La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.



miércoles, febrero 15, 2012

quince de febrero (intemperie)



le he encontrado hoy resfriado; no tenía sueño y salí esta noche a caminar por el lindero del bosque, se justifica; había buena luna, pero el frío se metía por el cuerpo; los bordes del río se encontraban helados; daba gusto respirar el aire seco; debí subestimar a la naturaleza; era tentador, cuanto más frío percibía más me apetecía desafiarlo; era un frío elegido, casi un capricho; ¿te imaginas que tuviéramos que padecerlo porque se nos impusiera forzosamente, por falta de materia prima para combatirlo o por expulsión, por ejemplo?; sería como una doble intemperie, porque nos estarían privando de lo imprescindible, de la protección de nuestro cuerpo, además de someternos a sufrir un acto bárbaro; la gente no medita sobre lo importante que es sentirse protegido de la dura naturaleza, se da por hecho que la sociedad actual satisface o al menos garantiza ese amparo; por supuesto, no todos los hombres pueden percibir ese cuidado, lo cual me aflige; para estar acatarrado te veo muy expresivo, le digo para rebajar su creciente tensión argumental; hace como que no me ha oído, continua: claro que hay otro tipo de intemperie que aterra, aquella a la que se abandonan muchos seres en el interior de su cerebro; esa exclusión que hacen de sí mismos, ese vacío que ni siquiera es su vacío; cierto que hay gente que se siente apartada del grupo, lo cual les hace sentirse desarraigados, pero lo peor llega cuando dentro de sí mismos se encuentran todas las puertas de sus estancias abiertas y el espacio deshabitado; estos seres a la intemperie no sé si me dan pena o me asustan; son capaces de cualquier cosa; la peor: que otros individuos ocupen su mente con impunidad      




(Fotografía de Masahisa Fukase)


6 comentarios:

  1. Cierto. Siempre hay algún okupa preparado para invadir mentea, corazones y cuerpos. La soledad de todo tipo es tan fría....Y tan vacía!
    Un abrazo, Fackel.

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  2. Está bien saber de ti, Lagave. Tienes razón, desgraciadamente hay bastantes okupas -llámense oportunistas, apropiadores, vándalos o robaconciencias, no entro en apellidos, jaj- dispuestos a hacer del prójimo su predio. Los hay de vis a vis y de forma colectiva, vía poderes económicos, religiosos, políticos, ideológicos varios o psiconalíticos, etc. Pero en cada uno está el don de aprender a protegerse de ellos, ¿no crees? Entonces la vaciedad no sería tanta y uno no se iría por ella. Creo que es posible ser uno mismo, con sentido y con abrigo.

    Un abrazo.

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  3. No sé si es la intemperie lo que me asusta y amenaza con matarme. Mi madre tenía la costumbre de abrir las ventanas en pleno invierno para ventilar la habitación. Dejaba que el trabajo y el calor de la noche, mis cuitas y reflexiones, se agazaparan bajo la cama o entre las páginas de los libros y cuadernos, siempre protectores, para asuntar la invasión de los bárbaros de piel de hielo. Con suerte, suponía ella, las ideas y las escrituras que aguantasen el tirón de la corriente y la intemperie, serían las dignas de ser recordadas. Selección natural o así. Sin embrago, sabemos que no se lleva el robaconciencias del aire a los peores. Caen las buenas y las malas ideas y la pulmonía afecta al sano y al enfermo, al poema y al vómito de letras.

    Destino de las tierras frías.

    Siempre es malo que nos invada la intemperie; me temo que es inevitable y, ay, quizás necesario. No sé si, como Cortazar, debiéramos soñar con la migra a los países donde haiga la calor.

    salud y librepensamiento

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  4. L. Tu madre era sabia. El miasma peor no siempre es el que despide nuestros cuerpos y come el oxígeno de una estancia. Es el miasma mental, esa mezcla heterogénea de elementos que porque son también nuestros nos creemos que son siempre eficaces e hijos de nuestra creación y trabajo, pero que pueden ser tóxicos igualmente. Tal vez ella temía que te perdieras por los caminos de la locura del pensamiento. Y sospecho que no logró apartarte de la ruta, jaj. O acaso fue como aquello que se dice del descubrimiento del principio de la penicilina, por una ventana por la que un aire invasor mezcló sustancias por azar (nunca he sabido si era un tópico, y como me lo contaron los curas en mi niñez y ellos eran tan aversos a la ciencia...)

    Si tus tierras frías son también mesetarias como las mías...no tengamos queja. Si nuestro pensamiento ha logrado sobrevivir al elemento humano es un logro. El elemento físico de aquí no me ahuyenta; mas si fuera el caso de la intemperie forzosa, ay, entonces.

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  5. A ciertas edades, la calor, no mucha, pero la calor. En todos los sentidos. O en alguno más que en otro. Algunas madres son sabias....

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  6. También es verdad, Lagave. Palabras medidas las tuyas. Tal vez las madres siempre decían las cosas con larga mano...

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