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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 30 de octubre de 2014

Jordi Savall o la dignidad





¿Podrá la dignidad del individuo con el abyecto estado de cosas en que estamos sumergidos? ¿Y si todo consiste en poner en marcha uno, dos, tres o mil gestos de dignidad hasta que se que consiga tumbar a los infames? 



miércoles, 29 de octubre de 2014

Aforismo del fracaso del lenguaje




Es probable que en el combate por la posesión del lenguaje volvamos a ser los perdedores. Y, sin embargo, la materia será la materia por más que los santos padres la disfracen. Somos nosotros quienes debemos decidir hasta qué punto estamos dispuestos a que falsifiquen una vez más el lenguaje para sus siniestros propósitos. Pues son incansables en su cruzada contra lo que existe. En su desvarío por no poder ser dueños de la naturaleza crearon un discurso paralelo falso, que no se cansan de alimentar con necedad. Seguiremos contemplando cómo la difaman. Seguiremos recitando e pur si muove...




martes, 28 de octubre de 2014

Aforismos de la pancarta




La pancarta es un ser vivo. De escasa duración casi siempre: como las moscas, por ejemplo. Con frecuencia expresa la vergüenza de otros seres vivos como yo que también duran el tiempo de la sombra de una nube.

La pancarta no es solamente lenguaje: es sobre todo actitud.

La pancarta nunca se queda vieja por sí misma, si lo que dice sigue sin resolverse.

La pancarta no es mera queja; es sobre todo razón y sentido: indica el camino.

Probablemente este país es hoy día, más que nunca, una pancarta viva que solo los innombrables, que con frecuencia son los impresentables, tratan de desconocer.

Conclusión: a pancarta deshecha, pancarta puesta.




lunes, 27 de octubre de 2014

Aforismo del lenguaje



El lenguaje es un ser vivo. Y siente tanta vergüenza de lo que se dice en su nombre o deja de decirse en su ausencia...



miércoles, 22 de octubre de 2014

Aforismo no apto para risueños






















A veces piensa si no llegará algún día, acaso más pronto que tarde, en que no tendrá interés por seguir los acontecimientos que se precipitan en su entorno. Los acontecimientos siempre mediatizados  -y la expresión se desdobla en su sentido más que nunca, por mor de los tiempos vividos-  de los que escaparán apenas aquellos pocos que funcionan como el rayo. Es decir, los que llegan desde la naturaleza no controlada. Los que se descargan violentos e ineludibles por el pasillo estrecho existente entre la naturaleza exterior y la materia propia. Sin querer saber del episodio contradictorio y complejo de la historia. Ignorando el voluntarismo atroz y frustrante de las relaciones humanas que se trenzan y se desatan sin tiempo para digerir las ricas experiencias. Desoyendo la voz del conocimiento que se nos ofrece y marginando la capacidad de aprendizaje de la que estamos dotados. Del estar en manos de los otros pasaremos, antes o después, a la agonía más auténtica: la lucha con nuestro cuerpo, el dolor, el descreimiento, las pérdidas, la soledad, tal vez el abandono. 



(Fotografía de Paul Wolff)



domingo, 19 de octubre de 2014

Sotobosque: el aprensivo




El aprensivo vuelve locos a los que viven con él. A cada molestia que le dura más de un día, responde con una queja que transmite a los demás. Si sus familiares le dicen con bondad que no será nada él parece enrabietarse y se ve en la necesidad de agravar la dimensión de su dolor. Si los amigos le recomiendan que vaya al médico responde que se está observando, que siempre hay tiempo de acudir. Si en la fábrica arriesgan opiniones sobre su mal, les contesta con desdén que su cuerpo es suyo. Si algún malévolo le dice, al escuchar sus síntomas, que otro amigo sintió eso mismo y que por ahí andan ahora la viuda y los huérfanos, se estremece, humillado, hundido. El aprensivo cree verse más delgado por la noche que por la mañana. Y más agotado tras haber dormido que tras la actividad cotidiana. El aprensivo ha soñado la otra noche con el tiempo de la infancia, donde no había dolor ni angustia ni incomprensión. Al despertar se resiste a abandonar el sueño y se queda en la cama, tratando de dormir de nuevo para sujetar todavía el hilo de las últimas fantasías y prolongarlas. Acuden los íntimos a decirle que es de día, que tiene que ir a trabajar, pero él se tapa con las sábanas. Me duele todo, responde con voz de ultratumba. No puedo levantarme, pronuncia entre sofocos. Nadie le hace caso y le devuelven no solo palabras de enfado, sino incluso amenazas. El aprensivo, desconsolado, se deja caer en un bucle retorcido y fiero hacia dentro de sí mismo. Siente amargura y pánico. Luego se golpea como si se diese una puñalada a la altura del hígado y emite una queja auténtica. Se palpa. Para su asombro comprueba que tiene la mano pringada de sangre. Ahora se lo voy a demostrar de una vez a todos esos, piensa mientras se incorpora en la cama. Pero cae de bruces y nadie se acuerda de él durante el resto del día.



