.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 29 de noviembre de 2014

De pronto, me viene...



















Dos años ya de tu partida. A estas alturas es un ejercicio inútil recordar lo que hicimos en cada momento de nuestra larga amistad, pero recordar es necesario para valorar cuanto nos aportamos mutuamente y dimos a otros. Suficiente para no dudar de los significados estimulantes que hay en esto del vivir. Estéril también hacer cábalas sobre lo que no llegamos a hablar, a leer, a escribir, a compartir en los últimos tiempos. Encuentro esta foto (cuánto ha llovido y escampado desde entonces) en que tu seriedad habitual caía por su peso al sostener la niña. Me niego a celebrar las muertes, aunque como dijo nuestro admirado Canetti: "Mi odio contra la muerte presupone una permanente conciencia de ella; me maravillo de poder vivir así". Y no quiero decir más, porque lo que pudiera recordar ambos nos lo sabemos (y tú con desventaja) No conviene decir mucho para no caer en la melancolía. También de Elias Canetti es esta cita: "Gratitud por la melancolía compartida. Hemos hablado de la vida como de un muerto..." Por eso, por si acaso, porque no quiero que la memoria de los buenos tiempos, que además fueron muy emocionantes, tenga tierra encima, me callo.



viernes, 28 de noviembre de 2014

Aquella macla de Oteiza



¿Tendrán las piedras un haz y un envés como las plantas? ¿Permanecen al emerger bajo las mismas formas que tuvieran antes en las profundidades? Si cambian, ¿qué las altera? Si se desgastan ¿qué ha hecho mella en ellas? ¿Las rasga la luz del sol de manera análoga a como las coloreaban las corrientes de otros minerales en el útero de la tierra? Sus geometrías, ¿para qué arquitecturas están pensadas? Sus apariencias ¿qué secretos compactos preservan interiormente? Sus volúmenes, ¿qué visión del mundo pretenden sostener? Sus vetas, ¿qué lenguaje de petroglifos espontáneos despliegan? Su abstracción, ¿qué mundos inconcretos sugieren? Y cuando evocan, ¿no traen sino el aroma de la humedad y el cálido ovillo de lo que existe bajo nuestros pies?



(Gracias a Francesc Cornadó por recordarme la piedra que tengo cerca
http://francesccornado.blogspot.com.es/2014/11/el-solido-indeformable-y-el-cuerpo.html )




martes, 25 de noviembre de 2014

Aforismo de mi hartazgo de los profetas




Si algo me harta en esta vida  -y mira que hay motivos para el hartazgo-  es la permanente exhibición de los profetas. De los antiguos y de los nuevos. De los que tienen consolidado su poder desde hace siglos y de los emergentes que parece que se van a comer el mundo. De los que predican paraísos ultrafísicos y de los que prometen cambios que nunca tienen lugar. De los que señalan la mota en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio. De los que hacen política con la religión y de los que quisieran convertir en eje religioso a la política. De los que no creen en la libertad de pensamiento y de los que desearían convertir el pensamiento en doctrina.Me llegan noticias de que hoy han coincidido en el Parlamento Europeo profetas diversos y se han jaleado mutuamente. Debo compensar mi hartazgo con un saludable y agradecido escepticismo. Ahora solo me falta llegar a ser lo suficientemente estoico como para no padecer por la intolerancia de los profetas. De momento invoco aquel gesto de desdén enérgico de nuestros nunca suficientemente apreciados Fernando Fernán Gómez y Antonio Labordeta. Su ¡a la mierda! era una verdadera declaración de principios contra los aprendices de brujo, lleven dos mil años incordiando, presidan los grandes organismos de control social y económico del planeta o pretendan con operaciones mediáticas asaltos a no sé qué improbables cielos.





sábado, 22 de noviembre de 2014

Carta del otro





Querido Fackel. Estos días he estado fuera de España. Lo cual no significa que haya estado en otro territorio aparente, es decir, alguna de esas rimbombancias nombradas Estado, reino o república. Tus hojas rojas me han venido muy bien. Han sido como una guía que me ha permitido descubrir los mundos pequeñitos pero hondos. En ellos reposo  de todo lo que acontece en el entorno. Una manera también de evitar envenenamientos innecesarios que, antes o después, arriesgan una septicemia. Sigue ofreciéndonos hojas o guijarros o riachuelos subterráneos que ayuden sobrevivir a lo necio. Visto el panorama no descarto que siga tomando como referencia tus botones de muestra y persiga dimensiones que apacigüen mi temperamento. Ya hace tiempo que me refugiaba de vez en cuando en las palabras de hombres clarividentes de este país que han escrito con sensatez  -escribir es avisar o no vale para nada- sobre sus hombres y sus quehaceres y sus días. Hay más autores avisados de los que se piensa la gente, pero pocos los siguen leyendo y todavía menos los hacen caso. Me estimulan sus opiniones emitidas en otros tiempos pero vigorosas, es decir que permanecen. Por supuesto, no siempre un texto basta para atemperar la inquietud y el desasosiego. Por eso me gusta también mirar lo elemental. Lo que es elemento en sí mismo. Por ejemplo tus hojas rojas, las ramas que se van cubriendo de orfandad, las corrientes de aire que anuncian otro clima, las piedras que, aun desgastadas, tienen entidad, las sonrisas de bondad que algunos paisanos aún esbozan y con que me obsequian. Te agradezco esas tus búsquedas menores y, si bien con ello no evito que la estupidez del entorno se aligere, ya veo que no, al menos me permite tomarme las cosas con una levedad que no me desgaste. Te paso un enlace que he pillado hoy porque en él se habla también de algo bastante de atrás, y que uno no desearía que fuera eterno. Un día de estos nos paseamos entre majuelos y catamos lo último de lo último. 




