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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 28 de febrero de 2015

Post scritpum: caprichos















En el gimnasio, Archelaos y Diodoros, hombres ilustres que pertenecen a distintas facciones enfrentadas de la ciudad, han coincido por fin en algo: compartir el amor por el hermoso Nereus. Este efebo, muy considerado por sus proporciones, se presta como modelo en la academia de dibujo. Su padre, hombre recto pero tolerante, no pone objeción al reconocimiento que le brindan los dos prohombres. Sin embargo, y aquí se revelan las segundas intenciones de algunos que pasan por ser admirados a causa de su rectitud, no ha perdido la ocasión. Ha dado a entender a los dos amantes maduros que sería bueno que tamaño afecto por su hijo se tradujera en alguna clase de protección y tutela remunerada sobre él. Nereus, que se siente exultante por la atracción que ejerce sobre los dos hombres nobles, se hace el ignorante y condesciende al acuerdo lascivo de aquellos. Por cierto, creo que en el taller de Nikóstratos están a punto de concluir la estatua de kuros inspirada en Nereus. Hay un mercader caprichoso que ha pagado generosamente por ella, con objeto de trasportarla a una ciudad septentrional. Si como dicen ciertas lenguas, que creen saberlo todo, en la transacción por la escultura entra también el traslado del efebo de carne y hueso, el conflicto con los prohombres puede resultar algo serio. Por una parte se pondrían a prueba las atenciones que solicitan Diodoros y Archelaos, acerca de si se tratan de un antojo pasajero. Pero si no lo fueran, y aquí se manifestaría el poder del azar y lo inesperado, tal vez sirviera para aparcar sus disputas ancestrales y atemperarse un poco en sus fiebres lujuriosas. Seguro que la ciudad se beneficiaría.


(Fotografía de Mimmo Jodice)


viernes, 27 de febrero de 2015

Post scriptum: el recóndito











Al otro lado de la isla vive oculto un hombre que no quiere saber apenas nada de nuestro tiempo. No es pordiosero, pero vive con modestia. No es huraño, pero restringe a lo justo el hacer vida comunitaria. No se refugia en una cueva, pero su casa es frágil y sencilla. Dicen que corrió aventuras fuera de la patria, mas de ellas no obtuvo excesivo contento y sí nula ganancia. Dicen que desertó como mercenario de cierta campaña militar en extremas regiones, y que evitó por azar la cautividad. Que aprendió el arte de tejer y de teñir, y que tiene una mano especial para entintar las telas y dotarlas de dibujos con animales fantásticos, aunque aquí no guste a la mayoría. De él se dice también que tiene escasa confianza en los hombres, principalmente en los orgullosos y en los que se enriquecen a costa de otros. Y que tampoco cree en los dioses, no porque los considere haraganes y soberbios, sino porque le parecen inútiles. Además de dedicarse a su industria doméstica, por las noches contempla las estrellas. Algunos cuentan que las estudia, aunque nadie sabe con precisión cómo lo hace. Que algunas noches de firmamento limpio sube al monte que tiene detrás con un fanal y un juego de cálamo y dibuja signos en un pergamino. Vive en soledad pero dos muchachos jóvenes le ayudan en las tareas durante el día. A veces le visita una mujer, de la que se comenta que está desposada con un comerciante rico. Lo cual resulta extraño puesto que por aquella comarca agreste no hay comercio. Deben ser habladurías suscitadas por la envidia. Los individuos que se apartan voluntariamente del ruido pero saben lo que quieren son envidiados, aunque sean humildes. Una vez al mes recorre con el bagaje de sus confecciones el largo camino hasta Mitilene, aprovechando señaladas fechas de mercado. 

Lo que más me intriga es que Safo siempre tiene un hueco en su tiempo para recibirle. 



(Fotografía de Lee Jeffries)


jueves, 26 de febrero de 2015

Post scriptum: el terror de los necios















Safo, hoy he tenido un sueño terrible. Atracaban una naves con gente bárbara que a continuación asolaba la ciudad. Al llegar al templo de Apolo intentaban entrar y profanarlo, pero no podían. Se consolaban obcecándose en derribar a golpes las estatuas del peristilo. Aunque nuestro mármol es sólido, al caer las imágenes se desmochaban, perdiendo incluso las extremidades o la cabeza o partiéndose en dos por el empeño de los necios. Luego estos subían a la zona del mirador desde el cual se contempla el puerto y donde existe desde antaño una estatua de tamaño considerable de Zeus Olímpico. Todos los agresores se aprestaban con gran júbilo a a echar largas cuerdas a la colosal figura del dios padre, pero al alcanzar cierto punto de proximidad no conseguían acercarse más. Tampoco les acompañaba la destreza en lanzar sogas y maromas de distinta consistencia y grosor. Era como si la gran divinidad se riera de aquellos que llegaban para destruirles a ellos, los dioses asentados desde y para la eternidad en su cielo. Destrucción que, probablemente, los invasores feroces intentaran en nombre de otros dioses. Entonces la estatua de Zeus habló de manera extraña. No es mi ira la que acabará con vosotros, decía, sino la vuestra propia la que os hará perder esta aventura. ¿Quién os ha metido en la cabeza la idea de que unos dioses deben destruir a otros?  

Créeme, nada más despertar me vestí con presura y alcancé el mirador desde donde se advierte parte de nuestra costa y de las costas que hay al otro lado del océano. Para mi perplejidad, no supe de dónde había sacado yo que allí había una representación del gran Olímpico. Por aquella ladera solo crecen alegres las plantaciones de jacintos.