viernes, 17 de octubre de 2014

Variante de nudo Windsor





















Que no digan que vuelven las corbatas porque siempre estuvieron ahí. Símbolo fálico inconfundible, siempre uniforme, nunca veraz. Colegiales, empleados, ejecutivos o militares lucieron las prendas como signo de ir bien, aunque por dentro se fuera fatal. Entrañables aquellas corbatas de niño que venían con el nudo hecho y una goma que solo exigían estirar y meter la cabeza, y que propiciaba la broma de tirar de la del otro y soltarla con brutalidad de tirabeque. Los políticos del sistema y los altos cargos consiguieron que los paletas, peones y otros asalariados de mal vivir las odiasen. Aunque posteriormente, alguna redención debieron proporcionar, pues los descamisados de otros tiempos se trucaron en mods y decentes a la hora de aparentar y pedir trabajo. Los curas, por cierto, siempre las portaron de manera desastrosa, aun cuando fueran útiles para simular su condición sacra al ir a saciar, previo pronto pago, sus apetitos carnales en los lugares de perdición.  Nudo italiano, nudo americano, nudo Windsor, no sé cuántos nudos más existen en el repertorio de las corbatas. A mí me enseñaron éste último y se me dio de miedo, aunque las prisas al levantarme del catre por las mañanas me incentivaran a dejarlo hecho de un día para otro. De los tejidos, texturas y otras sedosidades tengo poca experiencia, pues abandoné tempranamente el arte de exhibir mi condición de macho de manera simbólica. Ya tenía bastante con mi propia cruz. Ahora vuelve un modelo nada nuevo pero sí adaptado a los tiempos. El nudo es más complejo y rebuscado, pues se persigue mejor representación estética, aunque ésta sea breve y muy privada, y sobre todo mayor efectividad final. No es necesario que se busque en internet dónde se venden. Basta echar un vistazo a los espacios de abrumador hastío y extrema descomposición de cada interesado a la hora de elegir el modelo. Yo no lo recomiendo en absoluto. Eso sí, que cada cual se lo piense antes de adquirir la prenda. Por dos razones. Porque previamente nadie va a admirar el modelo, y porque no se tendrá segunda oportunidad para rehacer el nudo o bien arrojar la corbata de cáñamo o sintética a hacer puñetas. Esta corbata, en definitiva, no es de quita y pon. Y derriba de un solo golpe y para siempre al macho que uno lleva dentro y, sobre todo, al hombre que pudo ser. Desgraciadamente, dicen que vuelve a estar en alza.



(Viñeta de Manel Vizoso)


martes, 14 de octubre de 2014

Más allá de las patrias


























Creo que fue en mi infancia avanzada cuando escuché aquella expresión: "El buey no es de donde nace sino de donde pace".  Tuve que dar muchas vueltas a la frasecita y cumplir algunos años más para asimilar una idea que al principio me resultaba ininteligible. En mi infancia uno tenía una patria, decían que, si bien se llamaba España, decían, de hecho adquiría varios rostros, como la trinidad santísima aquella del mito. Tenía a Dios, al Caudillo, a la familia. ¿Todo eso era la patria? ¿Todo eso era lo que uno era? Perdidos en su propio galimatías, los mayores no sabían responder nunca a las preguntas ingenuas del niño que acaso no se caracterizaban tan inocentes. Y no eran inocentes porque todos aquellos personajes más o menos reales, de obligado acatamiento, producían desasosiego en mi proceso de lenta racionalidad incipiente. Ah, se me olvidaba. La patria era también la Historia, es decir, el relato inventado, adulterado y ficcionado de siglos de acontecimientos épicos inexplicados que habían tenido lugar en la península, y que había que asumir por cachavas. Aunque fuera mentira.