(Ilustración de El Roto hoy en El País)




jueves, 20 de noviembre de 2014

Sotobosque: la anciana ávida



Matemáticas aparte, dicen que el cálculo de probabilidades es sorprendente. Yo digo que además es admirable. Por ejemplo (un ejemplo práctico, vivido) ¿qué posibilidades había de que un día después de coger yo aquella hoja, en el mismo lugar, sobre la misma calzada, a la misma hora, otra persona se inclinara para recoger una hoja roja? Y de pronto, aquella anciana la vio en el suelo, vio la llamarada que emitía, vio la dimensión perfecta de una hoja de libro de naturalista, y yo miré a la mujer. Se me adelantó. Fue un gesto rápido. Por un momento me sentí tentado a disputar con ella la hoja; podía haber dado un brinco, haberla desplazado, incluso haber vociferado: ¡señora, esa hoja es mía!, y me hubiera importado un bledo su susto. Si no lo hice no fue por mostrarme amable y mucho menos generoso sino, debo reconocerlo, porque me ganó la mano. Fue más hábil y, me avergüenza admitirlo, hasta más ágil. La veo aún doblándose sobre su cintura menuda, arqueando con levedad su espalda, extendiendo la mano como una prestidigitadora. Sus ojos rezumaban avidez y no dudó. Yo sí. Me pareció emocionada, consciente de que conquistaba un tesoro o acaso de que hacía una obra caritativa salvando a la hoja de ser pisoteada por el desdén de los paseantes. La hoja era perfecta, intensa en su rojez, mostraba todas las puntas enteras. Me pareció incluso lozana, si es que una hoja marchita acaso puede comunicar algún eco de frescura. Yo miré de nuevo a la anciana y debí esbozar un gesto de fastidio, porque se giró, como si la pillara en un acto ilícito. Ella, como una furtiva, tomó la hoja en su mano y la hizo desaparecer con presteza en alguna parte de su abrigo. No, no se me dan las estadísticas. Un lenguaje tan al uso que ha tomado el relevo a los acontecimientos palpables. Pero lo presenciado hoy me dice que no debo desdeñar el margen en que los acontecimientos pueden tener lugar de manera coincidente. Naturalmente, basta que te pongas a calcular para que nada se produzca. Porque lo interesante no es tanto confiar en la previsión, sino arriesgar con los dados del azar. Mañana volveré a pasar por el mismo lugar y aunque el cálculo diga que prácticamente es imposible que vuelva a aparecer una viejecita para recoger ante mis narices una hoja roja, quién sabe. Por si acaso iré preparado para tomar la iniciativa. Y es que la hoja que me he perdido hoy no me la puedo quitar de la cabeza.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

La hoja roja





Me sale al paso. Solitaria, triste, desubicada. No en el parque otoñal ni bajo los árboles de una plaza amena ni en los jardines de un viejo palacio. Yace sobre el asfalto. Está pisoteada y polvorienta. Amputada y rugosa. Sus nervios tiritan y las aristas se encogen. Su envés es mortecino, pero el haz destella todavía tanta luz. La salva el rojo. Y su color me habla.




lunes, 17 de noviembre de 2014

El árbol de Lucien Clergue



























En homenaje al fotógrafo Lucien Clergue, muerto el sábado en Nîmes.



Fue una raíz
                  que se erizó en el humus
luego tallo creciente
                             ondulación desigual náufraga
entre la arboleda

Fue un rayo seco recorriendo a la inversa
su caída
            sacudía el aire
y lo enhebraba con puntadas de sangre

Fue tronco incontenible
                                     desafiante elevación
que rasgaba la mirada de mil hombres
hasta dejarlos ciegos
                            sin permitir su acceso al paraíso

Fue al fin la cúpula del bosque
                                       donde encallaba el sol
y en el clima de los días húmedos desprendía
                                                                   sus destellos de nácar

Cuando los feroces guerreros incendiaron el suelo
donde se había alzado
                                 se hizo columna de material profundo

Y en una noche sin luna ni cánticos
                                                       levantó su templo
para que los paganos cayeran a sus pies
rendidos
             desarmados