(Fotografía de Herbert List)


miércoles, 25 de febrero de 2015

Post scriptum: la de mirada larga










Vuestras discusiones más que filosóficas son grandilocuentes, dices tú, Safo, la de mirada larga. Os gusta hilar semejantes discursos que, no digo que vayan descaminados, pero que no tocan del todo la hondura de los hombres. Ganadores y perdedores de esta vida gustan también de los placeres más refinados y de los deleites más bárbaros. ¿Acaso hay frontera en la búsqueda del placer como puede haber división entre amos y esclavos, entre sabios e ignorantes, entre toscos y delicados? Y todos ellos, no obstante su enfrentada posición, ¿no se encuentran en ocasiones en un punto donde parecen allanarse sus discordias? Efímero es también el goce, pero ¿no se nos brinda una y otra vez como remedio a las desdichas y a las insatisfacciones? ¿De qué otro modo pueden los miserables intentar salir del mundo al que se ven aherrojados, los esclavos paliar su condición y los ricos compensarse de sus convencionales y aburridas normas? Cierto que no todos pueden acceder a las diferentes formas del placer. Unos solamente rozarán los gustos del cuerpo, otros además percibirán el sentido profundo y caprichoso de las palabras, otros llegarán a comprender también la epifanía de la música. ¿Cuántos hay que puedan contar al llegar el final de su vida que lograron alcanzar en mayor o menor medida todas las dimensiones que el placer depara a un hombre? Agradezcamos al destino que nosotros tengamos las puertas abiertas al mayor placer de todos: al descubrimiento del asombro.

Así nos hiciste enmudecer, Safo, de amplia y divertida sonrisa.



(Fotografía de Alexander Rodchenko)

martes, 24 de febrero de 2015

Post scriptum: habla Baco















El vino con que me ha obsequiado Ino de Agra nos ha puesto muy contentos a los dos. Soy pausado al beber, pero él no. Sin embargo, hoy su locuacidad me ha contagiado y ambos nos hemos sentido desbordados. ¿Hemos hablado por ello de lo fútil y trivial? Todo lo contrario. El vino desata la trascendencia de los asuntos y nos invita a la desmesura de las palabras, que no de los conceptos. Ino se ha excedido en su filosofía, lo cual contradice a quienes opinan que beber obnubila y tergiversa pensamientos y conductas. Naturalmente, siempre que quede en un ámbito reducido como el que los dos hemos preservado no resulta arriesgado. Vivimos por dos motivos, ha sentenciado Ino, porque nos parieron y porque nos han dejado vivir. No, no pienses, ha continuado el beodo mayor, que esos motivos son cómplices y el segundo es una consecuencia inerte del primero. Conozco tantos hombres que han sido traídos a este mundo pero a los que luego se les hace la vida imposible. Pero es un riesgo que todos corremos, he apuntado. Cierto, dice Ino, y ni siquiera los que hemos tomado un camino que nos ha parecido provechoso y hasta definitivo estamos libres de no frustrarnos. Hay mucho engreído a nuestro alrededor que piensa que con los bienes que posee y el mandato con el que impera tiene la existencia resuelta. Pero ¿acaso los negocios no son de ida y vuelta? ¿No es el poder que se ejerce sino un fugaz reflejo del propio fracaso? ¿Todavía hay quien piensa que está a salvo de males impredecibles y vive por ello abusando de otras vidas y maltratando la propia? 

He vaciado una jarra sobre las copas y hemos bebido a dos manos. Yo balbuceo: Ino, tu filosofía es hermosa y, sobre todo, sagaz. La vida es un trayecto inseguro, tú mismo lo pudiste comprobar en el pasado. Porque, ¿podemos aseverar que la vida de los esclavos es más incierta que la nuestra? ¿Crees que vivir de la herencia de nuestros ancestros garantiza la elección de nuestro futuro? Los humanos ejecutan trayectorias y compromisos que no siempre han decidido. Toman caminos que otros les dejan tomar o precisamente porque no les dejan que elijan. Verdad es que existen ciertos márgenes, pero ¿para todos y con la misma amplitud? Ino me ha interrumpido y dice poniendo el brazo en mi hombro: Amigo, no todos están siempre en el bando ganador, los bandos fluctúan siempre. El perdedor de hoy presidirá mañana nuestras instituciones, y a la inversa. Del mismo modo que algunos nunca ganan y siempre pierden. El azar es poderoso, pero el ansia de poder de los hombres no es desdeñable.

Safo, te juro que aun habiendo hablado tanto ya no recuerdo más. Sí, que el vino reverberaba no sólo en el estómago sino principalmente en mi mente. Y que Ino se puso a entonar un canto pícaro con una voz tan turbia como espantosa.




lunes, 23 de febrero de 2015

Post scriptum: reflejos
















Ay, niña revoltosa. ¿Por qué dices que al contemplarte en el arroyo has visto reflejado en él mi rostro? Advertida quedas: No es en las aguas quietas donde estaré yo, si acaso búscame en las turbulentas. ¿O tal vez es por esa misma razón por la que no esperabas encontrar tu imagen en el remanso apacible? 

Ya ves, Safo, a dónde conduce el juego de imágenes perturbadoras en los espejos. Y ella no cesa. 




(Pintura de Mijail Vrubel)

domingo, 22 de febrero de 2015

(Paréntesis para celebrar al hombre)




¿Celebrar al poeta? No, no sólo. ¡Celebrar al hombre! Sin el hombre no hubieran existido ni su pensamiento, ni sus escritos, ni su poesía. Pero no el hombre genérico, sino el hombre haciéndose. Solo el hombre haciéndose desde la cuna hasta la postración, que se hace y se deshace una y mil veces, puede legar a otros hombres la sensatez y la armonía de las palabras. Y aquel hombre, transeúnte por una España atroz (no sé cómo denominar a la presente y ojalá no se repitiera en pasado) parece mentira cómo pudo hacer de la poesía vehículo de su pensamiento y de su bondad. 

Dejo aquí su poema Consejos, que tiene belleza y tiene miga. Y cuando ambas prevalecen al unísono, ¿no representa de alguna manera el triunfo de la vida sobre la muerte?

"Sabe esperar, aguarda que la marea fluya,
-así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa."

