuvo a punto de hacerme perecer entre el oleaje? Después de tantos avatares, ¿crees, Irana, que aún debo imaginarme a mí mismo en la circunstancia final? Pero ella se revolvió. Oh, no, no te he preguntado por ningún final, sino por una muerte pasajera. Entonces, por la mirada pícara de los otros muchachos caí en la cuenta de que me sometían a una prueba retorcida para procurarse diversión. Incluso una muerte pasajera, Irana, también es catártica, dije, y probablemente fatal. Pero si tanta curiosidad tienes en conocer los detalles, mira, la caída de la tarde está próxima y la oscuridad depara con frecuencia riesgos consentidos.

Aunque la chanza acabó en risas por parte de todos, Safo, el semblante de Irana no era el mismo. No sé si no me la habrá guardado para otra ocasión.

 

(Fotografía de Alexander Grinberg)


martes, 3 de marzo de 2015

Post scriptum: interrupción















Puesto que estamos atrapados en un espejo de sueños compartido, acerquémonos. Acerquémonos mientras el reflejo no nos traicione y confunda nuestras mentes. Mientras la atracción no se agote en nuestras miradas, ni las palabras lleguen a ser hastío al atravesar nuestra piel. Mientras tu rostro aún terso no sea herido por mis arrugas pronunciadas y esté a salvo la compostura del cuerpo. Mientras disfrutemos del paseo entre los arrayanes y bajemos a bañarnos a las calas acogedoras. Mientras soportemos nuestros aromas y no sintamos rechazo al rozarnos.  Mientras nuestros anhelos sostengan la precaria arquitectura que nos da refugio y la fantasía no nos niegue la capacidad de disolución mutua. En los juegos que alternamos, unas veces con descaro y otras a escondidas, hay tanto de aquella juventud que nos abandonó. Y en tanto tú...

Esto te estaba escribiendo, Safo, cuando has entrado este mediodía. He disimulado vertiendo la tinta y manchando de paso mi chitón recién estrenado. Tendré que rehacer el texto o tirarlo junto con la blusa malograda.



(Fotografía de Mimmo Jodice)


lunes, 2 de marzo de 2015

Post scriptum: el hombre del cincel















Tarde amena con el escultor Nikóstratos, del que he aprendido. Hago las estatuas como si fueran a ser eternas, me dice con tono humilde. Pero en cuanto salen de mis manos sé que no van a durar siempre. A veces, incluso menos tiempo del previsto. Cuántas obras no habrán ido al fondo del océano. Cuántas no habrán sido derribadas de sus pedestales. Cuántas no formarán parte de los cimientos o los muros de una nueva ciudad. No soy ningún demiurgo, aunque a veces crea que pertenezco a la majestad del Olimpo antes que a la república de los hombres. Apenas soy un intermediario entre la materia y el fin que pretenden de ellas los que las encargan. Me gusta hacerlas bien, para lo cual necesito antes que nada sentirme estatua. Y que ellas sean consecuencia de cómo las pienso. Porque una escultura solo es la prolongación de una idea primigenia. Cómo concibo a un dios, cómo pienso a un hombre, cómo imagino la escena de un relieve. No, no descubro nada. Antes que yo ha habido muchos artesanos de la talla en otras regiones y en otros imperios. ¿Desde cuándo viene tallándose por la mano del hombre? No lo sé, pero las otras esculturas que he visto y han precedido a las nuestras, nombrando a diosas que nosotros desconocemos, representando emperadores de los que no hemos oído hablar, exhibiendo un porte que nos resulta ahora bárbaro pero que tiene suma magnificencia, abrieron el camino. Yo solo lo continuo. Las esculturas se deben a mí, pero yo me debo a ellas. En cada labor de esculpido hay una llamada nueva, que modifica a su vez el símbolo. Una textura de la piedra más ligera, una alteración de los rasgos de la dura geometría, un equilibrio diferente de las proporciones, un juego de armonías que rompa lo usual. A veces pienso, amigo, que las sonrisas de los rostros podrían modificarse y hacer que transmitan también los gestos de la oscuridad del hombre. Acaso algún día me atreva y dé el paso. Aunque los comerciantes y los administradores del ágora y de los templos dejen de solicitarme encargos.

Safo, este hombre sabe perfectamente de qué habla. Las diosas y los efebos que han salido de su cincel han mantenido todos estos años una comunión muy intensa con él. Acaso le han transmitido sus deseos ocultos.

  

(Fotografía de Mimmo Jodice)


domingo, 1 de marzo de 2015

Post scriptum: el vaso




¿Por qué me envías, mujer, esta copa decorada con imagen tan bella? Ese corzo solitario que desde el pasto alza la cabeza y permanece mirándome me conmueve. Nada hay tosco en la obra. Ni el delicado acabado del kylix, ni los colores discretos, ni el animal apacible que parece demandar algo de mí. Te quedo agradecido por el obsequio. No te quepa duda que mi mayor gratitud será apurar con avidez el contenido cada vez que tome entre mis manos al cérvido. Será una ceremonia. Imaginaré que entre los dos vaciamos un elixir reservado de arcanas cosechas, aunque tú estés ausente.



(Fotografía de Evgeny Shaman)