(Fotografía de Lucien Clergue)




domingo, 16 de noviembre de 2014

Trébol


















No sé cómo fue que un día brotó de un tallo inadvertido. Luego han venido bastantes más, con la misma procedencia desconocida. Me abstraigo en ellos. Esbelta, delicada, con una inconsistencia que engaña. Y el resultado fina de unas hojas que parecen iguales pero no lo son. Los dedos se aproximan y absorben de la planta sensibilidad. Quién lo iba a decir. Muchas veces, si no siempre, es un enigma el por qué de las cosas. De otros seres, de otras existencias, de otras manifestaciones. Pero, aunque no lo sepamos interpretar, la vida es. Estar. Uno no acaba de asombrarse de la capacidad de reposición del reino vegetal. Hay tanto que aprender de las plantas. Siquiera observarlas y dejarnos sorprender por ellas. Gozar su aparente quietud. 




sábado, 15 de noviembre de 2014


















Cuando se acomete contra españoles y no españoles para proteger, por ejemplo, los intereses de las multinacionales de las fuentes de energía, ¿cómo hay que llamarlo? ¿Siempre va a ser lo mismo? ¿Siempre las instituciones tradicionales van a usar su fuerza bruta contra la protesta pacífica de quienes disienten? ¿Siempre va a triunfar el poder de las minorías enriquecidas contra los intereses de los pobladores y los defensores de la conciencia colectiva? Estas son imágenes en que la Armada española (aquí el verbo da miedo ponerlo) esta mañana a/con los peligrosos activistas de Greenpeace en aguas de Canarias. Para defender, ¿qué y a quiénes? ¿Es que se trataba de un acto de guerra o de una agresión territorial para enviar a la Armada? Huy lo que se está equivocando este gobierno. O no, simplemente muestra el rostro que tiene, y otro no cabe en sus presupuestos antidemocráticos. Ya está dando demasiado asco todo. Muchas cortinas de humo hay levantadas últimamente para ocultar los problemas fundamentales relegados, maltratados y despreciados de las clases sociales -las clases, sí, no la gente en abstracto-  más precarias. Mientras, la oligarquía  -no las castas en general- campa a sus anchas y usa los medios tradicionales que le proporciona el Estado para sus fines totalmente privados. Mucho huele mal en este país...que nos puede intoxicar a todos. Y uno no quiere, en absoluto, que prenda el guerracivilismo que han desatado los de siempre cuando no controlan la situación. Aunque, pensándolo desde otro ángulo, probablemente casi todo lo tengan atado y bien atado.  





jueves, 13 de noviembre de 2014

Diálogo entre 67P/Churyumov-Gerasimenko y Philae



















67P/Churyumov-Gerasimenko es un cometa que en un momento determinado pero sin tiempo han pillado a mano los habitantes de un planeta lejano. Philae es una exploradora que ha sido enviado por gente de este planeta para ver de qué va el cometa. Acaban de tomar contacto y tiene lugar este diálogo cordial.  