Algún día llevaré flores para Antonio a Collioure, aunque no sea febrero.




sábado, 21 de febrero de 2015

Post scriptum: todos los ojos















En el grupo de chicas que se pasean por delante de mi casa se hablaba esta tarde de un bardo ciego que inventaba historias. Algunas de ellas tratan de un viajero que se adentra en los océanos y se enfrenta a seres fantásticos. De estos monstruos los hay que nacen y viven en las aguas propiamente y los que habitan en costas en que el marino recala. Uno de los más horribles y peligrosos, dice Metea, es un gigante que tiene un solo ojo ocupando gran parte del rostro. ¿Crees que ese deforme existirá todavía?, interviene Arsinoe, la de cabellera rizosa. Y Metea: No se sabe, pues si bien se cuenta que el que dirigía la expedición lo cegó, otras versiones aseguran que a causa de la tortura infligida le crecieron más ojos y no sólo en la frente sino por todo el cuerpo. Entonces intervino Chloe, la de carnes flácidas, para manifestar su espanto: un monstruo con tantos ojos, aun fuera de su sitio ordinario, puede causar un mal enorme, ha dicho. Metea, que es traviesa y gusta de provocar temor entre sus compañeras, se ha tomado un silencio largo, ha dirigido su mirada sombría a cada una de ellas y ha soltado con desaire intrigante: ¿Sabéis?, creo que hay diez mil ojos flotantes que nos observan cada día, de la mañana a la noche, hagamos lo que hagamos y nos dirijamos a donde nos dirijamos. Un oh seco y grave se ha extendido por el corro al unísono. Momento que Metea ha aprovechado para prolongar su versión quimérica. Sí, lo hacen cuando nos desnudamos al acostarnos y cuando nos lavamos por la mañana, al sentarnos a la mesa con la familia y al recibir a nuestros amantes, en las clases de geometría y al ejercitar las danzas. Y en el sueño, cuando no estamos ya en este mundo y la imaginación vuela a territorios de espanto, algunos de esos ojos nos toman y engendran hijos del Hades dentro de nosotras. 

Tuve que contener la risa, no sé si más al ver las facciones heladas de las caras juveniles o por la desbordante y malintencionada fantasía de Matea, la de ideas siniestras.   



(Fotografía de Lee Jeffries)


viernes, 20 de febrero de 2015

Post scriptum: la estatua















Hay alboroto en Mitilene. Helladios de Éresos ha terminado la escultura en mármol blanco del dios Poseidón y aún no hay acuerdo sobre dónde debe ubicarse. Los más ancianos, siempre tradicionales y religiosos, desean que se coloque ante el templo principal y se entronice en éste su advocación. Los comerciantes prefieren que domine la entrada al puerto, en un espacio próximo a la lonja, y argumentan con cierta lógica que tal dios debe tener como referente el océano. El grupo de mujeres de la academia de Safo sugieren el paseo ajardinado que vincula la ciudad antigua y la nueva, para lo cual piden que se levante un nuevo parterre que domine la ciudad baja. Que ese espacio es el más adecuado, dicen, para que el símbolo del dios tienda puentes entre los cielos, esta tierra y los procelosos mares. Antiguos combatientes en expediciones pretéritas se abstienen de opinar pues sostienen que de erigir una estatua tendría que haber sido a Ares, la potente y destructiva divinidad de la guerra, causa por la que muchos de nuestros antepasados pagaron un precio alto. Hay jóvenes con ganas de salir de la isla que argumentan que no tienen futuro en ella y qué mejor lugar de emplazamiento, opinan, que una de las nuevas colonias que se fundan en regiones extremas de Meridión. Allí podría transportarse la esbelta imagen y adoptar el sobrenombre de Poseidón de Lesbos (esto lo dicen para ganar adeptos a su causa) También se ha sugerido consultar a la pitia, pero no se le ve mucho sentido a la propuesta porque ya ha tomado partido, pretendiendo que se coloque en una ladera del monte donde ella habita.

Mientras se discute y no se toma decisión alguna, el dios de los mares permanece anclado en tierra de nadie. Los más perspicaces entienden que Helladios, previendo desde el principio los desencuentros, ha esculpido una obra con personalidad indecisa. Así, la escultura del soberbio Poseidón no es ni la de un efebo ni la de un anciano, ni resulta muy varonil ni muy afectado, ni dominante ni frágil, ni extremadamente barbado ni barbilampiño. Hasta tal punto que si bien el cuerpo y uno de sus brazos lo tiene girado en dirección a los océanos la cabeza se ladea hacia el interior de la isla. Todavía hay vecinos sagaces que empiezan a dudar de que la estatua represente realmente al temeroso señor de los piélagos.



(Fotografía de Lee Jeffries)


jueves, 19 de febrero de 2015

Post scriptum: resurrección





















El padre de Phile que, como ya sabes, cultiva la vid, me ha hecho llegar a través de un sirviente una ánfora con excelente vino de su cosecha, para que lo comparta contigo. En un mensaje agradece nuestro interés por el estado de su hija y nos anuncia una buena nueva. Dice, Safo, que desde que estuviste con la joven aquel día ésta ha mejorado notablemente. Que sus molestias han remitido en parte y que, sobre todo, ha recuperado cierta ilusión e interés por las cosas. En tu encuentro con ella la regalaste una colección de poemas que aún no habías leído a nadie, gesto que ella ha valorado con mucho entusiasmo. Me dice su padre que Phile está aprendiendo de memoria estos poemas y que, si tú lo permites, cuando se reponga quiere recitarlos en alguna de las tertulias abiertas. También está componiendo música de cítara para acompañarlos. ¿No es asombrosa la reacción corporal de esta chiquilla? Ayer al borde del abismo y hoy tan repuesta. Puede que también haya obrado en su mejoría la nueva amistad. Ha congeniado mucho con Medora, otra de tus alumnas de la academia, que fue enviada por ti para animar su postración. Medora, que pasa desapercibida porque es bastante callada y no hace ostentación de sus amplios conocimientos, sabe llevar a Phile y ambas se escuchan con un notable agrado. El buen hombre está sorprendido por los cambios de su hija y me relata con admiración que ayer ella se levantó y se puso uno de los vestidos más vaporosos para recibir a Medora. Que cuando ésta llegó tenía un color encendido y, salvo cierta inestabilidad al mantenerse en pie, se la veía con considerable vigor. No sé qué hay en Medora, pero su presencia alivia la ansiedad de la enferma. Acaso no debería comentártelo, pero me dice también que desde hace unos días apenas te nombra y mucho menos pide que vayas a visitarla. Que únicamente tiene ojos para Medora.    