Estos ya vagos recuerdos  -el tiempo produce vapores sobre la propia memoria personal-  me han venido a la mente al leer un párrafo de Antonio Machado, escrito en un artículo de prensa hace más de cien años, y que Miguel Ángel Aguilar trae a colación con acierto: "Nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce, que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos. Que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo, que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra”. Oportuno recordatorio de un Machado siempre claro y de larga mirada. No es solamente una frase olvidada la que me lleva a pensar a contrapelo sobre el resbaladizo tema de las patrias. Lo es también la corrupción generalizada entre las clases dominantes españolas  -sean económicas, administrativas o políticas, es decir, poderes de facto o poderes de iure-  y el proceso catalán hacia no se sabe dónde. En tiempos cambiantes, de cambios mucho más profundos de lo que nos pensamos, en que las relaciones sociales y productivas van a tomar unos vericuetos poco democráticos y el individuo puede ser deficientemente respetado, conviene pensar en lo que queremos ser como colectivo. ¿Puede ser el territorio donde pacemos un lugar de encuentro y convivencia más participado por la ciudadanía? ¿Puede aún dotarse de una estructura que no sea ya más la finca ni el cortijo tradicional desde el que se nos ha usado y tirado tradicionalmente? ¿Puede reconciliarse el individuo con la política, de la que no creo que haya estado disociado del todo?  ¿Puede avanzarse hacia una mentalidad supranacional, pues los desafíos del momento están todos internacionalizados? No sé más que hacer preguntas y no perder aún los anhelos.




(Por supuesto, la imagen es obra de El Roto)


lunes, 13 de octubre de 2014

Mitoraj: el hombre que derribó las estatuas




Si esto fuera un relato podría titularse el escultor que derribaba las estatuas. O que las dejaba a medias o que las quebraba o que las dejaba sin ojos o que cerraba sus bocas...Tal parecía que las hubiese echado abajo tras haberlas terminado antes en la mejor tradición de una belleza clásica. Pero el escultor las erigía, porque así lo había concebido, ya deconstruidas, ya afectadas por el accidente, en mayor o menor medida. El escultor sabía que las estatuas nacieron para ser efímeras, por mucho que los imperios que han sido quisieran hacerlas perfectas e imperecederas. Los avatares de ese tiempo humano al que llamamos historia se encargaron, con la complicidad climática, de que siguieran, probablemente sin tardar demasiado cuando no acto seguido, el curso de la caída de los reinados. ¿Cómo verían los pobladores asirios, persas, egipcios, griegos o romanos aquellas remedos de las divinidades y de los reyes que se levantaban para presidir un espacio urbano? Me figuro a los hombres  -probablemente no todos los hombres, sino solamente los de las clases y castas elegidas-  contemplando las estatuas exentas o los relieves monumentales, desde los que se hacía pedagogía del poder que es tanto como decir de la sumisión. ¿Las salvaba la estética o acaso, mejor dicho, el guiño de los artífices? Andando el tiempo, el significado determinante de las estatuas fue mermando, y en Occidente esa desvirtuación de su sentido se ha acelerado ya desde hace siglos. Hoy la estatuaria, en general, no sienta precedente ni hace catequesis ni dicta obligados sometimientos ni sugiere arrobamiento alguno. Las ciudades han escondido las esculturas, por más que las nefastas políticas municipales sigan metiendo en rincones obras en serie inexpresivas en su mayor parte y sin capacidad de comunicar algo al vecino de la ciudad. Cierto que hay excepciones. Cuando hace años vi en Palma una exposición temporal y callejera de lo que creaba el polaco Mitoraj, fallecido hace una semana, me pareció que la vieja idea de la estatuaria renacía. Pero no renacía para exaltar personajes ni evocar imperios ni cantar las realizaciones de los regímenes del pasado. Volvían a estar ahí para la reflexión personal. Porque, ¿hay meditación más honda sobre la existencia que la que viene sugerida por la caída? 