67P.      ¿Qué haces tú aquí?
Philae.  Exploro.
67P.      ¿Eso qué es?
Philae.  No lo sé muy bien. Algo que deciden los que me han fabricado.
67P.      ¿Quieres decir que no has venido por tu propio pie?
Philae.  Huy, qué va. Si supieras lo que tardaron en hacerme y los años que me ha costado llegar.
67P.      ¿Qué son los años? 
Philae.   Una medida que se gastan en el planeta de donde vengo.
67P.      ¿Vienes de un planeta? ¡Qué importante!
Philae.   No estoy segura. Aquello es muy complicado. Tan pronto te hacen creer que eres alguien como te deshacen y solo te llamas chatarra.
67P.      Me cuesta entenderte, pero me esfuerzo. Eso de chatarra, ¿es acaso el nombre de los seres que pueblan ese planeta del que vienes?
Philae.  No de todos ni en cualquier momento. Pero a casi todos les toca antes o después convertirse en chatarra.
67P.      ¿Es de lo que están formados esos personajes?
Philae.  No. En principio todos son lozanos, vitales y hasta están contentos. Pero suceden muchas cosas allí, al menos hace diez años, cuando partí, ocurrían cosas muy graves.
67P.      ¿Tan graves como para que se conviertan en chatarra, según tú?
Philae.  Y en huesos, y en ceniza, y polvo.
67P.      Uf, cuesta verlo con claridad, pero eso del polvo lo entiendo. ¿Sabes que también yo contengo eso?
Philae.  Algo me barruntaba. Pero ¿de qué mas te compones?
67P.      Anda, guapa, eso lo tienes que descubrir tú, que eres la exploradora. 
Philae.  Sí, pero te pediré ayudita. Con tu permiso tocaré todas tus partes posibles para ver qué contienes.
67P.      Bueno, me lo pensaré. Acaso te deje un poco. Pero a cambio, cuéntame. ¿De qué más están fabricados los que te han fabricado a ti?
Philae.   No se lo cuentes a nadie, pero las materias más importantes de ellos son la memoria y el olvido.
67P.      ¡Hala! ¿Son elementos resistentes?
Philae.   Lo son, pero depende. Suelen convivir, pero a su vez se desplazan mutuamente. A veces triunfa uno a costa del otro.
67P.      ¿Y qué pasa?
Philae.  Pasa que si la memoria se impone todo el mundo se comprende mejor y hay armonía y transcurren mejor los tiempos. Pero si el olvido extiende su poder entonces suceden cosas terribles.
67P.      ¿Que se convierten los de ese planeta en chatarra?
Philae.  En cierto modo, porque entonces las gentes no se entienden y se destruyen, y a veces con todos los recursos a su alcance.
67P.      ¿Recursos?
Philae.  Sí, hay muchos: manipulaciones, engaños, propagandas, leyes, invasiones...incluso disponen de algo muy terrorífico llamado armamento.
67P.      Pues no acabo de verlo. Si son capaces de ser felices, ¿cómo pueden tirar por los suelos lo que les hace estar bien?
Philae.  Acaso es que no son nunca felices y se alimentan de espejismos. ¿Sabes? Se creen los reyes del universo y no son siquiera dueños de su planeta.
67P.      Pero eso es pura vanidad, ¿no?
Philae.  Y ceguera, querida amiga, y necedad principalmente. Todo es parte de la misma bola en la que se envuelven y ruedan incesantemente en su confusión.
67P.      No sabes lo que lo siento. Y tú, ¿tienes que volver a ese lugar inhóspito y contradictorio?
Philae.  Seguramente me habrán programado para eso. Aunque según venía para acá pensaba que si no les vale mi gestión es probable que me dejen flotando inútilmente para toda la eternidad sideral. Son así de desconsiderados. Ya les ha pasado a otras.
67P.      Vaya. Aunque mira, qué bien por otra parte. Podrías quedarte conmigo.
Philae.  No lo había pensado, pero dame tiempo.
67P.      Ya verás cómo no te arrepientes.


Philae sufre un movimiento brusco que interrumpe la conversación y se aleja un palmo de 67P/Churyumov-Gerasimenko. Ésta extiende una mano y Philae la hace un guiño.




(Imagen de Friedrich Wilhelm Murnau)



martes, 11 de noviembre de 2014

Copiando y pegando a Jordi Savall




Me vais a perdonar que insista en el tema de la renuncia de Jordi Savall al Premio Nacional de Música que establece el Estado. El sábado apareció en Babelia un artículo extenso suyo con razonamientos. Seguramente algunos ya lo habréis leído, siquiera en su versión reducida, pero para los que no lo conozcan corto y pego por el alto interés que me parece que contiene. Cada párrafo del mismo es una fuente de conocimiento, invita a la reflexión y nos propone sacar conclusiones. Como cantidad de cuestiones de nuestra historia, de las creaciones del pasado y de nuestro acervo, el arte, en concreto el musical y sobre todo el antiguo, puede estar herido de muerte. El desinterés y la ignorancia de los gobernantes lo están propiciando de manera determinante. Con el agravante que ello repercute en el nivel educativo y cultural de los españoles. Careciendo del conocimiento, del disfrute y de la capacidad de transmisión de la música a las generaciones del futuro se abriría una situación incierta en la calidad de nuestra sociedad. 




"Renunciar a una distinción importante como es el Premio Nacional de Música, otorgado por el Ministerio de Cultura, como reconocimiento a más de cuarenta años de dedicación apasionada y exigente a la difusión de la música como fuerza y lenguaje de civilización y de convivencia, ha sido un gran sacrificio, pero una decisión al fin y al cabo relativamente clara de tomar. Aunque concedido por un jurado compuesto en parte por músicos y personalidades independientes, ¿cómo podía aceptarlo viniendo de la mano de una institución que desde tiempos inmemoriales ha dado la espalda a los músicos y especialmente al Patrimonio musical histórico del país? ¿cómo podía callarme y beneficiarme de los 30.000 euros que lo acompañan, sin pensar en las voces cada día más numerosas y más desesperadas de tantos músicos que piden ayuda y oportunidades, y que se han quedado sin trabajo ante la rápida desaparición de festivales y reducción de programaciones de conciertos en auditorios de resultas de la drástica supresión de las modestas ayudas? 