Los caminos de la curación residen muchas veces en lo imprevisto y en la oportuna presencia de personas que saben consolar. Tú dirías llanamente que es el carácter divino del azar. 



(Fotografía de Karin Szekessy)


miércoles, 18 de febrero de 2015

Post scriptum: fragmento















...y si me llevas a pasear por la playa, Safo, donde podremos hablar con las olas, las mismas olas que al otro lado, en otras costas, susurrarán también con su espuma a otros mortales, semejantes...



(Fotografía de Mona Kuhn)


martes, 17 de febrero de 2015

Post scriptum: discordias












Hay discordias entre los nuestros. Cierto geómetra acostumbrado a diseñar planos de los edificios sagrados y a ocupar las urbes con esa modalidad de construcciones pretende que erijamos un nuevo templo. Ya hay muchos templos, han dicho en oposición algunos de nuestros astrónomos. Levantemos mejor un observatorio, pues de los planetas cabe esperar aún muchos mensajes, y de los dioses no quedan ni triviales historias por conocer. Pero un nuevo templo dará lugar a mucha actividad alrededor de él, y las calles se llenarán de gentes y mercaderías llegadas desde muchas poblaciones e incluso de otras islas y continentes, ha replicado el arquitecto lineal. Ah, han saltado los partidarios del estudio del universo, se te ve el plumero, ¿no será que más que honrar el culto de las divinidades lo que pretendes es que cunda otro mercado y tú mismo obtener ganancia de uno y otro? Pero el hombre de los compases no se ha amilanado. Culto y mercado no están reñidos, ha sentenciado. Los mismos dioses verían con buenos ojos que nos acordemos de ellos y que a la vez la gente peregrine hasta aquí para hacer una ciudad más rica y pujante. Los astrónomos han montado en cólera: los dioses están cansados del culto de los mortales y además para ellos no somos ya nadie, como tantas veces se ha comprobado y nos cuesta admitir. Mientras que los planetas, que están antes que los dioses, son el futuro. Por ellos conoceremos mejor nuestros pasos por el mundo terrestre y por los piélagos marinos. No se puede hablar con vosotros, ha dicho el arquitecto recogiendo sus dibujos. Esta ciudad no servirá para nada si no posee construcciones grandiosas de las que los viajeros que nos visitan puedan hablar con admiración cuando retornen a sus patrias. Puede que no se hable demasiado, le han echado en cara los opositores, pero ¿para qué sirve que se hable de una ciudad que levanta monumentos si algún día quedarán solamente las ruinas? ¿No hay, acaso, más útil construcción que aquella que hace avanzar los conocimientos en lugar de repetir las inútiles plegarias a seres fantásticos que no las necesitan? 



(Grabado de William Blake)

lunes, 16 de febrero de 2015

Post scriptum: reflejo especular
















No se lo voy a decir, pero lo pienso. Las palabras de esta mujer son dardos. Sus prudentes silencios, trampas. ¿Lo serán también sus sentimientos? Me propone que le entregue mis deseos. Yo le ofrezco un intercambio. Al acercarnos el uno al otro es como si nos miráramos en un espejo. Ya sea para descubrir los planetas o para procurar los cultivos de la tierra. Ya se trate de las gestas de nuestros antepasados o de las cuitas de este tiempo. Ya se brinden las travesuras del lenguaje o se atraviesen las miradas de la seducción. Los días son largos para el dolor, pero qué cortos resultan cuando se nos concede el placer.



(Fotografía de Mona Kuhn)


domingo, 15 de febrero de 2015

Post scriptum: escribir















Hay días en que dudo, y me siento confuso y quiebra mi templanza. Los años deberían haberme aportado suficiente serenidad, pero nunca es un don seguro. Y hoy es una de esas jornadas en que me interrogo sobre aquello que parecía firme. ¿Por qué escribimos, amiga mía? ¿Sólo para que los aedos reciten y acompañen con la música de la lira o el bárbitos? ¿Para que lleguen nuestros pensamientos y nuestras quejas a regiones lejanas? ¿O para que los ciegos varíen el rumbo de nuestras palabras y hagan navegar en ellas a los miserables de la tierra? Te muestras ausente y me contestas como si repitieras una lección. Con nuestros escritos, dices, recordamos que una vez nacimos y que una vez moriremos. Y que en ese camino, cuya distancia no nos es dada prever, amamos para llenar los vacíos y también para palpar una eternidad improbable. Cuando hablas de este modo concluyente, Safo, que jamás utilizas en público, me estremezco. Te cuestiono: pero, ¿no te parece, sin embargo, que nacer y morir son episodios únicos e irrepetibles que no deberían recabar de nosotros discurso alguno? Cierto,me respondes. También amar es irrepetible en cierto modo, pues cada vez que gozamos tratamos de ser nuevos. Pero eso no es lo más importante, añades. Sino que en el acto del amor nos afianzamos en nuestros sentidos para percibir la vida como si en ella no cupiera el infortunio. Es ahí donde se halla la diferencia entre el nacimiento y la muerte. Nacemos para poder ser mortales felices, aunque no lo logremos y el destino fatal nos persiga. Amemos y cantemos, pues, para conjurar la muerte.