Mi homenaje hoy a Igor Mitoraj, a ese artista que hizo nacer las estatuas ya caídas, que no muertas.


http://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/dioses-y-hroes-cados-de-mitoraj.html




viernes, 10 de octubre de 2014

Sotobosque: el guardián del tiempo



A veces pasa las hojas del calendario hacia atrás. Sin arrancarlas. Hace que reconstruye fechas. Describe situaciones vividas o que nunca tuvieron lugar. Pone personajes. Los que conoció los reconstruye. Hace nacer los que no existieron. En ocasiones genera un vacío para que todos sean inexistentes y de este modo sentir cualquier sonido menos voces. Así pasa las noches, retrocediendo en la historia que se inventa. Aquel relieve en que un todopoderoso y colérico personaje se alza en la cima de un monte le sobrecoge. Una vieja estampa en que cierto demiurgo sopla y hace le obsesiona. La otra imagen en que otro misterioso ser levanta de la arcilla un gigante le fascina. Él moja con su saliva los dedos antes de pasar cada página del tiempo y se refunda. Cada día es un otro individuo. Ha conseguido que los vecinos se olviden pronto de él. Duró poco, dicen algunos, cuando ya han dejado de ver al que conocían del día anterior.



jueves, 9 de octubre de 2014

Terribles crueldades















Es una tontería decir que son los olvidados de Dios. Se lleva mucho ese tipo de expresiones frívolas. Mientras se dicen cosas así no se dicen las verdades, las bárbaras y terribles crueldades, vaya, que diría el poeta. Por ejemplo, que los enfermos africanos de ébola desearían morir como ciertos perros hispanos. Y que parte del género humano de allí está un punto por debajo de los perros. Decir que, no obstante, su dignidad no la pierden estos desahuciados es otra alegría propia de teólogos y sofistas. Miren. Si no hay vida, ni esperanza de tenerla en condiciones, ¿de qué dignidad hablan? Ellos mueren por un virus que se nutre de la miseria y el subdesarrollo, y acaso de oscuras intenciones de los poderosos de la tierra. Mientras, en España, el virus de la inmoralidad y de la hipocresía nos corroe las entrañas, amigos tuiteros.  


Plegaria animista





















Oigo en la madrugada caer la lluvia con una placidez rabiosa. No puedo evitar que mi subconsciente animista  -todos llevamos ese componente, más profundo y auténtico que la otra ideología que nos obligaron a mamar-  me pida un gesto de bondad. ¿Con la lluvia? No, con las circunstancias. La lluvia disfruta cuando agradecemos su presencia, pero no necesita nada de nosotros. El entorno de hombres y cosas, sí. Y rezo. Rezo desde mi animismo: invocación dichosa, deseo furibundo, emoción transformadora. Tal digo desde la hondura de lo breve:

Lluvia. No ceses. Cae con contundencia natural, expurga las conductas, barre los detritos malolientes, aligera la gravedad del mal, purifica nuestros ámbitos, líbranos de los hombres patógenos, elimina el marasmo que nos rodea, desaloja la confusión, disuelve nuestros temores, recupera el oxígeno de la razón perdida, aleja los fantasmas que se presentan como salvadores, danos conocimiento y capacidad para avanzar de modo adecuado con el conocimiento, revitalízanos. 

No sé si es suficiente. No sé si me siento mejor. Sí más generoso.



(Fotografía de Louviere+Vanessa)



miércoles, 8 de octubre de 2014

martes, 7 de octubre de 2014

El ébola que ronda: lo que dice Josep Pamies



Como información dejo el vídeo adjunto. No sé si las razones de Josep Pamies son sólidas, pero su contundencia es admirable. Como ciudadano común me siento tan descorazonado por la ineptitud de la ministra de Sanidad y la inseguridad que en general fomentan las autoridades gubernamentales que deseo informarme cómo y donde sea.







lunes, 6 de octubre de 2014

Copiando al Brumario






Todos los supuestos acontecimientos, que no novedades, aunque lo parezcan, que acarrean la historia del país me hacen pensar de un modo un tanto lateral. Esa fragua aparentemente anodina de sucesos en ciernes, que no novedades, coloca sobre el tapete el viejo juego de máscaras. Personalmente no espero demasiado, ni creo que las rupturas, del signo que sean, vayan a ser profundas y no sé hasta qué punto renovadoras. Acaso ni siquiera reales. Tal vez por ello, por esa condición subjetiva que me invade de hastío, repugnancia y conciencia de la dificultad de acabar con la cizaña presente, que establece un nexo con la mala hierba del pasado, es por lo que me acuerdo de pronto de una parrafada leída allá por los sesenta del siglo pasado, cuando los arriesgados ingenuos del momento creíamos que el cambio de las relaciones sociales y políticas eran como las cristianas: cuestión de fe.