La cultura, el arte, y especialmente la música, son la base de la educación que nos permite realizarnos personalmente y, al mismo tiempo, estar presentes como entidad cultural en un mundo cada vez más globalizado. Estoy profundamente convencido que el arte es útil a la sociedad, contribuyendo a la educación de los jóvenes, y a elevar y a fortalecer la dimensión humana y espiritual del ser humano. Durante siglos y hasta la Revolución Francesa, fueron la mayoritariamente la nobleza y la Iglesia las que financiaron la cultura y el arte. En tiempos modernos es la filantropía de algunos ricos negociantes y burgueses que, por amor a sus ciudades o países, hace posibles la construcción de museos, hospitales, estaciones, iglesias, teatros de ópera, auditorios. En pleno siglo XXI el mundo económico y las grandes fortunas están totalmente globalizados, y en nuestro país hay que añadir que no ha existido la tradición filantrópica de los países anglosajones y, para mayor desgracia, no tenemos ni una ley de mecenazgo correcta. Pero lo más grave es que, a pesar de un extraordinario y creciente interés en todo el mundo por las músicas barrocas, renacentistas y medievales, no existe en España un pleno reconocimiento institucional de la gran importancia de nuestro patrimonio musical histórico. Ello se debe, en gran parte, a la trágica pérdida de memoria de la conciencia musical europea que había perdurado hasta los años cincuenta, y que todavía continua vigente en nuestro país, ya que nuestro repertorio musical anterior al 1800 permanece sepultado bajo las sucesivas capas culturales que el romanticismo y el modernismo han añadido sobre él. El resultado de esta gravísima desatención de la que no existe tan siquiera clara conciencia, es una imagen incompleta y distorsionada de nuestra tradición e identidad culturales, a las que ha sido cercenado uno de sus aspectos más vitales, brillantes y originales. 




No olvidemos que nuestras orquestas sinfónicas, nuestros grandes coros, nuestros grandes teatros de ópera, que también padecen de los recortes, responden a un modelo cultural centroeuropeo especializado en los repertorios del siglo XIX, mientras que nuestro patrimonio más universal –desde las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio hasta las ensaladas de Mateo Flecha, desde las misas de Cristóbal de Morales y de Tomás Luis de Victoria hasta los villancicos de Sebastián Durón, desde las églogas de Juan del Enzina hasta las óperas de Vicente Martín y Soler–, dependen exclusivamente del buen hacer de la iniciativa privada. España necesita un proyecto cultural apoyado por una clara voluntad política que le permita recuperar sus principales músicas históricas, ya que representan uno de los patrimonios intangibles de la humanidad más importantes y más significativos por su especial relación histórica con las culturas musicales del Mediterráneo y del Nuevo Mundo. 

“La riqueza cultural de un país depende no sólo de la importancia de su patrimonio, sino más bien de su capacidad de valorarlo, lo que implica un proyecto, el cual supone una voluntad...” Estas palabras, que le recordaba hace exactamente 10 años (en una carta del 25 de noviembre 2004) a Carmen Calvo, ministra de Cultura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, continúan definiendo las causas esenciales de una grave situación de desinterés e ineficacia por nuestra cultura y sus creadores, y en especial por la música histórica y los músicos que la mantienen viva. Tres palabras clave en toda política cultural: valor, proyecto y voluntad. Todas cualidades que desde tiempos remotos no forman parte del quehacer cotidiano de nuestros máximos responsables al programar una política cultural que tendría que ser digna y generosa, y siempre velando que todas las clases sociales puedan acceder a ella. ¿Las causas de tal desinterés? Primero por ignorancia, ya que no se puede valorar lo que no se conoce. Segundo por falta de proyecto, ya que ninguna política cultural de interés general puede afianzarse sin un proyecto serio. Y, finalmente, por falta de voluntad: sin un mínimo apoyo institucional estable es imposible consolidar la recuperación y la difusión de un patrimonio musical milenario. 


¿Cuántos españoles han podido alguna vez en sus vidas, escuchar en vivo las sublimes músicas de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero o Tomás Luis de Victoria? Quizás algunos miles de privilegiados hayan podido asistir a algún concierto de los poquísimos festivales que programan este tipo de música. Pero la inmensa mayoría, nunca podrá beneficiarse de la fabulosa energía espiritual que transmiten la divina belleza de estas músicas. ¿Podríamos imaginar un Museo del Prado en el cual todo el patrimonio antiguo no fuera accesible? Pues esto es lo que sucede con la música, ya que la música viva solo existe cuando un cantante la canta o un músico la toca. Los músicos son los verdaderos museos vivientes del arte musical. Es gracias a ellos que podemos escuchar las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, los villancicos y motetes de los siglos de Oro, los tonos humanos y divinos del barroco… Por ello, es indispensable idear los mecanismos institucionales para dar a los mejores músicos un mínimo de apoyo institucional estable, ya que sin ellos nuestro patrimonio musical continuaría durmiendo el triste sueño del olvido y de la ignorancia. 

La ignorancia y la amnesia son el fin de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia. No podemos permitir que la ignorancia y la falta de consciencia del valor de la cultura de los responsables de las más altas instancias del gobierno de España, erosionen impunemente el arduo trabajo de tantos músicos, actores, bailarines, cineastas, escritores y artistas plásticos que detentan el verdadero estandarte de la cultura y que no merecen sin duda alguna el trato que padecen, pues son los verdaderos protagonistas de la identidad cultural de este país. 