Entonces, esta mujer sabia me toma de la mano y se ciñe a mi cuerpo con amable lentitud.    



(Óleo de Henrick Ter Brugghen)


sábado, 14 de febrero de 2015

Post scriptum: las hetairas














Euphrasia, hetaira venida a menos, instalada ahora en el barrio del puerto, se presenta azarada en mi casa. Dice que Xantha, una de sus pupilas, va a tener un hijo mío. Le replico que es arriesgado por parte de la joven hacer esa afirmación, a lo que Euphrasia hace oídos sordos y solo se muestra preocupada porque la chica, debido a las presentes circunstancias, no podrá atender durante un tiempo. Yo, que me tengo por mesurado, me exalto un poco ante el descaro de lo que intuyo que me va a proponer. Le repito que no he tenido nada que ver, que no me gustan las patrañas y que si se trata de ayudar a alguien, como lo hice un día con ella misma, prefiero que me lo pidan cara a cara. Euphrasia insiste que no es el caso y que la chica no busca extorsión alguna, sino sentirse arropada en su situación y en la medida de lo posible protegida. Yo le digo que hablaré con Xantha, que no tengo inconveniente en ver qué se puede hacer, mas que no vaya difundiendo por ahí invenciones.

Ya me dirás, Safo, si, movido por mi talante generoso, debo procurar asistencia a la joven. Sólo pensar que la expulsen desde su propia guarida para caer en la miseria me repugna.


(Fotografía de Sally Mann)


viernes, 13 de febrero de 2015

Post scriptum: el extremo















Has roto tu silencio. ¿Qué sería de nosotros si no decidiéramos sobre nuestros actos más extremos?, me espetas de pronto, y sigues: Si los dioses nos ignoran, ¿por qué no podemos echar a suertes nuestro destino? Elegimos saber y nos instruimos. Elegimos poseer y disfrutamos de los bienes. Elegimos gozar del cuerpo y nos dejamos llevar por Eros. Elegimos retener la vida y escribimos cantos y esculpimos estatuas. Elegimos la belleza y nos entregamos a su contemplación. Elegimos no estar solos y participamos nuestra vida con amigos y familiares. Pero, ay, un día todo eso quebrará. No tendremos suficiente mirada para lo hermoso. Ni nos llenará disponer de propiedades. Ni nuestro cuerpo pedirá caricias. Ni nuestra mente abarcará más conocimientos. Incluso habremos perdido a muchos de los que nos acompañaron fielmente y nos proporcionaron amistad. Entonces tendremos que aprender, y de mala manera, el lenguaje de la soledad. Mas si además de toda pérdida y desinterés, la salud nos rebaja a una condición en que no nos valemos ni para procurarnos un ápice de ilusión, ¿quién puede prohibirnos tomar una decisión que nos alivie para siempre de la fatalidad de vivir en el extremo?

No he querido responderte nada. Ni me apetecía pensar que tus temores no sean lejanos y nos estés ocultando desventuras. Sé que es tu condición dar vueltas a los acontecimientos y desnudarlos para hallar otro sentido.   


(Fotografía de Silvia Grav)

jueves, 12 de febrero de 2015

Post scriptum: consejo















Simulando un encuentro casual, aquella esclava tuya de mirada clara y facciones amables, de la que ya te hablé, me ha esperado en un recodo del camino a Mitilene. Me ha dicho que quería solicitar de mí un consejo. Por lo que parece, el extranjero que protegimos ha prosperado bastante en sus negocios y desea que la joven forme parte del cuidado de su casa. Ella me pide que medie ante ti para lograr que le permitas su cesión al hombre. ¿No estás contenta donde Safo?, le he preguntado. Me ha respondido que sí, que eso queda fuera de toda duda, pero que el extranjero pretende de ella unos cuidados que solo podría proporcionar si entra a su servicio. ¿Acaso no está satisfecha Safo de tus propios cuidados?, he insistido con cierta indiscreción. Entonces la mujer se ha ruborizado, como si yo penetrara algún secreto, ha agachado la cabeza y se ha dado la vuelta. 

No sé qué es, pero hay algo en su presencia que me llama la atención y por eso luego me resulta difícil de olvidar.



(Imagen de Edward Robert Hugues)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Post scriptum: encierro




Llevas varios días sin salir de tu finca y todos preguntan por ti. Yo les he tranquilizado. Les he dicho que tu dedicación a la filosofía te exige retiro de vez en cuando. Pero sólo a ti te comento que hay dos líneas de filosofar dentro de nosotros. Una, sobre la constitución del universo y de la naturaleza en general. Y otra sobre lo que tiene lugar dentro de uno mismo. En el fondo todo tiene que ver entre sí. Existe un vínculo más estrecho de lo que nos pensamos entre la naturaleza exterior y diversa y la concreta de la que estamos hechos. Por qué nos lleva más tiempo y más esfuerzo comprender lo que atañe a nuestro cuerpo y a nuestras emociones viene dado por lo poco que sabemos de nosotros mismos. Pero también por nuestros miedos. Miedo a habernos equivocado en el pasado y a seguir errando una y otra vez pues hay fuerzas que tiran de nosotros y no logramos evitar. No me cabe duda de que tu encierro voluntario te sentará bien. Soslayarás los sufrimientos que ensombrecen tu espíritu. Probablemente afrontes temores que creías superados y de esa lucha interior saldrán nuevos poemas y originales escritos y renovadores pensamientos que te liberarán. Todos agradeceremos tu aportación y aprenderemos de ella. Pero ¿bastará eso para ayudar a sobrellevar los padecimientos de otras personas que acaso sufren por nuestra causa, sin que nosotros lo sepamos? No, no se trata de sentirnos culpables. Ni tu manera de pensar va por la senda de zaherirte gratuitamente. Más teniendo claro tú misma que jamás has obrado con mala voluntad.

Te hago llegar este mensaje, sin intención alguna de apremiarte a que salgas de tu tiempo preciso para calmar tus amargas inquietudes.