"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa... Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795. Es como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su lenguaje natal".

Dejando de lado la mención a las crisis revolucionarias, que hoy día ni están claras ni se sabe hasta qué punto la sociedad las desea, esa operación de disfraz histórico parece seguir en activo más allá de lo descrito por Karl Marx en su El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Y no hago más que preguntarme de qué se disfraza o está a punto de hacerlo cada político del momento. ¿A qué juega el ínclito presidente del Gobierno? ¿De qué ropaje se cubre el no menos ínclito honorable a un nuevo Estado fuera del Estado? ¿Qué vestimenta va a ponerse la nueva promesa marketing del partido de la alternancia capitalista de oposición? ¿Qué papel cree que va a poder cumplir el joven mediático del irresistible ascenso en las encuestas? ¿Van a seguir disfrazándose de lo mismo los barones de todas la baronías paniaguadas? ¿Qué cruz están preparándose para cargar lo que queda de la izquierda honrada? Mientras, los poderes de verdad, los suprapoderes, los que están por encima de los que juegan la partida de ajedrez del momento, no necesitan disfrazarse de nada. Ellos tienen claro su papel, correcciones menores aparte, porque ya ganaron la partida hace tiempo. Su estatus de control y propiedad no se discute. ¿Otras instituciones? La más veterana y maniquea, la que te unge cuando naces y bendice a la nada cuando te mueres, en el mismo lado que ha estado toda la vida. A caballo ganador, que siempre es el mismo. La industria de disfraces, los roles del drama o de la comedia y las caretas para engañar a incautos, sea cual sea el territorio del país, van a manifestarse a todo trapo en los próximos meses. No creo que superen en imaginación a los carnavales.

  

(Imagen: mes Brumario, del Calendrier républicaine)


sábado, 4 de octubre de 2014

Hongkoneses
















Viene hoy en el papel: "Las encuestas sobre identidad revelan que el 40% de los habitantes del territorio se identifica como hongkonés exclusivamente, mientras que el 27% se considera 'hongkonés dentro de China'. Un 11% se percibe a sí mismo como 'chino en Hong Kong', mientras que el 20% se declara exclusivamente 'ciudadano chino".

No hago más que pensar dónde estoy ubicado, sociológicamente, yo.



jueves, 2 de octubre de 2014

Sotobosque: el taciturno




El hombre taciturno, de origen desconocido, ha alquilado un sótano nada más llegar a la ciudad. Dice, con mucha reserva, que abajo se encuentra más sereno. No obstante, le alcanza el ruido de las pisadas de los peatones y, sobre todo, las vibraciones de los tranvías. Así que pide permiso al propietario para excavar una habitación más profunda donde, al menos, poder dormir sin sobresaltos. Lo hace a su cargo, elige los materiales y diseña un subsótano acorde con sus pretensiones. La humedad es notable, por lo que sella las paredes, y deja preparada una pequeña trampilla por si tiene que recurrir a otro piso más inferior todavía. Como no logra aplacar los ruidos de su cerebro, el taciturno se decide a abrir un piso más abajo, por ver si allí no llega ningún sonido. En vano. Una corriente subterránea, que erosiona la gravera, desplaza guijarros y arenisca, y el roce de sus chasquidos le produce sobresaltos. Tentado está a retornar a la superficie, abandonar el subsuelo y mezclarse con los demás hombres. Pero hace un nuevo intento y perfora un túnel que le aleje de los estratos conocidos. Allí siente calor, el silencio es absoluto y su cuerpo es imperceptible. Se echa a dormir en aquel útero y sueña que ha vuelto al mundo de los vivos, que no le interesa.