Mi profundo desacuerdo con esta actitud y situación, son la única razón de mi renuncia al Premio Nacional de la Música 2014, y no, como algunos han querido dar a entender, por otras razones relacionadas con la actual situación política en Cataluña y por asociarlo a mi claro apoyo al derecho de los catalanes de votar el próximo 9 de noviembre. Llevo medio siglo de mi vida viajando con mi viola de gamba y mis músicos de Armenia, Turquía, Israel, Marruecos, Siria, Bulgaria, Bosnia, Serbia, del viejo y del nuevo mundo, y mi hogar es donde se venera a la música y la amistad. Pero en un mundo cada vez más globalizado, no puedo olvidarme de mis orígenes, de mi lengua ni de mi cultura, pero esto nunca me ha impedido sentirme en casa tanto en Sevilla como en Paris, en Basilea o en Nueva York, en Toledo o en Florencia. Con la música no se puede mentir, y el oficio de músico nos enseña y obliga a escuchar, a compartir, a respetar, a dialogar, a buscar la armonía y, gracias a todo ello, podemos establecer nuevos puentes entre las culturas y las creencias más diversas y alejadas.

Vivimos en una época de gravísimas crisis; política, económica, ética, social y cultural, a consecuencia de la cual una cuarta parte de los españoles está en situación de gran precariedad y más de la mitad de nuestros jóvenes no tiene, ni tendrá quizás, posibilidad alguna de conseguir un trabajo que les asegure una vida mínimamente digna. Una crisis que anunciaba ya Tomás Moro en 1516, cuando decía “allí donde todo se mida por el dinero, no se logrará jamás organizar la justicia y la prosperidad social, a menos que consideres justa una sociedad en la que las mejores prebendas vayan a manos de los peores y que creas perfectamente feliz el Estado donde la fortuna pública sea la presa de un grupo de individuos insaciables de placeres, mientras la mayoría es devorada por la miseria” (Utopía: "Sobre la Justicia y la prosperidad social"). La prensa nos da a conocer cada día nuevos casos de corrupción de políticos y hombres de negocios, y al mismo tiempo se dan a conocer la lista de las 100 grandes fortunas de España, desvelando que aglutinan 164.424 millones de euros, y mencionando que sus fortunas habían aumentado en un año un 9’2%, mientras que el umbral de pobreza de la población aumenta día a día (¡solamente en una ciudad como Barcelona se ejecutan una media de 22 desahucios diarios de familias que no llegan a poder pagar su vivienda!). Esto nos hace recordar que vivimos en un mundo cruel y profundamente injusto, en el cual el 1% de la población posee lo que necesita el 99%: mejores viviendas, mejor educación, mejores médicos y mejores formas de vida. Ahora bien, como señala Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía en el 2001, a esa minoría le falta algo "que, al parecer, el dinero no ha comprado: la conciencia de que su destino está vinculado al modo en que vive el otro 99 por ciento. A lo largo de la historia, es algo que ese 1 por ciento superior acaba aprendiendo... demasiado tarde". 




Actualmente como observa con extraordinaria lucidez Tony Judt (1948-2010) "Nuestro culto contemporáneo a la libertad económica ilimitada, combinado con la intensificada sensación de miedo e inseguridad, conducen a la reducción de las prestaciones sociales y a una regulación económica mínima… El miedo resurge como un ingrediente activo de la vida política de la democracias occidentales. El miedo al terrorismo, por supuesto; pero también, y quizá de un modo más insidioso aun, el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, el miedo a la pérdida del empleo, el miedo a perder terreno frente a otros en una distribución cada vez más desigual de los recursos, el miedo a perder el control de las circunstancias y las rutinas de la propia vida cotidiana. Y, quizá por encima de todo, el miedo a que ya no sólo no podamos dirigir nuestra vida, sino a que también hayan perdido el control quienes detentan la autoridad en provecho de fuerzas situadas más allá de su alcance". Judt concluye defendiendo el lugar de la historia reciente en una época de olvido: "Creemos haber aprendido lo suficiente del pasado para saber que muchas de las viejas respuestas no funcionan, y puede que sea cierto; pero en lo que el pasado puede ayudarnos es a comprender la eterna complejidad de las preguntas». 

Nos dice Elias Canetti “Cuanto más la población terrestre va volviéndose más densa, cuanto más la vida se vuelve más maquinal, menos podremos pasar de la música. No está lejos el día donde ella sola podrá salvarnos de la ceñida red de lo funcional, y es el primer deber de la inteligencia futura preservar de toda influencia esta formidable reserva de libertad. Ella es la historia viviente de la humanidad pues, sin ella, solamente poseeríamos parcelas muertas”. Son todos los músicos actuales los que mantienen viva esta historia de la humanidad, pues con sus cantos y sus sonidos, con su talento y su sensibilidad, nos transmiten día a día, toda la belleza creada por todos los grandes compositores del pasado. Sin ellos, sin la emoción de este eterno renacer, que es el milagro del arte, dormirían el triste sueño del olvido. Todo ello explica mi renuncia al Premio Nacional de Música 2014, convencido que este sacrificio será comprendido como un acto revulsivo en defensa de la dignidad de los artistas y pueda, quizás, servir de reflexión para imaginar y construir un futuro más esperanzador para nuestros jóvenes. 