(Pintura de Lawrence Alma-Tadema)

martes, 10 de febrero de 2015

Post scriptum: densidad












La densidad del día ha dado paso a una noche temprana. La tormenta seca ha añadido una soledad inesperada. Ha sido un día de extrañezas. Mientras tú estabas con Phile yo he recorrido con su padre la extensión de sus viñas. Los terrones ajados del suelo, la uva aún primigenia, el hedor de la granja cercana, el canto apagado de los esclavos, todo rezumaba un silencio agobiante. He sabido de la larga melancolía que ha arrastrado la enferma desde su infancia. Aquella niña que de pronto fue otra cuando acudió a tus enseñanzas, querida Safo. He sabido del cambio que contentó a toda la familia. La joven que emprendía una nueva actitud, que conocía la alegría, que rebosaba una salud hasta entonces desconocida por todos. ¿Qué pasó que de pronto un día su rostro mudó y su cuerpo volvió a enflaquecer y sus palabras se ausentaron de su boca? ¿Qué hubo en el ámbito de Safo que dejó de percibir esta joven que yace ahora postergada en la desgracia más aguda? Si tú has tenido que ver algo en su mal, háblame de ello. Tal vez haya sido de manera inadvertida o sin ninguna intención. Pero no puedes ahora ignorar su estado ni renunciar a un auxilio, si está en tu mano. Por lo demás, yo entenderé que ella tuviera ilusiones que rozasen su corazón de adolescente inexperta. Si ha recibido algún desaire de tu parte o de alguna otra condiscípula, tú tienes que saber. Yo soy templado y entenderé cualquier suceso del pasado. Pero es terrible el sufrimiento de sus padres y latente nuestra impotencia para procurar la mejoría de la joven.




lunes, 9 de febrero de 2015

Post scriptum: el mal











Me comentan que la joven Phile ha dejado de asistir a tu academia, Safo. La familia la protege y a la vez intenta ocultar su mal. Dicen que emite bilis negra y que incluso ha perdido en parte la razón. También han consultado a la pitonisa, pero la ambigüedad de ésta no ha proporcionado una solución clara. Sus padres están cada vez más desesperados. Deberías traer a la vieja Hypaté; sabe recolectar hierbas y preparar mezclas que en muchos casos han logrado curaciones sorprendentes. También quieren que vayas a consolarla. Están obstinados en que tú puedes procurar si no una salvación definitiva sí al menos facilitar que sus días sean menos terribles. El padre de Phile me ha confiado que su hija cuando no tiene descompuesto el cuerpo se siente acometida por una tentación impetuosa de poner fin a sus días. El mal tiene mucho de necio cuando es pasajero, pero es sumamente cruel al asomar sus fauces depredadoras. Si ya es duro soportar la enfermedad y la degradación en la edad anciana, no quiero imaginar cuán espantoso tiene que ser que cunda en el cuerpo de quien apenas ha probado los dones de la vida. No solamente por el dolor de las heridas internas, sino por la angustia de sentir que se quiebran sus posibilidades en plena juventud. Insisto, amiga. Ve cuanto antes hasta su casa y tantea la situación. En nosotros está ayudarla, sea cual sea lo que su familia disponga.

Ahora que lo pienso mejor, creo que voy a acompañarte hasta la finca. Al amanecer pasaré puntualmente a buscarte.



(Fotografía de Lee Jeffries)


domingo, 8 de febrero de 2015

Post scriptum: contemplación















Hemos subido hasta las terrazas que hay por encima de las cuevas de Aliphanta. Tenía ganas de que me llevaras contigo a contemplar la hora que se aleja. Asombrados entre el cielo rojo y la brisa que llega del otro lado nos sobran las palabras. La mejor mirada ahora es el silencio. No sé cuáles son tus pensamientos a medida que el sol se achata del todo en el horizonte. Pero intuyo que Eros juega contigo y conmigo en este atardecer tibio para provocar nuestro rescate de la intemperie. Sin embargo no sé por qué me asalta de pronto la imagen de tu esclava de ojos glaucos, que tú tanto aprecias.



(Pintura pompeyana)


sábado, 7 de febrero de 2015

Post scriptum: devaneos















¿Te has dado cuenta, Safo, a qué palabrería nos conduce el vino? De pronto me sueltas: el amanecer está hecho para ordenar los pensamientos, la sobremesa para exponerlos y la noche para hacerlos reposar. Digo: ¿Y las demás horas? Tú: la luz de la jornada es la gran madre que va a proporcionar la materia a los pensamientos. Ella los concibe, los expulsa, los abraza, los deja corretear. Yo, audaz: ¿Dónde quedaría, pues, el espacio del amor, que no es pensamiento ni ocupación ni sueño? Tú, prudente: en el crepúsculo, ese tiempo que invita a su contemplación. Expongo mis dudas: Pero la belleza del ocaso es única, solo puede disfrutarse estando pendiente de ella. En esa mirada se abandonan pensamientos, cuitas, lamentos, anhelos. Concluyes: sí, pero solo la muerte del día nos propone acudir a la llamada del deseo, en pos de la otra belleza que nos rescate del ocaso.