Creo, como decía Dostoyevski, que la Belleza salvará al mundo, pero para ello es necesario poder vivir con dignidad y tener acceso a la educación y a la cultura".







domingo, 9 de noviembre de 2014

Mi experiencia con los flautistas


















¿Por qué hace ya mucho tiempo que odio al flautista? ¿Realmente toca la composición que la gente quiere escuchar? ¿O ambos, flautista y sociedad, constituyen una simbiosis? ¿Es tan dulce y melodiosa la música que emite el flautista para que se le siga? ¿No le importa a nadie saber a dónde lleva el tañedor? 

Mi experiencia infantil con el célebre flautista en la versión cuento: 

Primero, mi asombro por llevarse las ratas fuera de la ciudad y con ellas alejar la peste.
Segundo, mi apacibilidad al sentirme seguro. 
Tercero, mi extrañeza por no cumplir la municipalidad del lugar lo pactado con el músico.
Cuarto, inquietud por conducir a todos los niños tras de sí. Yo podía ser uno de ellos, es lo que tiene un cuento o un relato, que te identificas con personajes y situaciones.
Quinto, desasosiego y pánico porque los niños desaparecían.

Mi experiencia adulta con el célebre flautista en la versión cotidiana:

Primero, mi entusiasmo por creerme que las ratas se las había llevado definitivamente de la sociedad.
Segundo, mi engañosa tranquilidad ante la música estridente que ocultaba la letra.
Tercero, mi desconcierto por comprobar que las ratas no habían desaparecido y que además volvían muchas viejas con hocicos y bigotes nuevos.
Cuarto, mi pasmo por no saber si uno vive en civilización o en una hura de depredadores.
Quinto, hastío e indignación por comprobar que el flautista era un falso, sí, pero sabía a lo que iba. 
Y sexto, decepción y desconfianza hacia los que aceptan sin más al flautista, su música y los mundos imposibles que se proponen una y otra vez.

Conclusión: no sé si es el flautista el que me repugna especialmente o quienes lo corean, le permiten dirigir a la tribu y le siguen festivamente hacia el lodazal.


Aclarando que es gerundio: hay diversas manifestaciones de flautistas, las ha habido siempre, te venden de todo y te dejan en pelota si te descuidas. Del mismo modo que hay diferentes músicas que atraen y abducen irremisiblemente. Cada cual que ponga los nombres de los flautistas que ha habido en su vida. Naturalmente, de flautistas y de situaciones peligrosas. Sospecho que se otean en el horizonte nuevos flautistas. Sólo me suscitan dudas y desconfianza. Debe ser la vejez.



(Ilustración de Darstellung von Alexander Zick)


sábado, 8 de noviembre de 2014

Permanencia del ingenuo
















Vive el país como sufrimiento. Desde su pubertad el hombre lo soporta porque se mantiene sobre el territorio de los afectos, y no de las traidoras entelequias. Sin embargo hay tanta gente que se identifica con mitos o se entrega a una religión... Son las salidas más simples a través de las cuales creen que se les garantiza la seguridad. La nación, un Estado, una creencia metafísica. O simplemente la tribu. Y en la actualidad, el consumo de objetos como fin en sí mismo. Siempre la delegación por la vía de los cantos de las sirenas. Él vive el país como tensión. En eso se aproxima con más conciencia a la realidad. La tensión existe por doquier. En las capas tectónicas, en los espacios siderales, en las relaciones humanas. Si se ha dejado afectar demasiado por la tensión y ha recurrido a las pulsiones para sobrevivir ha sido como recurso, pero cansa. El país cansa. Hacerse eco de cuantos desaguisados y desmesuras tienen lugar agota. Oír el vocerío mediático trastorna. No quiere ser anulado por la impotencia como efecto de la hipótesis de que cuanto tiene lugar es inevitable. No es un tipo de huir, territorialmente hablando. Últimamente va conociendo muchos casos de jóvenes y no tan jóvenes que emigran o lo intentan. La necesidad perentoria de buscar la vida. Últimamente escucha también expresiones tipo: si tuviera treinta años menos me iría. La gravedad del hastío. Él tampoco es de rehuir. Rehuir es ignorar y, sobre todo, vender el derecho de primogenitura que considera que cada cual lleva en sus genes. Tiene muy metido, además, que eso es peligroso. Pero a él su educación sentimental le puede. Le compensa, no tanto como mecanismo anímico sino racional. Puede y debe comprender el país, no obstante el maltrato. Es muy probable que la vorágine aparentemente autodestructiva del país no sea tal, y no piensa tanto en su vertiente política como en las conductas éticas. Entonces piensa o sueña o desea. Por ejemplo que en la sociedad se esté fraguando un magma que se manifestará con una orientación constructiva, no obstante la modalidad explosiva que tenga lugar. Si la energía transforma, piensa el hombre, hay que situarse en la órbita del cambio. Tantas veces se ha anhelado el cambio impreciso...Tantas veces se ha sucumbido a la frustración...Él debe desdramatizar. No ceder al lamento. Si no hay más que queja, todo es inútil. La peor manera de estar en esta vida.



(Escultura de Pablo Reinoso)


viernes, 7 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

La vieja cultura de Manitas de Plata






















¿Francés? ¿Español? ¿Gitano? ¡Flamenco! (Y no de Flandes) Ayer murió el guitarrista Manitas de Plata, Ricardo Baliardo para la ley, en Montpellier donde había nacido hace 93 años.  En el vídeo de 1967 aparece con Dalí en lo que hoy día se llamaría una perfomance o algo así. Me ha gustado el brío de su guitarra. Y los revoltosos arpegios que parecen recoger toda la lluvia secular del instrumento y de las gargantas de los sin patria. Otro de los vídeos me obliga a una reflexión de pasada sobre la gente sin territorio, sin Estado, sin nación, sin reconocimiento. ¿O acaso todo eso es sustituido a la fuerza por la subsistencia del clan y el poder de la canción?  La vieja cultura nunca muere.






lunes, 3 de noviembre de 2014

La carta de Jordi Savall al ministro del ramo
















Hace unos días Jordi Savall dirigió un carta oportuna y sesuda al ministro del Gobierno que dijo en su día que iba a salvar al país, exponiendo las razones por las que rechazaba el Premio Nacional de la Música. Os la participo.


Que cada cual saque sus conclusiones. 




domingo, 2 de noviembre de 2014

Diario de otoño



Hoy me ha parecido oler, por fin, a otoño. Todo se afinaba en esa dirección. No era solo cuestión de olfato. Ha sido, sobre todo, de luces. Todas las alternancias posibles han trazado un arco desde antes de amanecer: los aguaceros sucesivos que escuchaba desde la cama, la aurora nublada que reprimía mis estiramientos, el pulso de sol y nubes al mediodía, el ceño que ha ido cubriendo la ciudad según ha caído la tarde. Hace un rato una brisa fría cabalgaba como heraldo contra mi rostro. De pronto, el crepúsculo ha sido un guiño y el sol se ha alejado veloz. Se ha replegado sobre sí mismo y yo percibía en su fuga una carcajada irónica, no obstante su discreción.

En lo que respecta al mundo de los hombres, no he podido quitarme de la cabeza en todo el día el pensamiento obsesivo de que habito en un país onírico. ¿Estaré destinado a vivir siempre en un sueño inquieto?




sábado, 1 de noviembre de 2014

AR12192






















AR12192 se ha escondido, pero sigue ahí, dicen. AR12192 es una mancha del sol, que suena lejana y ajena pero que sobrecoge cuando te enteras de que tiene un diámetro de 125.000 kilómetros. Cuando además te cuentan que provoca una eyección poderosa de energía en forma de una tormenta de radiaciones, capaz de interferir si no chamuscar la punta de los dedos de Prometeo, te invade una vaga sensación de inseguridad taxativa. Los hijos de Prometeo, que siguen jugando a demiurgos en una partida de dados con los dioses, de imprevisible resultado final, ven el sol más como parte de la historia humana que del acontecimiento universal. El sol está en la literatura, en la poesía, en la danza, en la música, en la plástica y en los atardeceres fotográficos. Por supuesto, permanece en la memoria de los ancianos que conocieron su onerosa labor de sol a sol, ora en los campos, ora en las carreteras, ora en los pesqueros. Los místicos lo acogen en sus silencios y los enamorados lo representan con su sonrisa. Pero el sol es más y, acaso, otra cosa diferente a la que nos hemos inventado y que nos gusta que nos parezca. La estrella amable y cercana contiene por ejemplo esa AR12192, que se manifiesta cíclicamente, sin que nada indique que no va a seguir potenciándose sin fin. Llegado a este punto caigo de bruces (mi animismo impenitente) y reflexiono sobre los límites de los actuales Prometeos, aunque también me admiro de su audacia. AR12192 descargando llamaradas difíciles de ser emuladas por los mejores pinceles de la humanidad y nosotros aquí, en este rincón que, por qué no, tanto tiene de Edén. Empeñados en los trabajos y los días, sorteando los goces y los dolores, intercambiando calmas y desasosiegos, disputando miserias y riquezas, alternando puñaladas y abrazos. AR12192 y su acción parece lo inconcebible para los humanos. Del poder del sol imaginábamos tanto...pero lo desconocíamos casi todo. Por cierto, ¿será casualidad que AR sea el vesrre de RA? (Alabanza a ti, oh, Ra, poder supremo...etcétera de aquella Letanía egipcia)




(Inspirations, de Alexander Rodchenko)