(Fotografía de Mona Kuhn)

viernes, 6 de febrero de 2015

Post scriptum: sueños tontos
















La noche pasada me desperté sobresaltado por mis sueños. En ellos aparecían en corro amigos y familiares, unos ya fallecidos, otros tal vez aún vivos pero de los que no sé nada. Esta gente hablaba con cordialidad y afición sobre las ganas de escribir. Todos cedían la palabra a mi amigo Xenophon, desaparecido en una travesía marina. Él relataba la galerna que llevó a la nave y a su tripulación al abismo y cómo se había salvado porque una grulla lo había sujetado con el pico antes de que se lo tragaran las aguas. Decía que, aunque nunca había sido de excesivas lecturas, su decisión de agradecer a los dioses su salvación era ponerse a escribir. Entonces otro de los asistentes, creo que Anthos, también muerto, con quien tanto había jugado de niño, le preguntaba que si para escribir había que haber padecido desdichas. Cuando Xenophon se disponía a responder intervenía, no sé a cuento de qué, un escultor célebre, cuyo nombre no recuerdo, que había vivido en otro tiempo en nuestra isla, y replicaba que no hacía falta viajar ni guerrear ni padecer infortunio para hacer cánticos sobre la vida. Que con solo imaginar y, sobre todo, fantasear sobre lo que se anhelaba, aquello que nunca se había conseguido, o cuanto se temía, aquello de lo que se huía, ya estaba uno en disposición de escribir. En aquel momento intervenía Icteo para romper una lanza en favor de los que nada más levantarse por la mañana se empeñan en habitar la jornada entre las letras, esforzándose aunque no se sientan comprendidos. Ellos leen, decía, pero también escuchan, pero también sueñan, pero también asimilan sus males y sus placeres, y de todo ello extraen la sustancia de las palabras. En ese momento, yo, que había estado callado en aquella reunión, exclamaba a gritos: ¡Las palabras son monstruos! Todo el mundo me miraba con sorpresa y yo no cesaba: ¡Pero las palabras están en el aire, flotan como aves fantásticas! Todo el mundo se quedó estupefacto y algunos extendían sus manos hacia mí pidiendo explicaciones, como si les molestara mi opinión. No sé si era Irana o tú, Safo, la que se ponía de mi parte y decía: las palabras vuelan, sí, hay que tomarlas o dejar que nos arrastren. Había mucho revuelo y nadie se entendía y me sentí muy agitado. 

El frescor que llegaba desde la costa me despejó. Me levanté y observé el cielo, buscando inútilmente. 



(Fotografía de Henry Cartier-Bresson)


jueves, 5 de febrero de 2015

Post scriptum: sobremesa
















Tras la comida frugal, pero entretenida, con Safo ambos hemos disertado con amabilidad y campechanía.

- ¿Sabes lo que pienso?, le digo. Que cuando uno llega al corazón del otro es como si realizara un largo viaje. Allí le son revelados otros paisajes. Y el otro nunca es el destino definitivo sino una nueva manera de comenzar. Porque el viaje al otro es también un viaje hacia el interior de uno mismo. Oh, no digo que se llegue al fondo, pues a lo profundo del hombre  -sea el ajeno, seas tú mismo-  no se llega jamás. No porque sea insondable, sino porque cambia. Pues el hombre no es un pozo cegado, sino que está formado de cieno permeable y criador que nos sigue haciendo. Uno no se levanta cada día como se acostó la noche anterior. Uno no es el mismo tras haber amado a otra persona que también ha alcanzado a través de ti una parte de conocimiento de sí misma. Uno no permanece impasible tras desentrañar la materia o el acontecimiento que le intrigaba. Uno no es piedra de cantera, pues la bondad de otro ser cariñoso le modela con otra imagen. Mientra vives puedes sentir hastío o confusión o agotamiento, pero es debido al esfuerzo del recorrido. Incluso si llegas a la ancianidad, y no obstante el acoso de la enfermedad o de la degradación, te ha de parecer que tu vida, tu viaje, sigue estando pendiente de alguna manera o inacabado. Como si dejáramos sin acometer empresas o cultivar ilusiones que aún nos seducen. Tal es la pasión que ponemos en los vínculos por acercarnos a los otros, en todos cuantos nos vemos reflejados o simplemente atendidos. 

- ¿Crees entonces, amigo, que cuando uno muere ya viejo, haya cansancio o decrepitud que invitan a la rendición total, no ha renunciado del todo al viaje?

- No hay renuncia, hay impotencia. No renunciar es un acto aprendido y consolidado en nosotros mismos. La impotencia y el desfallecimiento, que llevan a la aniquilación, se nos impone desde la implacable materia que no puede ya sobrevivir si está consumida definitivamente.


 


miércoles, 4 de febrero de 2015

Post scriptum: niños para la guerra















Niños de Mitilene. No tengáis prisa en haceros hombres. Cierto que la necesidad y la costumbre han ido siempre de la mano para garantizar la supervivencia de las patrias. ¿Alguien lo pone en duda? Se os enseña a seguir los pasos de vuestros padres o de vuestros hermanos. Pronto ejercitaréis las artes de la fuerza y del valor, se os viene diciendo desde vuestras familias o por boca de las autoridades. Y os atrae ver a los mayores practicando disciplinas y empuñando armas mientras de sus gargantas, aún quebradizas, exhalan gritos bizarros. Se os seguirá contando cada día que tenéis que estar listos para defender los muros de vuestra ciudad de los invasores. Oiréis cómo se justifica ese aliento: mientras otros traten de agrediros, se os persuadirá, tenéis que saber protegeros. Pero creceréis y acaso nunca llegue invasor alguno hasta nuestras fronteras y, sin embargo, se os arengará para sacaros de vuestra ciudad, de vuestros trabajos, de vuestras mismas vidas, para acudir a lejanos confines donde atacar a quien nunca os hizo daño ni acaso se acordó de vosotros. Bien está que ejercitéis el cuerpo teniendo como objetivo la salud, el desentumecimiento y su propia belleza. Esto será siempre loable, pero ¿por qué tan noble tensión con el organismo tiene que encauzarse para ejercer violencia sobre cuerpos ajenos? ¿No va contra la armonía de la naturaleza? Se os dirá que la naturaleza es caótica. Verdad es que aparenta un desorden, pero este desorden ¿no es la ley de la propia vida que fluye en ella? ¿No será más bien lo caótico esta manera de regir nosotros los mortales las vidas cortas que se nos depara? Dicen los ancianos que gobiernan que las guerras hay que concebirlas como juego. Y se os enardecerá con esa idea falaz. Si las guerras fueran algo lúdico, ¿no bastaría con simularlas a través de certámenes pacíficos, en lugar de hacer correr la sangre y la destrucción? Se afirmará: no es posible. Para que no haya guerras tendríamos que carecer de enemigos. Y hay enemigos porque no se quiere el entendimiento y el acuerdo. Y no hay acuerdo porque unos hombres y unos pueblos pretenden apropiarse de otros hombres y otros pueblos y sus bienes y tierras y comercio y esclavos. Se disputa siempre cuando se quiere poseer al otro. 

Niños de Mitilene. De poco servirán mis palabras, pues sé que os atrae el ejemplo de cuanto se os enseña. Tampoco podríais escapar de esa trampa en que se os hace perder la inocencia de la manera más indigna, aunque sea aceptada por la mayoría. Sin embargo, os digo todo esto porque...

(Safo. Aquí interrumpo provisionalmente mis recomendaciones, que seguramente no se me permitirá jamás que salgan a luz, pero que me gustará debatir contigo. Mañana estaré en tu casa a la hora de la comida) 



(Pintura de Johan Axel Gustav Acke)


martes, 3 de febrero de 2015

Post scriptum: la rueda















Mientras suenan los compases de la cítara de tus alumnas me entrego a un placentero abandono. Cleis baila en medio de las demás muchachas y entre todas ellas ponen en marcha una rueda que no cesa. Al fondo, tú asientes con la cabeza y sigues el ritmo. Tu sonrisa, abarcando todo el rostro, se la disputan muchas miradas. A nadie pretendes regatear tu simpatía y por ello te engrandeces más. Visto desde esta tarde y desde este lugar tan gratos, el mundo se nos antoja menos rudo y los trabajos y los días que ya cantó el gran descriptor de los dioses, Hesíodo, resultan más llevaderos. Hasta nuestros hermanos extranjeros se empapan del ambiente alegre y se dejan seducir por las melodías y los guiños de otros asistentes. Nadie escapa a la mística de esta rueda que, y ahí su contradicción, nos hace creer que permanecemos para siempre en el bienestar y en el goce.    

Creo que todos están expectantes porque nos deleites con alguno de tus poemas. Irana, que tanto te saca de quicio, pide permiso para ensayar uno de los suyos. No sabes negarte, pero entonces ella retira la propuesta. O es una falsa y no había escrito nada, o te estaba provocando para que tú te opusieras y así causar gresca. O ambas cosas.



(Bajorrelieve de Canova)


lunes, 2 de febrero de 2015

Post scriptum: navegaciones y regresos
















Cuántos hombres de nuestras ciudades habrán salido a conquistar el mundo y no habrán regresado. Marinos, pescadores, comerciantes, constructores, guerreros, artesanos...Unos se habrá amoldado a nuevas colonias. Otros habrán perecido en las travesías. A pocos les habrá sonreído el azar de retornar a su patria. Pero, ¿acaso no consiste en eso la vida, en intentar una y otra vez llegar hasta lo desconocido? Yo mismo fui audaz en mi juventud y pagué su precio. Los dioses me premiaron propiciando mi regreso. Muchos ansían volver a sus orígenes y aquellos que lo logran suelen llevarse una decepción. Bien porque nadie les espera, bien porque todo ha cambiado y no saben adaptarse. Me considero una excepción, pues sigo teniendo unos bienes, buenos amigos y entretenimientos que no le exigen a uno excesivo desgaste. Pude permanecer en otras regiones a las que alcanza el océano y haber sido igualmente feliz. No me quejo. Uno no debe añorar su procedencia y sí tratar de ser de donde es acogido. Los esclavos no tienen las posibilidades que tenemos nosotros y, sin embargo, muchos de ellos agradecen que les procuremos la supervivencia. Tiene razón Tera cuando dice que deberíamos ser menos déspotas y facilitar que los esclavos alcancen algo más que las ataduras que les depara su condición. Pero esta mujer es bastante díscola y no le faltó genio en las exequias de su hermano. Delante de todos reprochó que nuestra aristocracia sea tan huera en los homenajes a los muertos de su clase y se despreocupe de los padecimientos de los esclavos. Los esclavos no hacen exequias, fue el grito que pronunció con rabia. Y apostilló con energía: ¿Es que acaso a ellos se les niega la muerte?

Tiene confianza conmigo. Si yo le proporciono la oportunidad, seguramente se deshaga en confidencias. 



(Fotografía de Ferdinando Scianna)


domingo, 1 de febrero de 2015

Post scriptum: el contendiente















Ay, ¿por qué tengo que ser yo el intermediario en una declaración de amor de otro? Precisamente yo. Porque estoy próximo a la edad provecta, ¿considera la gente que no soy capaz de enamorarme? ¿Que solo me queda ya permanecer como estatua insensible o como consejero de los que se inician en la vida? Uno de los jóvenes que participa activamente en nuestros círculos, cuyo nombre me callo, se empeña en que le corrija un encendido escrito que va dirigido a tu persona, Safo. Me lo hace difícil porque ¿cómo quiere que me ponga en su lugar si ya tengo bastante con estar en el mío, siendo la meta, como parece ser, la misma en ambos? Proclive he estado a decirle que no, que el sentimiento es el sentimiento y él tiene que asumir la forma de expresarlo con la misma entereza conque presume de sentir en lo más profundo. Si le razono así me mostraría como el consejero sentimental que no quisiera ser. Pero si le peroro de tal modo sería para poner a salvo mis propias afecciones por ti, Safo. Haría una defensa de la brava condición que aún late en mí manifestándome como el anciano sabio que no soy. ¿No sería mejor que le dijera a las claras que no se cruce en mi camino? No soy así. Jamás pondría vallas a nadie que tratara de llegar hasta la mujer más inteligente y generosa de Lesbos.

Voy a pensar qué respondo a la propuesta del joven. Enmendar el texto de su poema y añadir de mi cosecha me tienta y me excita considerablemente. 



(Fotografía de Hebert List)